Láveth. Desprestigio

Capítulo 2

Y entonces despertó.

Joshua quedó un momento viendo al vacío tratando de recordar lo más que pudiera del sueño. Quería poder juntar todas las partes de aquella horrible pesadilla blanca que lo atormentaba todas las noches, pero como en cada mañana los detalles se perdían, los rostros se borraban y los eventos desaparecían.

Su alarma sonó cuando él ya estaba despierto, pero no lo alejó de sus pensamientos. Las últimas par de semanas habían sido extrañas para él y su padre. Dolid quedó sorprendido cuando una mañana al salir de casa para tomar aire fresco encontró a su hijo inconsciente en su jardín. ¿Cómo era posible que el menor de los Romero hubiera escapado del Lugar Blanco y llegara hasta su casa? ¿Sería algún plan de sus compañeros miembros de Concejo Superior? Si no era así, ¿qué repercusiones tendría aquello? La verdad no lo sabía, pero la felicidad de su rostro al verlo ahí había sido imposible de contener, y de algo estaba seguro, si su hijo ya estaba en casa no dejaría que lo volvieran a encerrar, al menos no sin una valorización de por medio.

Cuando el joven despertó por primera vez vio una habitación blanca y por un momento temió lo peor, sin embargo, en cuestión de segundos su padre se había abalanzado hacia él dándole un gran abrazo. Los ojos de Dolid se llenaron de lágrimas y no dejaba de besar a su hijo.

—¿Dónde estoy? —preguntó Joshua desconcertado.

—De donde nunca debiste salir, hijo —respondió su padre—, estás en casa.

Durante días, diversos agentes y algunos miembros del Concejo Inferior de Nawebe visitaron la casa de los Romero. Buscaron pistas en el hogar, entrevistaron una y otra vez a Joshua y a su padre, y según se contaba, también a varios agentes, guardias y comandantes del Lugar Blanco. Por más que trataron de entender cómo había sido posible, no encontraron respuestas, por primera vez en la historia un lavithio se había fugado del temible Lugar Blanco.

El escape de Joshua había pasmado a todos los lavithios del mundo. No había país en donde no hubiera llegado la escurridiza noticia. Los miembros del Concejo Superior, sobre todo Lorenzo Back, que era el Máximo jefe, estaban frustrados. No era tiempo para desmeritar el trabajo del grupo rector, menos acercándose las elecciones.

Cada seis años, los seis miembros del Concejo Superior actual, o grupo rector como a veces se le llamaba, entraban en candidatura para conocer quién sería el siguiente Máximo, título que se le daba al jefe mayor del Concejo Superior y de todos los lavithios. Fácil pudiéramos compararlo con un presidente, sin embargo, el Máximo era más que eso, pues se encargaba de liderar a todos los lavithios del mundo.

Lorenzo no tenía miedo de perder, ¿o sí? Pero estaba decidido a ganar una vez más el puesto de Máximo, conocía a sus colegas miembros del Concejo, tal vez todos eran grandes y buenos en sus puestos, pero él tenía planes para dar grandeza a los lavithios, su plan había comenzado hacía meses, pero necesitaba un poco más de tiempo para lograrlo.

Los lavithios cada vez se sentían más decepcionados de sus líderes. Los rumores de un nuevo grupo de reacios, la muerte de una de los miembros más importantes del Concejo Superior y el escape de un lavithio de la cárcel más segura de su mundo no eran noticias para dejar pasar. Lorenzo necesitaba actuar y pronto.

***

—¿Cómo escapaste? —preguntó un agente.

Joshua no podía concentrarse en su nuevo interrogatorio. Realmente se sentía hastiado al estar junto a aquel señor. Su liso cabello blanco, peinado hacia atrás, que combinaban con su traje denotaba una formalidad excesiva, las arrugas que deslucían su alargado rostro y marcaban su enorme frente mostraban a una persona fría y la felicidad falaz que trasmitía distraía a Joshua constantemente. Fue necesario que Tulio Lebarón, el agente, repitiera las preguntas más de una vez.

—Te estoy haciendo una pregunta, muchacho. ¿Cómo escapaste? —dijo con un tono malhumorado que trató de ocultar.

—No lo sé. Se lo he dicho a varios agentes —dijo más en un tono tímido que enojado.

Se encontraban en el comedor de la residencia de los Romero, pero no se sentía en su hogar, estar con aquel hombre lo transportaba a una sala de interrogatorio gris y fría, la luz del lugar parecía desaparecer, se sentía atrapado. Habían condicionado el lugar para la indagación. Las puertas y ventanas habían sido selladas con alguna luz morada, posiblemente un muro de fuerza. El Concejo buscaba que lo que se hablara ahí dentro no fuera escuchado por nadie más, ni si quiera por Dolid, que se encontraba en la sala de estar esperando a su hijo.

Tulio se encontraba frente a Joshua, solo con la mesa de por medio, lo acompañaba un cuadernillo y una pluma. Una jarra de agua era el centro de mesa y dos vasos vacíos la acompañaban, ninguno de los dos se sentía cómodo como para beberla. Joshua miraba sus brazos, desde que había llegado del Lugar Blanco unos pequeños moretones circulares adornaban su extremidad, no sabía de qué eran y no había obtenido respuestas sobre eso, pareciera que nadie lo sabía. En ocasiones olvidaba las marcas, pero cuando se sentía tenso, como en aquel momento, solía verlas más de lo normal, aunque tal vez solo era una excusa para no ver al agente a los ojos.

—Sabes que puedes confiar en mí, soy tu amigo y no tu enemigo —esbozó el agente con una enorme sonrisa tan espuria y fingida que era incómodo verla.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

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