Las gemelas del presidente

Capítulo 5: Por las malas

Alexander

Camila aprieta los dientes cuando el Jet se pone en movimiento y las gemelas solo miran hacia la ventanilla con la boca abierta. Mi mirada está fija en ella, la mujer frente a mí que ha evitado mirar mis ojos en todo el camino, pero he conseguido lo que quería y ella ahora viaja conmigo, aún tengo sus palabras grabadas en mi cabeza y no dejo de mirarla, ella habló de un incendio provocado, de su madre y todo eso debo investigarlo, ella habló de mi hermano y no sé ahora mismo que pensar al respecto.

—¿Y por qué viajamos contigo? —una de las pequeñas rompe el silencio y me mira, Camila la mira.

—¿Mamá por qué él viaja con nosotras? —la otra me señala y Camila sigue tensa y en silencio, yo respiro hondo cuando ella abre la boca, pero no dejaré que les siga mintiendo.

—Ustedes son mis hijas —suelto como si nada ganándome la mirada de Camila, pero sigo mirando a las gemelas —soy vuestro padre —una de ellas niega.

—Mamá nos dijo que nuestro papá era agente secreto y tú serás presidente —sonrío con sus palabras y miro a Camila que sigue tensa, podría dejarla como una mentirosa ahora mismo, pero hacer que me odie más no es lo que deseo.

—Y Mamá dijo la verdad —me inclino hacia las niñas —esto no deben contarlo a nadie —bajo un poco mi voz —fui agente secreto, pero ahora mi misión es liderar un país, solo que nadie puede saber que estoy cumpliendo una misión —los ojos de las pequeñas brillan cargadas de admiración y me siguen mirando.

—Entonces —miran a su madre —¿él es papá? —cuestiona y esperan ambas, Camila carraspea.

—Si Kaia, él es papá —gruñe lo último y miro a la pequeña, así que esta es Kaia y su hermana Maya, ¿el problema? Es que aún no logro encontrar diferencias en ellas y me pregunto como Camila lo hace. Las niñas siguen haciendo más y más preguntas, algunas hacia mí y otras hacia su madre que responde todas casi obligada.

Me pongo de pie y me acerco a Josua que trabaja en su laptop, tomo asiento frente a este dando un suspiro, las niñas se quedaron dormidas y miro a mi amigo.

—¿Ya pensaste en qué le diremos a la prensa? —cuestiono y entonces me mira.

—Camila y tú se amaron mucho, la relación acabó, cortaron comunicación y luego ella se marchó, descubrió que estaba embarazada, pero no tuvo forma de saber de ti, hasta que se volvieron a encontrar —termina sus palabras y frunzo el ceño.

—Haz algo más romántico Josua —rueda los ojos con pesadez. —Y también prepara una boda. Quiero casarme con Camila en cuanto llegue a la ciudad, algo sencillo, pero que esté mi familia —mira por la ventanilla.

—¿Estás seguro de esto Alexander?

—Necesito una familia, tú mismo lo dijiste —miro sus ojos y asiente.

—¿Entonces es eso? ¿Solo lo haces por la campaña? —pregunta en voz baja —Alexander llevo más de una hora escuchando a unas niñas de seis años hablar con su padre que apenas conocen y hablar con orgullo, en sus voces se escucha el amor que te tienen porque para ellas tú siempre has estado presentes y es gracias a Camila que no quiso dibujarte como un monstruo —aprieto los dientes.

—Es porque no lo soy —gruño.

—Pero fuiste tú quien le mandó el dinero y le dijo que abortara —paso las manos por mi rostro.

—Solo quería

—Hacer una prueba, sí —bufa —¿y acaso la razón importa? —tenso mi mandíbula sin mirarlo —para Camila eres un monstruo, pero aun así ella habló maravillas de ti a esas niñas para que te amaran Alex —un nudo se forma en mi garganta —y ahora se lo pagas haciendo que se case contigo por las malas —miro sus ojos.

—Eso es mi problema Josua —su rostro se contrae —quiero que investigues el fuego de su casa, quiero saber si

—¿Si es verdad? ¿Crees que se va a inventar la muerte de su madre? —resoplo con fastidio.

—Ella culpa a mi familia, quiero saber si —suspiro —si mi hermano tuvo algo que ver en eso —Josua solo asiente y deja de mirarme para volver a trabajar en su laptop y yo me pierdo en mis pensamientos.

El auto se detiene y bajo de este para luego tomar en mis brazos a una de las gemelas, Josua me ayuda con la otra y camino de prisa hacia la casa, ambas están rendidas y solo se quejan un poco pero sin abrir sus ojos. Al entrar las luces automáticamente se prenden y camino hacia esa habitación que mandé a preparar para ellas, una vez que entro dejo a la pequeña en la cama y mi amigo hace lo mismo para entonces alejarse. Camila que nos ha seguido observa la habitación sin mucho ánimo.

—Solo hay dos camas aquí —dice y mira mis ojos —y pequeñas, voy a necesitar que

—Vas a dormir en otra habitación.

—Duermo con mis hijas Alexander —sonrío con eso.

—Por falta de espacio —aprieta sus dientes —pero aquí ese problema no existe Camila, deberías estar feliz —me acerco a ella —mira esta casa, esta habitación, los juguetes en ella, la ropa en el closet, mis hijas tendrán todo lo que quieran y serán felices —Camila continua mirándome y niega.

—Ese siempre ha sido tu problema y el de tu maldita familia —masculla —piensan que el dinero es felicidad, pero no es así Alexander y si piensas que puedes comprar a las gemelas estás

—Verás mañana —la interrumpo —cuando vean todo —sonrío —En el fondo Camila, esas niñas van a agradecer toda la vida que las trajera hasta acá y en su corazón si un día tienen que elegir, van a elegirme a mí —veo el dolor en su mirada —vamos, te mostraré tu habitación —agarro su brazo aunque se queja y solo echo a andar con ella, el pasillo es largo, pero en segundos lo recorro y entonces llego a la habitación, abro la puerta y entro con ella que se safa de mi agarre con brusquedad y me hace respirar hondo.

—Estás loco —ríe mirando la habitación enorme, con todo tipo de lujos, pero no hay admiración en su mirada, solo repugnancia y eso me hace sentir como el monstruo que Josua casi dijo que era, porque yo la taché de interesada y ella mira los lujos como si fueran basura. —No pienso dormir aquí —escupe mirándome luego de haberse dado cuenta de que es mi habitación y sonrío.




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