Latidos de Septiembre

CAPÍTULO 12

Llegué a clase el jueves con una sola idea ocupando cada rincón de mi cabeza: el partido de Rafa. Le había prometido ir a verlo con Leia, pero algo me frenaba, un nudo invisible que se apretaba cada vez que pensaba en decírselo. Aunque ella ya me había dicho que quería venir, no podía quitarme esa sensación de que estaba pidiendo demasiado.

Entré junto a Gael y Oliver, que iban enfrascados en su conversación eterna sobre Chloe. Siempre lo mismo con ellos. Y aunque en los últimos días Leia se había ido colando en nuestro círculo con una naturalidad que me desarmaba, yo seguía sin cruzar palabra con Chloe ni con Alana. La verdad es que no me atraía la idea, sobre todo porque si Gael llegaba a saber que hablaba con Chloe, estaría firmando mi sentencia.

Entre Leia y yo todavía flotaba algo, una tensión apenas perceptible, como el hilo de una telaraña que se estira pero no se rompe. Se había ido desvaneciendo con el tiempo, pero seguía ahí. Cada mañana nos escribíamos, y la noche anterior habíamos estado enlazando mensajes hasta que el reloj marcó horas imposibles.

Leia entró por la puerta y el aula se iluminó. Se acercó a mí con esa sonrisa que siempre encuentro esperándome al final del día.

-Hola, Aiden -dijo, y su voz era como una luz al final de un túnel.

-Hola, Leia, ¿cómo estás? -respondí, sintiendo que las palabras se me enredaban.

-Algo cansada, anoche se me hizo tarde -admitió, con ese brillo en los ojos que delataba que había sido por nuestra conversación.

-Claro, es que hay que saber cuándo parar de mandarse mensajitos -intervino Gael, con su ojo de lince que todo lo veía y todo lo juzgaba.

Leia se sonrojó al instante, y ese color en sus mejillas me pareció el tono más bonito del mundo. De repente, ella se fijó en mi jersey.

-Oye, no puedes ir así -dijo, y antes de que pudiera reaccionar, se acercó y me ajustó el cuello con una delicadeza que me dejó sin aliento.

Gael, desde su silla, observaba la escena con una sonrisa pícara.

-Madre mía, qué empalagosos vais a ser -dijo, y Oliver asintió con complicidad.

-¿Y todavía decís que sois amigos? Mis amigos no me arreglan el jersey -añadió Oliver.

Los dos respondimos al unísono, como si hubiéramos ensayado:

-No somos novios.

-De momento -sentenció Gael.

Y el mundo se tiñó de rojo en nuestras mejillas.

Entonces apareció Chloe, y Gael pareció transformarse en otra persona.

-¡HOLA, CHLOE! -exclamó, como si hubiera perdido todo sentido de la mesura.

-Hola, Gael -respondió ella, con una mezcla de sorpresa y diversión.

-Qué guapa vienes hoy -soltó él, con una valentía que todos en la sala notamos.

-Pero si siempre vengo con el mismo uniforme -dijo Chloe, y todos estallamos en risas.

¿Qué le había pasado a Gael? ¿De dónde había sacado ese valor?

El recreo llegó después de tres horas eternas junto a Leia, con Gael detrás mío haciendo muecas que me hacían querer desaparecer. Salimos al banco, y no pude evitar preguntarle:

-¿Se puede saber qué te pasa, Gael? Estás muy raro -dije, tratando de entender.

-¿Raro? -preguntó él, fingiendo inocencia.

-Sí, siempre eres tímido con Chloe, y hoy de repente le sueltas que está guapa como si nada. Hasta mi madre se habrá enterado desde casa -comenté.

-Tienes razón, Gael, estás raro -secundó Oliver.

-Pues mira, chavales -dijo Gael, adoptando un tono de sabio improvisado-. He tenido una revelación: no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos. Si no voy a saco, nunca la conseguiré.

-Es una reflexión interesante, sí -dije, arqueando una ceja.

-Pero una cosa es ir a saco, y otra parecer un lunático -dijo Oliver, riéndose.

Justo entonces, Leia apareció y se sentó a mi lado con la naturalidad de quien siempre ha estado ahí.

-¿De qué habláis? -preguntó.

-De que Gael parece un lunático hoy con Chloe -respondió Oliver.

-Ah, sí, también me sorprendió lo atrevido que pareces -dijo Leia, sonriendo.

-Claro, hay que ir a saco, si no me quedo con lo puesto -insistió Gael.

-Haces bien, sigue intentándolo. Hay que atreverse a todo -dijo Leia, y su mirada se posó en mí con una intensidad que me hizo entender que no hablaba solo de Gael.

-Ya ni disimuláis -dijo Gael.

-Bueno, chicos, tengo que hablar con Aster un momento -dijo Oliver.

-¿Y qué tienes que hablar con ese idiota? -preguntó Gael, frunciendo el ceño.

Gael no soportaba a Aster, con su actitud de estrella y su popularidad mal ganada.

-Es sobre un trabajo, Gael, relájate -dijo Oliver.

-La verdad es que nunca he hablado con Aster -dijo Leia.

Nos quedamos los tres en el banco, y entonces, sin planearlo, a Leia y a mí nos iluminó la misma idea.

-Oye, Gael -dije.

-¿Qué? -respondió.

-Venga, háblale a Chloe. ¿No eras tan valiente? -lo provoqué.

-Qué va, tío, me da cosa -dijo, con el tono de quien ya está perdiendo la batalla.

-Venga, no seas cobarde -insistí.

-¿Cobarde yo? Ahora mismo voy -dijo, levantándose con una determinación que sabíamos que era más orgullo que valor.

Leia me miró con una sonrisa cómplice, y yo le devolví el gesto.

-¿Ves qué fácil es picarlo? -susurré.

-Sí -respondió ella, riéndose-. Ahora, ¿qué tal si comentamos el partido?

-Esta tarde hay fútbol -recordé-. ¿Vas a querer venir conmigo?

-Claro, contaba con ello -dijo, y su sonrisa iluminó todo mi día.

Entonces, mientras observábamos el intento de Gael con Chloe, empezamos a narrarlo como si fuera un partido.

-Arranca Gael por la banda -dije, adoptando el tono de un locutor.

-Supera a Alana con facilidad-continuó Leia,-Y se acerca a la portería -seguí yo, sintiendo que mi corazón latía al ritmo de la escena que teníamos delante.

-Se pone a hablar con Chloe, dice una tontería... se queda callado... Chloe le mira con mala cara... -dijo Leia.

-Y... balón parado por Chloe -rematé, mientras los dos estallábamos en una risa que nos unía más que cualquier confesión.




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