El lunes amaneció como cualquier otro día, pero algo en el ambiente se sentía distinto. Quizás era la curiosidad por volver a ver a Leia, mi compañera de trabajo, o quizás simplemente necesitaba un cambio de rutina. El caso es que me levanté con más energía de lo habitual, me vestí rápido y decidí salir de casa veinte minutos antes.
Mientras desayunaba un café rápido, pensé en llamar a Gael para que saliéramos juntos y así charlar un rato antes de que empezaran las clases. Descolgó al segundo tono.
-Gael, ¿estás listo para salir?
-Eh... la verdad es que tu llamada me ha pillado por sorpresa. Normalmente no sales tan pronto. ¿Ha pasado algo?
-Ni yo mismo sé por qué he decidido salir antes. Supongo que para evitar escuchar alguna bronca de mis padres -respondí encogiéndome de hombros aunque él no pudiera verme.
-Ya, ya, y yo soy idiota -dijo con un tono que no me gustó nada.
-¿Qué insinúas con eso...?
-Nada, nada. Ahora salgo, casanova -dijo antes de colgar.
¿Casanova? Me quedé unos segundos mirando el teléfono, confundido. ¿Se pensaría que estoy nervioso por algo? No tenía sentido.
Caminaba pensando en eso cuando de repente sentí pasos apresurados detrás de mí.
-¡CHAVAL!
Me giré sobresaltado. Gael apareció jadeando, con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Pero qué haces? -pregunté, aún con el susto en el cuerpo.
-Ay, mi niño, que está nervioso por ver a su amada -dijo con voz cantarina.
-GAEL, te he dicho que dejes esas bromas -respondí, esta vez con un tono más serio.
-Mira, chaval, conmigo no te hagas el sueco. Tú estás loquito por ver a Leia, porque yo en mi vida te he visto salir de tu casa veinte minutos antes. Y quedas el sábado, te echas cuatro risitas y, por arte de magia, la criatura decide madrugar -dijo riéndose, claramente disfrutando de verme incómodo.
-Gael, te estás poniendo especialmente pesado. Te agradecería que dejaras esas bromas aparte -dije, intentando mantener la calma.
Se rió un par de segundos más antes de cambiar el tono.
-Venga, hablando en serio. Me dijiste que te fue bien con ella y que te transmitía tranquilidad, ¿no?
-Sí, eso es cierto -admití.
-Bueno, eso está bien, tío. Ahora necesitas alguien que te dé paz -dijo, soltando una pequeña risa.
-Claro, alguien que sea más o menos como tú -dije, devolviéndole la broma.
-Exacto, ¿no ves que soy adictivo? -respondió, hinchando el pecho con fingida soberbia.
-Pues yo estoy bien triste, macho -dijo Gael, cambiando repentinamente de humor.
-Creo que puedo intuir el porqué -dije con una sonrisa cómplice.
-No me parece normal la mala suerte que tengo.
-Hombre, Gael, de veintiocho personas en clase, era bastante difícil que te tocara justo con la que te gusta.
-Un 0,03 por ciento -apareció de la nada Oliver, justo detrás de nosotros.
-Hombre, Oliver, ¿cuánto tiempo llevas siguiéndonos? -pregunté, sorprendido.
-Lo suficiente para oír a Gael lloriquear sobre la chica a la que no se va a atrever a hablar jamás -dijo Oliver con una sonrisa irónica.
-La semana que viene le hablo, lo juro -dijo Gael.
Oliver y yo intercambiamos una mirada y no pudimos evitar reírnos. Siempre decía lo mismo y nunca pasaba nada.
-Bueno, Aiden, se me pasó preguntarte: ¿qué tal te fue con Leia el sábado? -preguntó Oliver.
-Bien, la verdad. Pasamos una tarde muy agradable juntos.
-Ya ves, tuvo que ser tan agradable que hasta tiene ganas de ir a clase -dijo Gael, riéndose otra vez.
-¿En serio? -Oliver parecía genuinamente sorprendido.
-No hagas caso a Gael, lleva toda la mañana riéndose de mí. Pero sí, pasé una tarde muy agradable. Nos empezamos a llevar bien y estuvimos riéndonos mucho -expliqué.
-¿Y el trabajo? -preguntó Oliver.
-La verdad es que fue difícil hacer nada. Intentábamos avanzar, pero siempre se me ocurría a mí o a ella algún tema del que hablar. No avanzamos casi nada.
-Para ser como eres, Aiden, es raro verte hablar así de alguien -comentó Oliver, observándome con atención.
Llegamos al instituto justo cuando sonaba el primer timbre.
Leia y yo estábamos sentados juntos, como correspondía a nuestra pareja para el trabajo. Cuando llegué, ella ya estaba allí, repasando unos apuntes.
-Hola -dijo, levantando la mirada con una sonrisa.
-Hola Leia, buenos días. ¿Qué tal el fin de semana? -pregunté mientras dejaba la mochila.
-Bien, aunque la verdad es que el otro día no avanzamos gran cosa con el trabajo, ¿no crees?
-Tienes razón, aunque fue una tarde muy divertida -dije, más directo de lo que pretendía.
Ella se sorprendió un momento, pero pronto recuperó la compostura.
-Sí, la verdad es que estuvo bien -respondió, y noté un ligero rubor en sus mejillas.
El profesor entró en ese momento, interrumpiendo nuestra conversación.
-Hola a todos, espero que este fin de semana haya servido para que hayáis empezado vuestros trabajos -dijo, recorriendo la clase con la mirada.
No pude evitar pensar en lo poco que me había importado el trabajo el sábado. La tarde había sido tan divertida que el proyecto quedó en segundo plano.
-Bueno, ahora me voy a pasar por cada mesa para ver cómo vais -anunció el profesor.
Se acercó primero a la mesa de Gael y Oliver. Gael, con su característico dramatismo, levantó la voz:
-¡Esto es una injusticia! ¡Que lo sepa, profe!
-Pero bueno, ¿todavía sigues así? -dijo el profesor, negando con la cabeza mientras Oliver se reía discretamente.
Después de presenciar la escena de Gael perdiendo la poca dignidad que le quedaba, el profesor se acercó a nuestra mesa. Leia y yo intercambiamos una mirada cómplice, pensando ambos lo mismo: ¿qué vamos a decir?
-Bueno, Aiden y Leia, ¿qué habéis hecho vosotros? -preguntó.
Soltó la respuesta antes de pensarlo demasiado:
-Verá, profe, este fin de semana no hemos podido quedar para hacer el trabajo, así que no hemos hecho nada aún.
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Editado: 01.08.2026