El eco de los altavoces de la terminal anuncia la última llamada de su autobús con destino a Buenos Aires. Afuera, la noche se ahoga en una lluvia que azota con fuerza contra el asfalto. Santiago ignora el agua que le empapa el cuello y arroja la maleta en mitad de la plataforma. Con las manos temblorosas y frías, abre de golpe el equipaje para revolverlo todo; vuelan cables, mudas de ropa y documentos que terminan salpicados por la tormenta.
No está.
Busca en el fondo, hundiendo los dedos entre las costuras, pero la vieja chaqueta de tela gruesa no aparece. Se ha quedado atrás, perdida en algún punto de control de la frontera. Santiago siente una presión en el pecho. Al cerrar la maleta a la fuerza, el frío le trae de golpe el recuerdo de las aulas universitarias. En su mente, se ve a sí mismo años atrás, despojándose de esa misma prenda para cubrir los hombros de Valeria mientras ella se cruzaba de brazos. Nadie más, en el transcurso de la carrera había usado aquella prenda; era un privilegio exclusivo de ella. Sus compañeros se preguntaban a menudo qué significaba ese trato, un misterio que él jamás se había atrevido a explicar.
Sentir que el último puente que lo unía a ella se ha roto le revolvió el estómago. Sube los escalones del autobús sin mirar atrás. Guarda las manos en los bolsillos del nuevo abrigo, apoya la frente contra el cristal empañado y ve correr el agua, ocultando las lágrimas de la frustración. El motor arranca y Santiago emprende su rumbo hacia lo desconocido, refugiándose, una vez más, en su silencio.
#4799 en Novela romántica
#1366 en Novela contemporánea
novela basada en hechos reales, superación personal y resiliencia, drama romántico universitario
Editado: 11.09.2026