La Recepción en la Fortaleza Caelum
Los terrenos privados de Drakol Caelum-Aethelgard abrieron sus puertas para una de las reuniones más exclusivas del año. Lejos de los eventos públicos de caridad, esta era una gala íntima celebrada en la residencia de alta tecnología del joven magnate digital. El lugar estaba rodeado de cascadas artificiales, cristales templados y sistemas de seguridad automatizados que parpadeaban en un azul sutil bajo la noche estrellada.
Al evento asistieron las familias y dinastías más ricas, influyentes y millonarias de las ciudades, pero ninguna de ellas poseía una fracción del poder global que ostentaban los clanes de los nueve caballeros. En los salones principales, los líderes corporativos mundiales conversaban entre copas de champán, mientras observaban de reojo la verdadera atracción de la noche: el balcón VIP donde los ocho caballeros y el guardián se habían apartado para conversar en privado.
La Charla de los Reyes y el Velo Romántico
Vestidos con trajes hechos a medida, impecables y derrochando esa hermosura mística que los caracterizaba a sus 22 años, los caballeros se relajaban lejos de las miradas indiscretas. Entre risas bajas y comentarios sobre el mercado financiero y las flotas marítimas, el tema inevitable de la alta sociedad salió a la luz: el amor y los compromisos futuros.
—Mis padres volvieron a poner sobre la mesa el asunto de las alianzas matrimoniales —comentó Finn Vance, mirando el líquido de su copa con una frialdad absoluta—. Quieren que empiece a analizar opciones entre las herederas diplomáticas. —A mí me pasa lo mismo en la metalúrgica —añadió Zeon Vólkov, con una mueca de desdén en su rostro firme—. Las familias de la élite están desesperadas por unir sus apellidos al nuestro.
Sin embargo, al tocar el tema romántico, la respuesta en el grupo fue unánime y tajante: ninguno mostró el más mínimo interés romántico por nadie. Para los ocho caballeros, las mujeres de la alta sociedad les resultaban plásticas, aburridas y carentes de una chispa que ni ellos mismos sabían explicar. Sus corazones permanecían completamente congelados, como si estuvieran esperando algo, o a alguien, que aún no aparecía en sus vidas mortales.
La Llegada de las Tres Pequeñas
La atmósfera seria del balcón se rompió de inmediato cuando tres pequeñas figuras aparecieron corriendo hacia ellos, vistiendo hermosos vestidos de gala infantiles. Eran las tres consentidas de las dinastías: Valeria Vólkov (10 años), Alessia Moretti (10 años) y la pequeña Viviana Vance (9 años).
—¡Zeon! ¡Finn! ¡Kairo! —exclamó Viviana, rompiendo la formación de los guardaespaldas de la entrada para abrazar a su hermano.
La fría postura de los caballeros se desmoronó al instante. Zeon levantó a Valeria en brazos con una sonrisa protectora que jamás le mostraba al mundo corporativo; Finn se agachó para acomodarle el peinado a Viviana, y Kairo Moretti, con su usual precisión matemática, revisó que Alessia no se hubiera lastimado al correr por las escaleras de mármol. Las tres niñas, con la inocencia propia de su edad, se unieron a la plática de los jóvenes de 22 años, quejándose con gracia de lo aburridos que eran los adultos en el salón principal. Los nueve caballeros se convirtieron en una muralla humana alrededor de sus tres pequeñas hermanas.
La Orden de las Dinastías y las Pretendientes a la Fuerza
A lo lejos, desde la planta baja del gran salón, los jefes y directores de las otras familias ricas observaban la escena con codicia. Sabían que las familias Vólkov, Vance, Moretti y las demás representaban el poder absoluto del mundo y de las ciudades.
—Miren eso... están todos juntos —susurró un influyente banquero, llamando a su hija adolescente—. Ve allá arriba ahora mismo. Hazte notar. Necesitamos que ese apellido se una al nuestro.
De inmediato, los líderes de la élite comenzaron a ordenar a sus hijas que subieran al balcón para intentar entablar conversación con los cotizados caballeros. Entre el grupo de chicas que subieron con timidez, destacaban dos jóvenes de la alta sociedad que estaban obsesionadas con el poder de los chicos. Ellas no buscaban una simple plática; estaban decididas a utilizar la presión social de sus familias para forzar un noviazgo con algunos de los caballeros, moviéndose con arrogancia hacia el área privada.
La Guardia Invisible de Kai Rockefeller
Al ver que el grupo de herederas se aproximaba con intenciones románticas y ambiciosas, Kai Rockefeller dio un paso al frente de manera silenciosa e imperturbable. Kai, siendo el único que poseía el recuerdo absoluto de la era divina, el pacto cósmico y la existencia de las verdaderas cuatro diosas elementales, tenía una misión clara: no iba a permitir que ninguno de sus caballeros se involucrara sentimentalmente con ninguna chica del mundo mortal.
Con su aire angelical, pulcro y aristocrático, Kai interceptó a las jóvenes antes de que pudieran invadir el espacio de sus amigos. Su mirada, aunque acompañada de una sonrisa educada, transmitía una frialdad tan cortante que congeló los pasos de las pretendientes.
—Buenas noches, señoritas —dijo Kai, con una voz suave pero imponente que no admitía réplicas—. Esta sección de la terraza está reservada para una reunión familiar privada de los consorcios principales. Les sugiero disfrutar de la música en el jardín inferior.
Las dos chicas que querían forzar una relación intentaron protestar, aludiendo al estatus de sus padres, pero la sola presencia de Kai y la mirada gélida que Zeon y Kairo les lanzaron desde atrás (mientras cubrían a sus pequeñas hermanas) las obligó a retirarse con el orgullo herido.
Editado: 04.06.2026