Las Mariposas Tambien Mueren

¿QUE HAGO AQUI?

Blanco. Eso fue lo primero que vi. Una luz muy fuerte de color blanco iluminando mis ojos. El cuerpo me dolía, como si me hubieran aplastado, intente levantar mi cabeza para ubicarse.

—No se mueva. — La voz de una mujer sonó cerca, firme pero calmada.
—¿Qué? — dije con la voz débil
—No se mueva se hará daño.
—¿Quién eres?¿Dónde estoy?
—Está en un hospital, tuvo un accidente automovilístico, soy la enfermera que la atiende.

Esas palabras fueron un golpe a la realidad para mí.

—Será mejor que no te muevas, el collarín no te dejara y te lastimara, pero puedes mover la cama. — Apretó un botón y el colchón empezó a levantarse lentamente. — Con este subes y este baja. — Me mostró cómo usarlo.
—¿Qué hago aquí?
—Sus heridas fueron graves, logramos salvarla a usted.
—¿Y mi hermana?¿mis padres?¿el perro?
—Ni su hermana ni padres nos han dado respuesta alguna, siguen vivos pero, de cierta manera, muertos...

Sentí que el aire se me escapaba de los pulmones, como si me golpearan en el pecho. Mis ojos se llenaron de lágrimas, y cuando busqué a la enfermera, ya no estaba.

Me prepare para llorar. Mi boca temblaba y mis ojos estaban llorosos.

—¿Primera vez? — trate de voltear al origen de la voz.
—¿Qué?
—¿Primera vez en un hospital?
—Pues... si.

Soltó una risa burlona, como para relajar el ambiente.

—Disculpame, empecé mal la conversación. Soy Mason.
—Amelia.
—Bonito nombre.
—Gracias.

—Amelia…
—Amelia.
—¿Antes de llegar venías en un carro?
—¿Cómo sabes?
—Bueno, un accidente así de aparatoso, es imposible que no saliera en las noticias.

Me quedé mirando al techo, sumergida en mis pensamientos y con el hombre que tenía al lado que no paraba de hablar mi cabeza me estaba dando vueltas, no sabia que decia cada uno, las palabras se entrelazan y no me dejaban pensar bien.

—¿Ya comiste? — fueron las palabras que más sobresalieron en mi mente.
—Aquí, en el hospital, no.
—La enfermera te dejó tu comida.
—No tengo hambre.
—¿cómo vas a tener fuerzas si no comes?
—Pues eso debió pensarlo la enfermera.

Mason bajo la mirada a mi brazos, el derecho estaba enyesado y el izquierdo con rasguños.

—Amy es distraída a veces.
—¿Quien?
—Amy, la enfermera que te atendió.

Se levantó de su camilla para dirigirse a la mía con una sonrisa ligera,

—Amo mi espacio personal, ¿sabes?
—Yo también amo el espacio personal de la gente.

Con la cuchara agarro un pedazo de gelatina y me la extendió para que la comiera.

—La comida del hospital no es buena, pero se tienen que hacer sacrificios.

La verdad si tenía hambre, acepté su gesto amable y comí mientras él hablaba y hablaba.

—¿Pasas mucho tiempo en el hospital? — Pregunte.

—Algo así, es como mi segunda casa, cuando era un niño me enfermé de neumonía y mis pulmones quedaron medio débiles y cada vez que me enfermo, me enfermo de manera grave, no vivo aquí pero un tercio de mi vida estoy encerrado en cuatro paredes blancas.

—¿Vivir aquí?

—La quinta planta, ahí vive la gente que no puede salir de aquí, los que necesitan vigilancia extrema. Tu no te preocupes, saldrás pronto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.