Las esposas de los Paterson

Capítulo 1: Sage

Abro los ojos y estiro los brazos hasta que mi mano cae sobre algo tibio y firme. Por un momento pienso que es el cuerpo de mi hermana, pues tenemos la costumbre de invadir el espacio de la otra cuando dormimos juntas, pero enseguida noto que aquello es demasiado ancho para pertenecerle. Giro la cabeza y encuentro a un hombre dormido a mi lado.

Vuelvo a mirar el techo y cierro los ojos durante unos segundos, convencida de que mi cerebro está jugándome una mala pasada. No tengo novio, mi última relación terminó hace bastante tiempo y nunca he sido de las que se despiertan en la cama de un desconocido después de una aventura de una noche. Además, ayer estaba en mi departamento con Talia, así que no encuentro ninguna explicación razonable para que haya un hombre en mi cama.

Decido comprobarlo una vez más y giro la cabeza. El desconocido continúa ahí, respirando tranquilamente, sin la menor intención de desaparecer para devolverme la paz mental.

Estiro la mano con cautela y le rozo la mejilla. La aparto de inmediato, sorprendida por el contacto con su piel.

Es real.

Mi primer impulso es gritar, salir corriendo y quizá despertar a todo el vecindario, pero me obligo a respirar despacio. Soy una persona racional, o al menos me gusta creerlo, y entrar en pánico antes de averiguar qué sucede no va a ayudarme. Aunque, para ser sincera, mi racionalidad nunca ha tenido que enfrentarse a la posibilidad de haber amanecido con un desconocido.

Me incorporo y examino la habitación. No reconozco los muebles, las cortinas ni la enorme cama en la que acabo de despertar. Tampoco es mi pijama habitual, aunque agradezco estar vestida y no tener que enfrentarme a una situación todavía más incómoda.

Salgo de la cama procurando no despertar al hombre y me dirijo a la puerta. Al otro lado encuentro un pasillo elegante, con muebles que parecen demasiado caros para que alguien permita que una persona torpe se acerque a ellos con una taza de café. Todo resulta ajeno a mi vida, que consiste en trabajar como diseñadora gráfica, pagar las cuentas de un lindo departamento y compartirlo con mi hermana.

Entonces escucho un grito procedente de otra habitación.

Me detengo, con la mano todavía apoyada en la pared, y reconozco la voz de Talia. Corro hasta la puerta abierta y la encuentro de pie sobre la cama, sujetándose el pijama mientras examina la habitación con una expresión de espanto.

—Talia…

Mi hermana gira la cabeza y, al verme, baja de la cama de un salto para correr hacia mí. Me abraza con tanta fuerza que apenas tengo tiempo de devolverle el gesto.

—Sage, estás aquí. ¡Menos mal! De repente aparecí en esta habitación que no reconozco, usando este pijama horrible y sin una sola pizca de estilo. —se aparta para mirarme de arriba abajo, como si yo pudiera proporcionarle una explicación satisfactoria—. ¿Dónde estamos?

—No lo sé, pero al menos despertaste sola en la cama. Yo tenía un hombre acostado al lado.

Talia abre los ojos y se lleva una mano al pecho.

—¿En serio? ¿Y es guapo?

La miro con incredulidad. Mi hermana y sus preguntas en las peores situaciones.

—¿Crees que estaba en condiciones de evaluar su atractivo?

—Podrías haberlo hecho mientras comprobabas si respiraba.

—Estaba dormido, Talia. No parecía necesitar asistencia médica.

Ella se lleva una mano a la barbilla, pensativa, y por un instante temo que esté considerando la posibilidad de volver a mi habitación para inspeccionar al desconocido. Conociéndola, no sería la decisión más absurda que ha tomado en su vida.

—Está bien, primero averigüemos dónde estamos. Lo último que recuerdo es que estábamos en nuestro departamento hablando de adoptar un gato para que nuestras vidas de solteras tuvieran más sentido. Después hicimos ese estúpido juego de viajes en el tiempo.

Suspiro y me froto la frente, intentando ordenar los recuerdos. La conversación de anoche está perfectamente clara y no recuerdo haber bebido más de la cuenta ni haber salido del departamento, y mucho menos haber aceptado participar en una experiencia que terminara con un desconocido en mi cama.

—Tengo los mismos recuerdos que tú. No sé qué pasó después.

Talia se aparta y corre hacia el armario. Abre las puertas con la esperanza de encontrar alguna explicación entre la ropa perfectamente ordenada y enseguida frunce el ceño al descubrir varias prendas femeninas que no reconoce.

—Esta ropa es de mujer. ¿Nos drogaron y nos trajeron aquí? Es lo único que se me ocurre, aunque no entiendo por qué alguien se tomaría tantas molestias para secuestrar a una diseñadora y a una fotógrafa. Aunque somos guapas y no podemos culparlos por eso.

—Quizá no deberías sacar conclusiones antes de averiguar algo.

—¿Y qué propones? ¿Quedarnos aquí esperando a que aparezca el secuestrador con el desayuno?

No tengo una respuesta para eso, así que miro hacia la puerta. Lo más sensato parece salir de la habitación, comprobar si estamos solas y buscar una forma de comunicarnos con alguien que pueda ayudarnos.

—Mejor salgamos de aquí.



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En el texto hay: humor, viaje en el tiempo, playboy y ceo

Editado: 21.10.2026

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