Láveth. Desprestigio

Capítulo 3

No pasó mucho cuando los Romero se encontraban mudándose de hogar. Dolid le había afirmado a su hijo que aunque todavía no terminaba la investigación era su oportunidad de comenzar de nuevo. No podían alejarse de los problemas, eso era cierto, pero estar en un ambiente más natural sería lo mejor para la salud mental de Joshua.

—Sinedeo, ¿eh? —preguntó Joshua cuando llegaron por primera vez.

Ubicado en algún lugar del norte de Nawebe, Sinedeo era el pueblo donde Dolid había nacido. Era cierto que la zona norte del lugar había crecido hasta formar una pequeña ciudad, pero en la zona sur, Sinedeo seguía pareciendo un pueblo, y eso es lo que necesitaban, tranquilidad.

Llegaron a la casa que su abuelo, Miguel Romero, había heredado a su padre al morir. Una vivienda amplia ubicada en el sur del pueblo, cerca de las zonas montañosas y boscosas del lugar y a unos kilómetros de la cascada y el lago. La vivienda representaba realmente lo opuesto a la urbanidad en la cual se había criado Joshua.

—A lo mejor la casa no es tan bonita como en la que vivíamos, pero…

—Está bien, papá —interrumpió Joshua—, en verdad.

Dolid sonrió. Comenzaron a arreglarla, era un alivio que no hubieran tenido que traer todos los muebles, pues el domicilio ya contaba con ellos, el problema era limpiarla, tras años vacía el polvo y las telarañas se habían convertido en parte de ella.

—Será mucho trabajo, pero lo lograremos —anunció Dolid mientras con un dedo toqueteaba el polvo de un mueble cercano a él.

Los días pasaban volando con tanto por hacer, pero pronto la morada quedó perfecta para ellos. Las paredes de barro que se adornaban por telarañas quedaron limpias, el techo que había sido destrozado por las lluvias de la zona quedó arreglado, las ventanas que antes eran opacas habían sido cambiadas por vidrios nuevos y la fachada de piedra que antes le daba un aspecto lúgubre, ahora trasmitía calidez, hasta la chimenea había quedado lista para su funcionamiento, realmente parecía un hogar.

Por otra parte, el joven seguía sufriendo la misma pesadilla común. Se veía en El Lugar Blanco, podía ver a tres personas sacarlo de ahí pero nunca lograba escapar del todo: algunas noches, los tres sujetos lo abandonaban a medio camino, en otras se daba cuenta que solo querían sacarlo para seguir usándolo como carnada para el Concejo y en ocasiones, tras todo el escape se daba cuenta que entre sus salvadores se encontraban caras de gente que le aterrorizaban, como el agente Tulio o Lorenzo Back que solo querían hacerle daño dentro del sueño.

—Papá, tú que eres parte del Concejo Superior, ¿se descubrió cómo llegué a casa? —preguntó Joshua un día en los que el tiempo comenzaba alcanzarles para pensar más.

Dolid no contestó.

—¿Por qué me dejaron quedarme contigo? —preguntó al ver que no obtendría respuesta de la pregunta anterior.

—El Concejo Superior… —dijo su padre sin verlo a los ojos—. El Concejo Superior así lo decidimos.

—¿Así sin más?

—Casi, así sin más —dijo pensativo.

Joshua odiaba tener que hacerle tantas preguntas a su padre, le recordaba tanto a los interrogatorios, pero en ocasiones era inevitable. Así como las autoridades lavithias querían saber todo sobre su escape, el propio Joshua quería conocer todo lo que había pasado, era una lástima que no recordara más y que su padre no colaboraba del todo por responder sus dudas.

—¿Y ya saben que son las marcas? —dijo señalando las pequeñas cicatrices circulares que se encontraban por todo su brazo izquierdo.

—Como ya te he comentado, lo desconozco, hijo. Eso debió pasarte antes de entrar al Lugar Blanco. Teníamos meses sin vernos, Joshua, estabas en tu Presentación, después el encierro, todo pasó tan rápido, que no sé ni qué, ni cómo pasó.

Joshua quedó en silencio. Como de costumbre no había obtenido información de su sueño, ni de las marcas, ni de nada más, pero quiso creer en su padre, o al menos en sus intenciones, pues lo más seguro es que no le dijera nada para no complicarle más la vida, una vida que según el propio Dolid, no debía pasar un niño de la edad de Joshua, además que los asuntos del Concejo Superior, o el CS, como prefería llamarlo Joshua, eran de mucha delicadeza y no se compartían con nadie que no fuera parte del mismo.

Un día, cuando todo parecía volver a la normalidad, alguien tocó a la puerta. Tulio acompañado de otro agente, vestidos con su típica vestimenta blanca, decidieron visitar el nuevo aposento Romero para llevar noticias, según ellos, estupendas.

Dolid los invitó a pasar a la sala y los acomodó en los pequeños sillones carmesí que adornaban las paredes de tonos cafés. Joshua que debía estar enterado de todo se acercó a su padre, pero decidió no sentarse.

—Cómo lo sabe, señor Romero —dijo Tulio, el mismo agente que Joshua ya había conocido—, el caso del joven Joshua Dolid Romero Ferrer aún no termina —leyó viendo un pergamino—, por lo que es importante que para dar por finalizado estos momentos tan difíciles para todos, realizar una valorización a su hijo lo más pronto posible —dijo ahora viendo al muchacho con una siniestra sonrisa.

—¿¡Perdón!? —preguntó Joshua desconcertado.

—Sí, hijo —dijo el Romero mayor poniendo una de sus manos en su espalda para consolarlo—. Así lo decidimos en el Concejo Superior, solo que no se me dio autorización de decírtelo, debíamos esperar.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

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