Latidos de Septiembre

CAPÍTULO 16

Llegó el lunes, el día que siempre había odiado con toda mi alma, pero esta vez todo era diferente. La noche anterior me había dormido con una sensación completamente nueva, algo que jamás había experimentado. Tengo novia. Es Leia. Qué bien suena eso. Hace apenas un mes, ni siquiera era una idea que rondara por mi cabeza. Es tan especial... ¿Cómo pude estar en la misma clase que ella durante tantos años sin siquiera darme cuenta?

Miré mi teléfono y allí estaba ella, con un mensaje que decía:

-Buenos días -acompañado de un pequeño corazón rojo.

Me quedé mirando ese corazón que me había enviado. Nadie me había mandado nunca uno. Y allí estaba yo, sonriendo como un idiota frente a la pantalla.

Contesté con tono divertido:

-Buenos días, novia -escribí.

Pocos segundos después, ella leyó el mensaje y respondió:

-Me gusta mucho que me llames así.

Salí de casa y allí estaba Gael, esperándome como cada mañana. La noche anterior le había enviado un mensaje contándole que todo había ido bien y que ahora éramos novios. Todavía me parecía tan irreal... pero me encantaba.

-Bueno, chaval, ¿qué tal? -preguntó Gael con una sonrisa pícara.

-Pues extraño, la verdad -respondí.

-¿No estás contento o qué? -dijo, frunciendo el ceño.

-Claro que estoy contento. Estoy en una nube -dije, y no pude evitar sonreír de nuevo.

-Bueno, espero que no pretendas que esto sea un secreto -comentó con tono burlón.

-¿Por qué lo dices? -pregunté, aunque ya sabía lo que venía.

-Porque será cuestión de tiempo que toda la clase se entere de que estáis juntos -dijo Gael, disfrutando de mi incomodidad.

-A mí me da mucha vergüenza, la verdad. Preferiría que no se enterase nadie -confesé.

-Ah, ¿te da mucha vergüenza? Pero para darte besitos en medio de la calle no tienes tanta, ¿eh? -dijo riéndose.

Sabía que Gael no me dejaría escapar tan fácilmente. Me esperaba una buena dosis de bromas.

-¿Puedo llamarla cuñada? -preguntó, vacilándome.

-Eso será mi hermano, pero déjate de bromas -respondí, intentando sonar serio.

-¿Y cuñadita? -siguió bromeando.

-Gael, stop -dije, frenando sus impulsos.

Caminando hacia el instituto, un poco antes de llegar, nos encontramos con Oliver. Gael no tardó ni un segundo en hacerle partícipe de la noticia.

-Me alegro mucho, Aiden. Era bastante evidente que tarde o temprano acabaríais saliendo -dijo Oliver con una sonrisa-. Lo que no esperaba es que fueras tú el que la pidiera salir.

-Bueno, en algún momento tenía que ser -respondí, sonriendo.

Nadie sabía lo mal que lo había pasado para llegar hasta aquí. Eso se quedaba guardado en mi memoria.

Entramos en el instituto, y allí estaba ella. Esperándome.

Los dos nos quedamos quietos, sin saber muy bien qué hacer. ¿Un beso? ¿Un abrazo? ¿Un saludo normal?

Los dos nos reímos al darnos cuenta de que estábamos pensando lo mismo, y finalmente nos dimos un abrazo. Delante de Gael y Oliver.

-¡VIVA EL AMOR! -gritó Gael con tal fuerza que se oyó hasta en el otro extremo del pasillo.

-La madre que te parió, Gael. ¿No te he dicho que se supone que es un secreto? -dije, sintiendo cómo el rubor invadía mis mejillas.

Empezaron las clases, y Leia y yo, gracias a Gael, habíamos pasado un momento terriblemente vergonzoso.

Durante las primeras horas, me senté con Gael y Oliver. Leia estaba justo delante de mí, con Chloe, que también sabía que acabábamos de empezar una relación y me había amenazado con matarme si hacía sufrir a su amiga.

-Leia -la llamé en voz baja.

Ella se giró, con el rostro lleno de curiosidad.

-¿Dime? -preguntó, extrañada.

Le sonreí y dije:

-Nada. Solo quería ver cómo era llamarte siendo mi novia.

Ella soltó una risa suave y, al cabo de un rato, dijo:

-Aiden.

-Dime -respondí.

-Quería probar lo mismo. Mola -dijo, riéndose entre dientes.

-Madre mía, vaya dos pesados -dijo Gael a nuestra espalda.

Noté cómo Chloe se reía, y su risa parecía iluminar el rostro de Gael. Eso podía venirle muy bien.

En un cambio de hora, incluso Aster se acercó. Eso ni a Gael ni a mí nos hizo gracia. Ninguno le teníamos ningún cariño.

-Bueno, parece que has empezado a salir con Leia, ¿no? -dijo Aster, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Gael se quedó mirándolo, con el rostro lleno de desprecio y sin ningún disimulo.

-¿A ti qué te importa lo que pase entre Leia y él? -dijo Gael en un tono cortante.

-Nada, solo decir que seáis muy felices -respondió Aster, encogiéndose de hombros-. Pero Leia no es todo lo que parece. Claro, como aquí la gente empieza relaciones sin conocer a la persona...

-Mira, chaval -lo interrumpió Gael-, vete a molestar a otra parte. Al final te vas a buscar un problema conmigo.

Yo me quedé callado. ¿Que Leia no es lo que parece? ¿Acaso han sido amigos antes? Recuerdo perfectamente que un día, cuando Aster se acercó a ella, Leia dijo que nunca había hablado con él. Definitivamente, no entendía nada.

-Aiden, a este payaso no le hagas ni caso -dijo Gael, poniendo una mano en mi hombro-. Que no te estropee el momento.

-Tienes razón -dije, aunque las palabras de Aster seguían resonando en mi cabeza.

Decidí pasar del tema, al menos de momento.

Antes de salir al recreo, Leia me regaló una pulsera. Para que llevara algo suyo, igual que yo había hecho con ella. La acepté con una sonrisa, sintiendo que mi corazón latía más fuerte.

Salimos al recreo y nos sentamos todos juntos. Esta vez Chloe también vino con nosotros. El banco ya no daba para más.

-Bueno, tortolitos, ¿qué tal vuestro primer día? -preguntó Gael con una sonrisa maliciosa.

Leia y yo nos pusimos rojos como tomates. Todavía no habíamos normalizado la situación, y el humor de Gael no ayudaba precisamente.

-Me ha gustado ver cómo has echado a Aster -dijo Chloe, mirando a Gael con interés.




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