Camila
Organizo la manta que uso en el sofá mientras escucho el agua de la ducha, algo que indica claramente que Alexander está en el baño y solo espero. Mi mirada va hacia el anillo que descansa en la mesita cerca de mí y en mi bolso en donde tengo el USB que Asher me dio. Suspiro sin tener idea de nada porque no confío en Asher, hay mil dudas en mi cabeza dando vueltas y cuando escucho los pasos de Alexander me pongo de pie. Este viene secando su cabello y agarro mis cosas para entrar al baño.
—Camila he retrasado la boda —expresa y no lo miro —Será después de mi discurso —lo miro —del discurso de mañana —me tenso un poco, entonces si es mañana, hoy debo hacer lo que Asher me dijo.
—¿Por qué? ¿Quieres presentar ahí a tu futura esposa trofeo? —él sonríe mirando mis ojos.
—Algo así —No lo niega —usa el anillo que te di —aprieto los dientes
—¿Es obligado?
—¿Leíste la nota que te envié? —cuestiona confundido mi pregunta y solo niego mintiendo.
—La eché a la basura, nada de lo que digas me importa —su mirada sigue fija en la mía y solo espero que no note la mentira, la nota está en mi bolso, guardada y las palabras de esta se han quedado grabadas en mi mente.
—Bueno, usar el anillo no es obligado —Alex suspira —pero en público deberías hacerlo y —sonríe —las gemelas quieren que conozcas su casa en el árbol —respiro hondo.
—Haré un plan con ellas Alexander, sin ti, no somos una familia, al menos no aquí cuando nadie nos ve —mis palabras lo tensan, pero solo camino hacia el baño sin mirar atrás. Hoy debo colocar el USB en su computadora y mañana asistir a ese discurso en donde estaré en primera fila para ver lo que Asher hará con la información dada.
La noche cae y nerviosa camino por la casa, sé de sobra en donde está Alex, la biblioteca, el único lugar en donde de verdad se concentra para preparar su discurso de mañana y con pasos rápidos voy hacia su despacho, al llegar miro hacia todos lados y entonces entro. El USB quema en mi mano y mi mirada queda fija en la computadora, sin pensarlo mucho y con el corazón a mil voy hacia esta y coloco el USB justo cuando escucho pasos cerca, me tenso por completo y me doy la vuelta quedando con la computadora a mi espalda, el USB pegado en esta y mi mirada fija en la de Alexander que acaba de entrar a su despacho.
—¿Qué haces aquí? —cuestiona y trago en seco viendo que se acerca con pasos lentos.
—Te buscaba —suelto rápido y el ceño de Alex se frunce mientras mi corazón se acelera.
—Qué casualidad, yo también lo hacía
—¿Para qué? —cuestiono y él se detiene mirando mis ojos.
—Primero tú, ¿qué haces en mi despacho Camila? —los segundos parecen eternos y juraría que el sonido de mi corazón se siente desde lejos.
—Quería hablar sobre... sobre los preparativos de la boda —digo atenta a su mirada rogando que me crea —hay algunos que no me gustan y después de todo soy la novia —intento sonreír.
—Bien, habla con la encargada —Alexander sonríe un poco —explícale lo que quieres y se cambiará todo si así deseas —asiento lentamente y él da otro paso más quedando más cerca.
—¿Para qué me buscabas? —suelto de una dándole conversación aunque solo quiero salir de aquí rápido, corriendo sin hablar con él
—Quiero que veas algo —Alex suspira sacando su teléfono.
—¿Qué es? —deja este en mis manos y miro el documento que hay en él.
—Mis planes luego de ser presidente —dice y sigo mirando el documento —lo primero que haré cuando gane las elecciones. Contaré toda la verdad acerca de ti y tu madre Camila aunque eso lleve a un juicio a mi madre y a mi hermano —me tenso por completo.
—No lo entiendo —miro sus ojos.
—¿Qué no entiendes?
—Tu hermano —hablo ahora sin pensar o bueno, pensando solo en lo que siento —escuché la conversación que tuviste con este, pensé que le habías creído cuando te dijo que yo si había aceptado tu dinero, te quedaste callado cuando
—Al parecer no escuchaste toda la conversación —Alex me interrumpe algo incómodo —le dije que había creído sus mentiras una vez, pero ya no más, le dije que eras la mujer que amaba y que eras además la madre de mis hijas —sigo tensa y sin poder hablar —le dije Camila que pagaría lo que había hecho y que no me importaba hacerlo pagar porque él intentó hacerte daño a ti y a mis hijas —un nudo se forma en mi garganta —y cuando alguien intenta eso, simplemente no me contengo, usaré todo mi poder para aplastar a quienes te hicieron daño.
—Tú enviaste ese dinero —murmuro y Alex suspira, veo el arrepentimiento en sus ojos y aunque no lo quiera, algo despierta en mí.
—Fue un plan, Thiago me dijo que debía asegurarme, iba a pedirte matrimonio —habla sin mirarme —pero él me dijo que si estaba dispuesto a perderlo todo por ti debía asegurarme que tu amor era sincero —agradezco que ahora no mire mis ojos o vería las lágrimas en estos —era una prueba Camila.
—Una prueba —susurro y Alex me mira.
—Y sí, debo pedirte perdón por eso —habla cansado —porque desconfié de ti y confié en las personas equivocadas, fui un idiota pero el destino
—No creo en el destino.
—¿Entonces qué haces aquí conmigo? —lo miro sin entender y Alex sonríe un poco —Luego de tantos años viajé a ese país pequeño y alejado para buscar fondos para mi campaña y justo en ese local en donde me detuve y me senté, justo me senté en la mesa en donde nuestras hijas estaban —su sonrisa sigue —y justo ellas hablaron conmigo, ¿te parece casualidad todo eso?
—Si el destino nos quisiera juntos Alexander, mi madre estaría viva, ¿quieres que te perdone? ¿Acaso tienes el poder de devolverle la vida? —su mandíbula se tensa —No lo tienes.
—No fue mi culpa.
—Yo creo que si —Alexander niega.
—Mila
—No me llames así —él toma mi brazo cuando me muevo quizás pensando que iba a irme.
—¿Porque piensas en el pasado cuando lo hago? —se acerca más a mí —¿Porque tu piel se eriza y tu respiración se descontrola con los recuerdos? Siente —él toma mi mano y la coloca en su pecho —siento lo mismo que tu Mila, no solo estás aquí por mi campaña, me niego a dejarte ir Mila —me pierdo en su mirada —te quiero cerca de mí, ¿es tan difícil para ti aceptar mis disculpas? ¿Crees que quiero que me odies?