La luna estaba en su máximo esplendor.
El jardín del hospital era hermoso y tenía un aire puro, a Aveline le encantaría, siempre fue fanática de conectar con la naturaleza y esas cosas.
Claramente, me escape, no me dejarían estar aquí afuera, todavía mi brazo sacaba pequeñas gotitas de sangre, para que me desconecte. Que rebelde soy.
El aire era fresco, sabía a sal, tal vez por la nostalgia. Un destello azul me deslumbró, no muy lejos de mí, una mariposa, dio unas cuantas vueltas y se posó en una flor, abrió sus alas completamente, como si me presumiera su color. Un azul fuerte, deslumbrante y hermoso.
Me quedé ahí, perdida en el color de sus alas, aun sentía las pulseras en mis manos, sobándose como si fueran a romperse.
Ese color azul brillante era hipnotizante, era como si la mariposa flotara entre dos mundos, su color era tan vibrante que por leves momentos me olvidé del dolor, del miedo, de todo.
—Es una morpho menelaus. — voltee bruscamente a la voz, estaba cerca pero lo suficientemente lejos para no sentirme acorralada.
—¿Qué? — balbuce
—La mariposa. — Era un hombre, como de mi edad o más chico, estaba en bata pero abrigado y tenía su suero con él. — Proviene de América del sur, rara de ver.
—Es… hermosa. — No sabía qué decir y el silencio ya era demasiado incómodo.
—Su color no es azul, es el reflejo del sol en sus escamas, dependiendo del angulo en que la veas cambia de color.
Me quedé perpleja, lo volteé a ver, pero él no me estaba viendo, estaba viendo a la mariposa, la miré de nuevo, la luz de la luna hacía resaltar más su color brillante.
—Cerca del hospital hay un bosque donde ellas habitan, pero no vienen a visitarnos seguido.
Aquella mariposa empezó a agitar sus alas.
—¿Ya has ido ahí?
—Como quisiera hacerlo, no puedo salir del hospital. — quedé muda, ¿tal vez dije algo que no debía?
—Estás… internado.
—Quinta planta. — la mariposa revolotea alrededor de él, la siguió con la mirada pues él nunca me volvió a ver a mi. — Internado de por vida.
—Oh… — Que mala suerte, el único día que hablo digo algo mal. — no tenía ni idea, perdoname.
—Está bien, ¿y tú?
—Accidente de tránsito.
—¿Eres Amelia Everly? — asentí con la cabeza, esperando que no notara mi tristeza. — Lo siento mucho, tu caso es muy sonado. Tu y la otra niña, Elisa, me parece que se llama.
—¿Por qué lo sientes?
—Pues es trágico lo que pasó, y como lo abarcan las noticias, te marcan como la única sobreviviente, pero tu familia sigue con su corazón latiendo.
El dolor me recorrió el cuerpo, como si hubiera pasado otra vez por el accidente. Los gritos, el chillido de Pool y las llantas derrapando, esos sonidos pasaron por segunda vez a mis oídos, un flashback doloroso.
Baje la mirada a mis manos, donde la mariposa se había posado en las pulseras, apoyándose en la mía y tapando la de Avi con su ala.
—Parece que le agradas. — dijo con su voz débil, seca y ronca.
Los labios me temblaron, como si mi cerebro por fin recordara que debía llorar. Desde que llegué no percibí ninguna emoción por parte de mi corazón, estaba neutra y silenciosa.
La mariposa salió volando y yo contuve lo más que pude mis lágrimas. El silencio fue largo y tenso. Escuché sus pasos acercarse a mí , levanté la cabeza y se detuvo, muy cerca. Casi tan cerca que podía escuchar su respiración.
—Oye, lamento mucho decir eso y haberlo dicho así.
—Está bien, por eso estoy aquí.
—Soy Walker por cierto.
El aire fresco revoloteo mi cabello,cerré los ojos sintiendo más el aire fresco en los pulmones.
—Ya sabes. Soy Amelia.
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drama psicológico, duelo y pérdida, amor en medio de la muerte
Editado: 15.01.2026