Láveth. Desprestigio

Capítulo 5

Despertó tirado en un terreno baldío. Posiblemente eran las 6:00 de la mañana, porque el sol estaba a punto de salir, Joshua no tenía frío, Sinedeo estaba pasando por sus últimas semanas de calor de septiembre. Le dolía la garganta, era como si hubiera dormido en aquel lugar sin cobertor alguno, aunque eso no tenía sentido, él recordaba perfectamente haberse acostado en su habitación.

Su padre salió esa noche, le había comentado que el CS lo requería y que posiblemente llegaría hasta el día siguiente en la tarde, pues tenía un compromiso importante en otro país.

—No quiero dejarte solo, cariño —dijo Dolid minutos antes de salir—. Si necesitas que me quede aquí contigo pongo cualquier excusa para no ir.

—Papá, no me importa quedarme solo, además debes cumplir con tu trabajo, no quiero que tus ausencias nos perjudiquen en la valorización.

Sin embargo, Joshua mentía. Realmente le daba pánico quedarse solo en aquella casa. No creía en fantasmas, mucho menos en seres espeluznantes, pero sí le agobiaba la soledad, al menos desde su salida del lugar blanco. Comprendía que su padre tenía que cumplir con su deber como miembro del Concejo Superior, pero no quería que se fuera, no quería quedarse solo.

Pensó en hablar a un amigo para que lo acompañara en casa, sin embargo, no tenía ninguno. Su padre era su única amistad y agradecía llevarse tan bien con él, pero siendo sincero, un joven de 16 años también necesitaba a un confidente de su edad. En su antigua ciudad, antes de haber ingresado a la Presentación y perder su memoria había tenido muchos amigos, o al menos conocidos que fingían ser sus camaradas, pues era alguien popular en su colegio, sin embargo, ahora, en su nuevo lugar de residencia, había pasado a ser un cero a la izquierda. Él sabía que su personalidad era diferente desde la presentación y sabía que la muerte de Ibea tenía mucho que ver.

Itzel había cumplido con su promesa, desde el segundo día de clase no lo dejaba solo, y lo agradecía, solo con ella podía comportarse con la confianza y seguridad que antes había tenido, aun así aún no le tenía la intimidad para invitarla a su casa, menos sin estar Dolid, no quería que aquello pareciera una cita romántica o que la profesora Ebi pensara algo malo de él por invitar a una chica a una casa sin la supervisión de un adulto.

El resto del grupo lo ignoraba completamente, en ocasiones pensaba que a lo mejor era invisible y no sabía cómo sentirse con ello. Por una parte le alegraba no llamar la atención de los demás, pero por otro lado se sentía solo y aquello le aterraba, si no fuera por Itzel se volvería loco.

Para los que no era del todo invisible era Fabián y sus amigos que se encargaban de decirle ofensas cuando pasaban cerca de él, claro siempre y cuando no hubiera un docente cerca de ellos, porque aparte de ser unos acosadores eran unos cobardes, pensaba Joshua cada vez que fingían que no hacían nada malo con él porque se acercaba un profesor. Joshua no sabía cómo reaccionar ante el trío, sabía que podía y debía defenderse, pero no lo veía prudente, qué pasaría si en su cólera hacía algo que no debía con sus habilidades, por lo que había optado por actuar pasivamente, lo que le había dado más cuerda al trío para envalentonarse contra él.

Entonces, si estaba solo ¿a quién podía hablar? A nadie era la respuesta. Así que decidió ver la televisión, pero la verdad es que no lograba atraparse por ninguno de los programas, cambiaba una y otra vez de canal, nada le parecía interesante como para hacerle olvidar que estaba en una casa vacía, salvo por él. Pensó en llamar a sus viejos amigos, pero era realista, ninguno de ellos era una verdadera amistad. ¿Quién de ellos había tratado de comunicarse con él desde que se mudó a Sinedeo? NADIE era una vez más la respuesta.

Seguía solo cuando decidió acostarse a dormir, o eso creía. Era temprano, posiblemente las 7:00 de la tarde porque el sol apenas comenzaba a esconderse entre las montañas de la zona. La televisión nomás no había logrado atraparlo y su padre no llegaría hasta la tarde del otro día, así que prefirió dormir, eso haría que el tiempo pasara más rápido, sin embargo, batalló para conciliar el sueño, pues mientras empezaba a quedarse dormido, sentía que alguien le susurraba algo en el oído, no entendía bien que le decía, pero el sueño se le espantaba por otros minutos más. Por un momento, pensó que se estaba volviendo loco, pero luego llegó a la conclusión de que era un sueño que se mezclaba con la realidad, por lo que no le tomó importancia. Luego perdió el conocimiento, hasta que despertó en aquel terreno baldío.

—¿Hola? —preguntó por inercia mientras se incorporaba del suelo y se sintió tan tonto como un personaje de una película de terror, aunque por el color del cielo y la penumbra del sol que apenas quería salir de nuevo sí parecía estar dentro de una historia de miedo.

—¿Dónde estoy? —preguntó en voz alta, era un pensamiento que había dejado escapar por sus labios, por lo que realmente imaginó que nadie debía contestarle.

—En un terreno baldío, pensé que sería obvio —contestó una voz proveniente de quien sabe dónde.

—¿Quién dijo eso? —cuestionó Joshua atemorizado buscando por todos lados.

—Una amiga —contestó una vez más la voz, sin embargo, Joshua seguía sin ver a la dueña de aquellas palabras.

—¿Estoy soñando?

—Lo dudo, en ese caso estaríamos soñando lo mismo —argumentó.

Por fin, la figura se acercó al joven, pero la poca luz del sol que iluminaba desde la espalda de la recién llegada no dejaba de ver su rostro, solo su silueta.



#1768 en Fantasía
#506 en Joven Adulto

En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.