Las gemelas del presidente

Capítulo 9: Cuídala

Alexander

Me levanto bastante temprano porque hoy necesito acabar mis tareas rápido y así pasar tiempo con mis hijas, ya sé lo que haré con estas y sonrío pensando en mi plan, pero antes, tengo cosas que hacer, como preparar mi próximo discurso que será en una escuela que está en construcción aunque lo más importante lo haré ahora y es ir a casa de mis padres. Al salir de la habitación camino con pasos rápidos y me detengo en la habitación de las gemelas, puedo escuchar voces dentro y sonrío, ellas ya están despiertas así que toco con cuidado la puerta.

—¿Quién es? —la vocecita me hace sonreír ampliamente.

—El futuro presidente —escucho ruidos y luego la puerta se abre rápido dejándome ver a la pequeña que sonríe encantada.

—¿Están jugando? —entro a la habitación y aún llevan sus pijamas.

—Esperamos que mamá despierte para el desayuno —asiento mirando esos enormes y hermosos ojos verdes.

—¿Les han gustado los juguetes? —asienten rápido —bien, hoy tengo un plan para los cuatro, será en la tarde, a eso de las seis —me miran con curiosidad —quiero llevarlas a un lugar bonito que estoy preparando para ustedes y ahí podrán jugar —se miran entre sí.

—¿De qué se trata? —sonrío.

—Es una sorpresa preciosa —sonríen animadas y miro mi reloj —por cierto, en la casa hay más de diez empleados que están en la cocina siempre —sus ojos se abren como platos —¿por qué no bajan conmigo y hablan con ellos? Estarán encantados de hacerles el desayuno que ustedes pidan.

—¿De verdad? —se interesa una de ellas y odio aún no poder diferenciarlas, solo asiento.

—¿Y podemos mandarles a hacer el desayuno a mamá para llevarlo a su habitación? —sigo sonriendo con eso, me equivoqué, las niñas jamás me van a elegir por encima de Camila, pero solo quería asustar a esta y la tonta tuvo miedo, lo vi en sus ojos, pero las pequeñas solo piensan en ella.

—Claro pequeña y de paso —meto una mano a mi pantalón —quiero que le den a mamá algo de mi parte —digo tocando el anillo mientras las miro, no pude dárselo ayer, pero hoy es el día.

—¿Y qué es?

—Algo que les gustará a ustedes y —suspiro —de mi parte, van a darle a mamá algo que escribí para ella —les guiño un ojo y los de ambas brillan felices, emocionadas y me encantaría ver ese mismo brillo en los ojos de Camila.

Bajo de mi auto y camino despacio hacia la casa, al llegar a esta solo entro encontrando a mamá en la sala, me mira con una ceja alzada cerrando su revista y me acerco a ella, porque estoy aquí para hablar con esta.

—Has venido —habla asombrada —tu padre está muy enfadado contigo Alex así que te sugiero no verlo y yo también estoy decepcionada —sigue hablando —Tu abuelo debe estar revolcándose en su tumba, te dejó una fortuna pensando que estabas comprometido con Bianca, pero, sin embargo, ahora apareces con dos niñas diciendo que son tus hijas con esa mujer que no tiene nada que ofrecer —menciona con desprecio —Ella no es como nosotros —sonrío, eso es lo que amo de ella —ella trabajó para nosotros, tienes en tus manos la fortuna de tu abuelo que te ha ayudado a llegar a donde estás —niega con la cabeza —es decepcionante lo que haces Alexander —suspiro y me siento cerca.

—Es decepcionante —miro sus ojos —¿Sabes que decepciona más que eso mamá? —me mira confundida —saber que el hermano en el cual confiaba y la madre a la que amo son unos asesinos —sus ojos se abren en demasía.

—¿Qué estás diciendo?

—No te apresures a negarlo madre —sonrío cargado de tristeza —tú y Thiago quemaron la casa de Camila con ella dentro, su madre murió ahí, planearon todo y me hicieron creer que había abortado —gruño —tú siempre has sabido que tengo dos hijas maldita sea.

—Alexander.

—Ya Thiago lo intentó así que no lo hagas tú —pido negando cuando iba a hablar —intentó engañarme ¿y sabes qué le dije? Le dije que iba a pagarlo mamá y eso pasará, ya no creo sus mentiras ni las tuyas —acerco mi rostro al suyo —Camila nunca abortó, Camila nunca aceptó ese dinero que envié y Camila, Camila no es una interesada, los interesados siempre han sido tú y mi hermano. —la señalo con rabia.

—No puedes destruirnos por eso, lo hicimos por tu bien —suelta sin nada de arrepentimiento que es lo único que quería ver —hubieras perdido todo si el abuelo

—Escúchame madre —interrumpo sus palabras —cuando sea presidente, voy a sacar todo a la luz y las personas verán que ni siquiera mi familia puede cometer un crimen y ser libres —palidece —así que te estoy dando hasta ese día para preparar a tus abogados, porque la ley va a caer sobre ti.

—Soy tu madre —se defiende con miedo.

—Y Las gemelas que intentaste matar son mis hijas, no son unas bastardas, son mis hijas —me señalo y dejándola pálida y aterrada camino hacia la puerta arreglando mi traje, digamos que ya he hecho lo primero que tenía que hacer en el día.

Justo cuando acabo de preparar mi discurso recibo un mensaje y suspiro mirando este, estamos en la misma casa, yo en mi despacho y ella supongo que en su habitación, sin embargo, decide que la mejor forma de comunicarse conmigo es a través de un simple mensaje y miro mi reloj, son las cuatro de la tarde, se supongo que a las seis saldremos con las niñas, les prometí a estas que tendríamos planes en la tarde y Camila lo sabe, aun así, le envío un mensaje recordándole esto, pero ella no responde y envío otro mensaje, solo que esta vez a alguien diferente y minutos después el mensaje es respondido cuando la puerta de mi despacho se abre y ella aparece vestida de negro como siempre.

—¿Me mandó a llamar señor? —asiento y se acerca, es una de las personas encargadas de mi seguridad y la verdad, pondría la mano al fuego por ella, es de las mejores y en más de una ocasión lo ha demostrado.

—Necesito que hagas algo por mí —miro sus ojos.

—Usted manda señor —expresa con la seriedad de siempre.

—Mi prometida no la conoce ¿verdad? —niega con la cabeza y veo a Josua entrar al despacho.




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