Las gemelas del presidente

Capítulo 1: No estamos solas

Camila

Con manos temblorosas y pasos rápidos camino por el pasillo de la gran empresa en donde trabajé como asistente hace ya tres meses, tres meses, el tiempo que Alexander y yo llevamos juntos, muy poco, pero en tan poco tiempo ambos hemos cometido innumerables errores y el más grande lo cargo ahora yo en mi vientre. Con la sensación de que todo saldrá mal me detengo frente a su oficina, pero entonces su secretaria se coloca en medio impidiendo que entre a esta.

—Necesito ver al señor Ross —digo con apuro mirando los ojos de la mujer que me mira con autosuficiencia.

—El señor Ross no puede atenderla ahora —respiro hondo.

—Necesito

—Está reunido con su prometida —la palabra prometida me hace fruncir el ceño y luego niego con la cabeza para echarme a reír sabiendo que debe ser un error. No puede tener una prometida cuando llevamos tres meses saliendo, tres meses en donde Alexander ha despertado a mi lado casi todos los días, tres meses en donde ha llevado el desayuno a mi cama luego de haber hecho el amor durante horas en la madrugada. Pero también tres meses en donde solo nos hemos visto a puerta cerrada, en donde él ha pedido mantener la relación oculta por su familia y en donde él llegaba en la noche y se iba en la mañana.

—Es…no puede…—las palabras no salen y ella sonríe.

—El señor Ross…—la puerta se abre de golpe interrumpiendo las palabras de la asistente y entones mi mirada se encuentra con la de Alexander que frunce el ceño al verme, a su lado aparece una hermosa chica, no una cualquiera, esa con la que ha salido en revistas de chisme y él solo decía eso, que eran chismes.

—Señor esta chica desea verle, pero no tiene cita —él sigue mirando mis ojos, luego mira a la mujer a su lado.

—Espérame abajo —esta asiente con una sonrisa y luego me mira de arriba a abajo para entonces pasar por mi lado, yo no me muevo, pero Alexander toma mi brazo con fuerza y me hace entrar en su oficina.

—¿Qué haces aquí Camila? —me llama por mi nombre, algo que nunca hace —¿qué te he dicho? —abro la boca pero él sigue —te he dicho que no vengas a la empresa.

—¿Prometida? —la palabra escapa en un jadeo —es tu prometida —lo miro con desconcierto, él pasa las manos por su rostro y la prueba de embarazo quema en mi bolso, prueba positiva.

—No, no lo es

—Pero tu secretaria.

—Olvídalo —gruñe con rabia mirando mis ojos —no deberías estar aquí, sabes que no pueden verte conmigo —me señala —te pedí tiempo Mila —su voz se suaviza cuando se acerca —sabes que mi familia no pueden vernos juntos, somos muy diferentes y necesito ganar la herencia, pero si el abuelo descubre que estoy contigo, no me la dará —las lágrimas salen de mis ojos —Mila no llores —pide llevando sus manos a mi rostro, la palabra prometida sigue en mi mente, Alexander me besa tratando de hacerme olvidar eso, pero hay algo que sigue en mi bolso, algo que vine a decir y entonces lo hago.

—Estoy embarazada —suelto de una rompiendo el beso y él se queda quieto, luego mira mis ojos —estoy

—No lo repitas —pide pero es tarde.

—Estoy embarazada —se aleja como si yo quemara mirándome incrédulo, su mirada va a mi vientre, luego vuelve a mis ojos.

—Camila si es una broma —sus palabras son calladas por la prueba de embarazo que le muestro y dejo esta contra su pecho, Alex la toma en sus manos y se queda mirándola demasiado tiempo.

—¿Es tu prometida? —vuelvo a hacer la pregunta, pero el silencio sigue mientras él mira la prueba —Alexander

—Esto es un error —mira mis ojos —Camila tú no puedes —se calla y bufa —no podemos —nos señala —perdería todo —masculla dejando claro su ambición, en su mundo el dinero es lo que importa y a él le importa mucho, más que el error que ahora crece en mi vientre y no, no debería llamarlo error pero.

—Sé que es un error —mira mis ojos —pero simplemente sucedió Alexander —se aleja unos pasos y vuelve a pasar las manos por su rostro, entonces me mira, pero también mira su reloj.

—Hablaremos en el apartamento —expresa mirando mis ojos —Vete Camila, tengo una reunión importante.

—¿Con ella?

—Si, con ella —esta vez no me miente y solo niego, he sido una tonta todo este tiempo, mientras yo jugaba a la familia feliz él simplemente estaba prometido con otra para obtener la herencia de su familia que es lo único que le importa. Sin deseos de seguir aquí aplastando el poco orgullo que tengo, salgo de su oficina sin mirar atrás.

No hay rosas sin espinas, Alexander parecía el hombre perfecto, pero ahora entiendo que apenas conocía sus defectos, sus espinas son mayores, tanto que desgarran por dentro y esas son las peores. Y como tonta espero, espero en el apartamento por horas hasta que la puerta de este se abre y me pongo de pie, pero no es a él a quien veo, sino a su hermano que mira el apartamento dando un suspiro y luego a mí.

—Alexander te envía esto —deja un paquete sobre la mesa —aborta Camila, es lo mejor que puedes hacer —mi ceño se frunce y doy un paso hacia él, tomo el sobre y es dinero, si pensarlo lo lanzo a su pecho.

—Dile al imbécil de tu hermano que no pienso hacerlo, no quiero su maldito dinero —él suspira.

—Estás cometiendo un error Camila, y tienes hasta el amanecer para cambiar de opinión, mi hermano se casará, pero no contigo —su mirada me recorre —aunque seas hermosa —añade y entonces agarra el dinero y se da la vuelta, solo se marcha dejándome sola y hago lo mismo para ir a mi casa.

—No llores más mi amor —mamá pasa sus manos por mi rostro con cariño mientras permanezco en la cama abrazada a una almohada —saldremos adelante.

—Cómo? —cierro con fuerza los ojos —ahora estoy embarazada mamá, estábamos solas y ahora

—Camila

—Lo mejor sería abortar —la miro y veo el dolor en sus ojos pero ella vuelve a acariciar mis mejillas limpiando mis lágrimas.

—Estamos juntas, no solas —toma mis manos —tu bebé no es un error Mila, el error lo cometiste tú, ¿te parece justo hacer pagar a alguien inocente por tu error? —las lágrimas vuelven a salir reflexionando en sus palabras —no estamos solas —ella toca mi vientre —estamos juntas en esto mi amor —besa mi mejilla y entonces me abraza, sigo llorando abrazada a ella, cuando le dije que estaba embarazada temí por su reacción, pero ella siempre ve más allá que yo. La noche cae y me quedo dormida demasiado pronto abrazada a mi almohada. No sé cuanto tiempo pasa, pero siento que no puedo respirar bien y abro mis ojos, al hacerlo estos arden y comienzo a toser con fuerza encontrando la habitación llena de humo. Soy rápida en salir de la cama y voy hacia la puerta gritando el nombre de mi madre, al salir el humo, el calor y la desesperación pegan en mi rostro, la casa está en llamas y apenas puedo respirar.




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