Era raro, veía borroso, no escuchaba casi nada, como si mis oídos estuvieran tapados.
Cada palabra y sonido hace eco, un eco dramático.
—Amelia. — otra vez el eco. — ya es tarde, súbete al carro.
Mi cuerpo se movía solo, en automático, mi boca estaba sellada y solo podía mover los ojos.
No pasó mucho tiempo antes de ver una luz cegadora, el sonido del rechinar de las llantas, los gritos…
Desperté muy rápido, agitada, sudando y llorando. Eran las seis de la mañana, Mason me vio asustado y sin comprender mi agitación.
—¿Por qué lloras?¿qué te pasa?
Me pase la mano por la cara, limpiando las lágrimas y el sudor, las palabras de Walker despertaron una parte de mi cerebro que ya no recordaba el accidente como algo traumante.
—Amelia. — Mason estaba demasiado cerca de mi, nuestras narices casi se rozaron, no me percate cuando se acercó a mi.
—¿Qué tienes, niña?
—Nada, no es nada.
—¿Que no es nada?, estás llorando, ¿eso es ser nada?
Sus intensos ojos negros me volvieron a atravesar el alma.
—Si, no es nada.
Me miró incrédulo, sabiendo que no le quería decir, asintió, claramente no muy convencido y se sentó en su cama, mirándome.
En todos los noticieros siguen nuestro caso, me apuntaban como “sobreviviente” como si eso fuera algo bueno.
Las enfermeras me encontraron en la madrugada, desconectada, me dieron la regañada de mi vida y me volvieron a conectar.
Aparte la mirada de aquella noticia que presentaba una foto mía y de la otra niña.
—Sigue muy exótica a mi parecer, como si fuera blancanieves. — también miraba la televisión.
—Tu conoces a Walker. — consumida por la curiosidad.
—¿Walker que?¿Walker Holland? — me encogí de hombros — Llegué a conocer más de tres personas con el mismo nombre, excepto tu y tu hermana, tus padres fueron únicos. Amelia y Aveline. Les pediré que le pongan nombres a mis hijos.
—Solo me dijo su nombre.
—¿Está aquí?
—Quinta planta.
La cara de Mason se iluminó, a sus ojos les brilló algo.
—Walker, cómo olvidarlo, ¿por qué?
Que buena pregunta. ¿Por qué preguntaría por él?
—Porque… no sé, fue curioso que me hablara de la nada.
—¿Cuando te escapaste?, sin mi. — dijo lo último indignado. Asentí. — Pues él, no ve mucha gente nueva, ¿de que te hablo?
—Pues había una mariposa azul y se acercó a hablarme de ella.
—¿Quieres saber sobre la mariposa o sobre el?
¿Porque preguntaba por él?
—Sobre el.
—Tampoco es como que sepa mucho, le encanta la naturaleza y los animales, sobre todo las mariposas.¿Por que?¿te gusto?
—No… en realidad no lo vi bien. — me sonrió pícaro.
—Y cuando lo veas bien te vas a enamorar.
—¿Tú lo hiciste?
—Si fuera gay, si.
—¿Tu o el?
—Los dos.
La conversación pasó a ser más divertida que informativa sobre Walker. ¿Por qué estaría aquí? se veía perfectamente bien, podía caminar y todo lo que uno hace cuando está sano, su voz era demasiado tranquila y suave, casi como un susurro, pero no había que preocuparse. Debería hacerle caso a Mason y preguntarle yo misma a él, pero quién sabe cuando lo vuelva a ver.
El día pasó lento, no fue tan aburrido gracias a Mason pero yo estaba desesperada por que llegara la noche.
#1262 en Novela contemporánea
#5711 en Novela romántica
#1539 en Chick lit
drama psicológico, duelo y pérdida, amor en medio de la muerte
Editado: 15.01.2026