Las gemelas del presidente

Capítulo 2: Agente secreto

Alexander

¿Embarazada? ¿Camila embarazada? No sé si es un sueño o una pesadilla, pero ahora mismo lo único seguro es que es algo real. Mi mente no está puesta en nada, mi cabeza da vueltas pensando en como pudo ocurrir aunque bueno, eso es más fácil de descubrir, todas las noches que estuvimos juntos, todas las veces que la hice mía, todo ese tiempo, tres meses. Respiro hondo y entonces cuando escucho mi nombre pongo mi mirada en la de la mujer frente a mí que sonríe confundida.

—No me estás escuchando Alexander —Bianca medio sonríe —¿Qué sucede? —coloca una mano sobre la mía mirando mis ojos, le pedí que fingiéramos tener una relación, delante de mis padres es mi prometida, así era más fácil para mí estar con la mujer que quiero y al mismo tiempo conseguir la herencia. La mujer que quiero, esas palabras se quedan en mi mente mientras miro los ojos de Bianca y entonces retiro mi mano.

—No puedo hacerlo.

—¿Qué? —su mirada cambia y arreglo mi corbata.

—No puedo casarme contigo Bianca —cierro el documento y suspiro.

—Alexander tu familia.

—Lo sé —gruño, podría perderlo todo, todo eso para lo que llevo años luchando, mi trabajo, el dinero, los lujos, pero si me caso con Bianca sé de sobra que Camila jamás me lo va a perdonar, ella no aceptaría ser la amante de nadie, la conozco demasiado, ella es una rosa y no una cualquiera, una sin defectos de esas que eliges a la primera sin pensar en más nada.

—Alexander —me pongo de pie.

—La mentira hoy acaba Bianca —me alejo de ella y sin mirar atrás camino de prisa hacia mi oficina, dispuesto a recoger mis cosas e ir a ese apartamento a verla a ella. Está embarazada. Sonrío un poco, pero al entrar a la oficina encuentro a mi hermano ahí sentado en mi silla.

—¿Ya puedo entonces hacer la fiesta? —abre sus brazos y se pone de pie —¿al fin eres un hombre casado? —sonríe acercándose a mí.

—No me casaré con Bianca —su ceño se frunce —lo haré con Camila —sus cejas se elevan mirándome más que incrédulo, estupefacto ante mis palabras.

—Camila —susurra, mi hermano es el único que conoce sobre nuestra relación —¿hermano golpeaste tu cabeza? —ríe —Camila fue tu secretaria Alex, es pobre, miserable y no tiene nada que ofrecer pero Bianca.

—Está embarazada —suelto.

—¿Bianca? —ruedo los ojos.

—Camila —gruño —Está embarazada, de mí —me señalo, mi hermano resopla —Thiago amo a Camila y ahora que espera un hijo mío yo

—Aceptó estar contigo a escondidas —me interrumpe —aceptó que compraras un apartamento para ella, aceptó tener sexo contigo cuando era tu secretaria y dejó su trabajo para estar contigo mientras la mantienes —se cruza de brazos —¿y ahora dice que está embarazada? —ríe —esa mujer solo busca tu dinero Alex.

—No la conoces —digo ofendido.

—Alexander.

—¡Camila no es así! —elevo la voz con rabia —ella me ama —digo seguro —ella no

—Ponla a prueba Alex —sus palabras callan las mías y niego —si tan seguro estás de su amor, haz la prueba. —niego.

—No, no

—Alexander —él me toma de los hombros —estás dispuesto a dejarlo todo por ella, a perderlo todo, tu casa, tu dinero, tu familia, papá te daría la espalda y el abuelo elegiría a su otro nieto que sabes es el favorito —dice refiriéndose a nuestro hermano por parte de padre con su primera esposa —Alex piensa bien, debes cerciorarte si esa mujer te quiere o solo busca dinero —trago en seco pensando en sus palabras, sí, lo arriesgaría todo.

—¿Y cómo? —Thiago sonríe un poco.

—Ofrécele dinero, si lo acepta, entonces ya lo sabrás —respiro hondo.

—Jamás me lo perdonará.

—O quizás tus ojos se abran —miro sus ojos —pagas todos los gastos de esa chica hermano incluido los medicamentos de su madre, quizás solo te usa —él se aleja y suspiro sin saber qué hacer.

—Hagámoslo —Thiago asiente y entonces me cuenta su plan, sé que ella me odiará, pero haré que me perdone, sé cómo convencerla de eso y después la haré mi esposa.

Espero, lo hago caminando de un lado al otro de mi habitación y cuando la puerta se abre miro hacia esta, mi hermano entra, decaído, cansado y con esa mirada que no logro entender y se sienta en mi cama.

—¿Entonces? —mira mis ojos.

—Tomó el dinero, dijo que se iría del país y que abortaría —niego rápido.

—No es posible —sigo negando.

—Alexander.

—No es posible —agarro mi teléfono y con rabia busco su contacto, no me lo creo, es una broma, ella seguramente pasó la prueba y comienzo a llamarla, pero no responde, vuelvo a intentarlo y tampoco lo hace. Mascullo una maldición y mi hermano me mira con esa cara de te lo dije, así que salgo de mi habitación. Nunca acepté ir a su casa aunque me invitó muchas veces así que no tengo ni idea de donde su madre vive, pero me dirijo al apartamento que le regalé y entro a este deseando encontrarla, pero no, el apartamento está vacío, su ropa, sus cosas, todo falta y me quedo ahí en medio de algo vacío. Las horas pasan, la noche pasa y el día llega, miro mi teléfono al lado de esa botella vacía y entonces tomo de nuevo este y hago otra llamada más, para mi sorpresa responde.

—¿Diga? —frunzo el ceño, esa no es su voz.

—¿Quién habla? —me pongo de pie.

—Soy doctora, atendí a la chica dueña de este teléfono, pero ella ya se marchó —me tenso, doctora, un hospital.

—¿Puedo saber la razón de que ella estuviera ahí?

—Señor no puedo darle esa información y…

—Soy su esposo —miento —sé que fue por un aborto —cierro los ojos —quiero saber si mi esposa está bien y viene ya a casa —silencio, eso es lo único, pero este se rompe.

—Si señor, todo salió bien, ella se fue, pero dijo que tenía que tomar un vuelo —siento una mezcla de dolor y rabia incontrolables y solo lanzo el teléfono contra la pared. Mi hermano tenía razón, ella abortó y solo se marchó con todos los millones que había en ese sobre y entonces el odio también llena mi pecho.

Años después:




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