Las gemelas del presidente

Capítulo 3: Son mías

Alexander

Camino como un león enjaulado por la habitación en la cual me estoy quedando, mantengo mi teléfono en mi mano y mis pies no parecen tocar el suelo. ¿Es una broma? Recuerdo bien ese día, ese maldito día en donde mi hermano me dijo que ella había tomado el dinero, recuerdo bien esa llamada, una doctora me dijo que ella había abortado y luego fui a ese hospital, busqué su teléfono, me dieron informes médicos y entonces para mí ese aborto se volvió real. Mis pies se detienen cuando escucho la puerta y Josua entra por esta, calmado como siempre aunque yo estoy al perder la compostura porque tengo en mi mente tatuada la imagen de esas dos niñas sonriendo con esos ojos verdes idénticos a los míos señalando hacia Camila y diciendo que ella es su madre.

—¿Encontraste algo? —lo interrogo mirando sus ojos y él se acerca sosteniendo unos papeles en sus manos, entonces se detiene y mira estos.

—Las niñas tienen efectivamente seis años, nacieron en el hospital de la ciudad —me extiende una hoja y la tomo —ahí está la fecha de nacimiento y los informes médicos, un parto complicado de horas, una de las niñas casi muere, ese hospital no tenía buenas condiciones —aprieto la mandíbula con fuerza sintiendo que mis ojos se están quemando.

—¿Qué más has encontrado? —lo miro.

—Camila Stone lleva dos años trabajando en ese restaurante, antes de eso estuvo trabajando en una casa cuidando de una persona mayor y —suspira —ha tenido más de diez trabajos en esos años, supongo que es difícil ser madre soltera y trabajar —me extiende otra hoja y la miro, habla sobre todos esos trabajos y en todos ellos ha sido despedida por faltar un solo día, un solo día, ¿quién despide a una madre soltera porque su hija enferme un solo día? Sigo apretando mis dientes.

—Sigue —pido y miro sus ojos.

—La fecha de llegada a este país está detrás de esa hoja —comenta y su voz ha cambiado, volteo la hoja y observo la fecha, el mismo día que hice esa llamada que recuerdo bien, el día que pensé que ella había abortado Camila en realidad se había ido del país y un nudo se forma en mi garganta. —Las fechas concuerdan Alexander —agrega entonces —tú y ella pasaron tres meses juntos, ella se marchó y ocho meses después dio a luz —me tenso, tenía un mes cuando vino a mí y me dijo que estaba embarazada y yo, yo simplemente la envié al apartamento, ese día no esperaba verla ahí, estaba con Bianca, mi falsa prometida y Camila la vio, pude ver el dolor en sus ojos al pensar en una traición.

—Son mis hijas…

—Podemos hacer una prueba de

—No la necesito —mascullo rápido —sé que son mías —me alejo dándole la espalda —pero nada tiene sentido, ¿por qué se fue y no abortó? Aceptó el dinero para abortar y dejarme, pero ¿tuvo a las niñas? Mi ceño se frunce cada vez más con el desconcierto.

—Alexander esto es un escándalo —él se acerca a mí y sé que lo hace como mi amigo —si la prensa descubre esto, que tienes dos hijas que

—Tengo una familia —susurro y lo miro —una familia Josua, justo lo que necesitaba para ganar las elecciones —su rostro se contrae.

—Alex

—Me casaré con Camila y tendré una familia, la prensa ya no me juzgará y el país me verá como un hombre maduro con responsabilidades y a ella —aprieto mis puños —a ella la haré pagar por haber huido de mí y haberme escondido a mis hijas.

—¿Y qué dirás cuando te pregunten por qué no habías presentado a tus hijas hasta ahora? —miro sus ojos.

—De eso te encargas tu Josua —tomo mi saco —debo ir a verla.

—Alexander —él toma mi brazo y lo miro —¿crees que Camila aceptará casarse contigo? —dejo de mirarlo —ella se fue del país por alguna razón —sigo tenso —y si en verdad tomó ese dinero que le enviaste, ¿por qué sus hijas nacieron en el peor hospital de este mundo? ¿Por qué ella ha tenido que trabajar como una esclava? —sus preguntas llegan y yo también me las hago, pero no tengo respuestas para ninguna de ellas y miro sus ojos.

—Ya descubriré la verdad —miro mi reloj —por el momento, buscaré a mi familia, no voy a volver a Estados Unidos sin ellas Josua —sonrío un poco —ellas —susurro y entonces voy hacia la puerta.

Han pasado tres días, tres largos días en donde he estado observándola de lejos y es fácil conocer su rutina, ella descansa poco y trabaja demasiado, deja a las niñas en el colegio y luego viene a este restaurante, al mediodía las recoge y juntas van a casa, casa... a ese lugar no se le debería llamar hogar pero en fin. Cuando sus hijas no han tenido escuela las trae acá y la sienta en una mesa, las atiende de a ratos mientras prepara pedidos y parece multiplicarse, yo no podría hacer tanto, pero ella hace todo eso. Camila siempre fue eficaz y nunca necesitó de nadie. Ahora estoy aquí nuevamente, con todo lo necesario, pero sin el valor para acercarme y hacer frente a ese pasado que estaba olvidado, enterrado en lo más profundo de mí. Sin pensarlo mucho bajo del auto y camino hacia ese lugar, tomo asiento en una de las mesas vacías al aire libre y cuando una camarera se acerca sonrío.

—¿Ya sabe que va a pedir señor? —ella sonríe y asiento.

—Un café y dile a tu jefe que quiero verlo —su ceño se frunce —por favor —añado y la chica solo asiente desconcertada. Pasan pocos minutos y el café queda frente a mí como también un hombre algo obeso se acerca y toma asiento.

—¿Me dijeron que quería verme? —pregunta mirando mis ojos y asiento.

—Quiero comprar este lugar —él ríe.

—No está a la venta, señor.

—Por eso hago una buena oferta —extiendo un cheque hacia él con la cifra escrita y el hombre baja la mirada, sus ojos se abren en demasía y toma el papel, lo acerca a él pensando que ha visto mal y luego me mira.

—Está jugando conmigo ¿verdad? ¿Es una cámara oculta? —mira hacia todos lados —este lugar no cuesta eso ni aunque lo vendiera con los empleados como esclavos —bufa —no juegue así.

—No estoy jugando —hablo rápido —pero si no desea el cheque porque tiene dudas, puedo darle en efectivo esta misma cifra —señalo hacia Josua, él sigue mi dedo y Josua muestra los dos maletines, el hombre traga en seco y mira mis ojos.




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