Láveth. Desprestigio

Capítulo 6

Joshua se encontraba en la sala de espera del tribunal. La sala parecía un gran trapecio y agradecía no estar dentro de una habitación con forma de hexágono. Al menos, seis puertas voluminosas y marrones adornaban las paredes verdes y grandes columnas de espejo ornaban el espacio. Estaba muy luminoso para no haber ventanas. A pesar de haber butacas, Joshua prefería estar de pie para no estresarse más. La sala no era realmente grande, pero la soledad del escenario figuraba al joven estar en un lugar enorme.

En ocasiones como aquella se preguntaba si los humanos nunca habían encontrado sus territorios. Su padre siempre le había explicado que los lavithios escondían sus lugares más intrascendentes en zonas tan simples que los no lavithios jamás se imaginaban que hubiera algo diferente ahí, en cambio, cuando el lugar era significativo, un lugar solo y alejado de la sociedad era indispensable. Si aun así, un humano encontraba algo que no debía, se contaban historias muy turbias sobre lo que pasaba con él.

Existían diferentes tribunales escondidos en el mundo, sin embargo, en un juicio tan importante como el suyo, el mejor tribunal era el ubicado en el continente Levithe.

Levithe, el único de los continentes que los humanos no conocían tenía algún tipo de encantamiento nacido desde la creación de la Tierra, por lo que si un humano atravesaba la zona, solo vería mar. Para que un humano pudiera encontrar los territorios de los descendientes de los antiguos protectores tendría que ser llevado por un lavithio, entrar por algún medio de transporte lavithio o cruzar alguno de los portales escondidos por las tierras humanas. Pocos humanos habían tenido contacto con esta tierra, sin embargo, tampoco era un suceso extraordinario.

Danzaba de izquierda a derecha y de diestra a siniestra, sus pasos eran un baile en el que deseaba no participar, pero le era imposible dejar de moverse. Joshua no había podido desayunar y daba las gracias por aquello, pues este sería el momento perfecto para devolver todo lo que hubiera tragado en el pasado. El nerviosismo recorría todo su cuerpo como un temblor venidero. Joshua lamentaba que su padre lo hubiera dejado ahí solo, entendía que por ser parte del Concejo Superior debía prepararse, pero la tensión era cada vez mayor.

El Concejo Superior se encontraba en alguna sala al contiguo, los seis miembros dialogaban entre ellos, observaban papeles y trataban de organizarse, no estaban acostumbrados a realizar valoraciones, usualmente lo hacían los Concejos inferiores. Existía un Concejo inferior en cada uno de los países, conformados por cinco integrantes y liderados por el Máximo del Concejo Superior, eran ellos los que se encargaban de las valorizaciones de los delitos cometidos en sus países, sin embargo, en aquella ocasión el crimen había sido cometido en País Central, el único país exclusivo de lavithios ubicado en Levithe, algo un poco extraño, pues desde la segunda guerra, el lugar no había sufrido ningún atentado de ninguna clase. Por este motivo, la valorización estaría en manos del Concejo Superior. Dolid lo agradecía, pues de esta forma acompañaría a su hijo, aunque fuera como su verdugo. Sabía que sus compañeros jamás se dejarían sobornar solo por ser su descendiente, sin embargo, esperaba que tuvieran al menos alguna consideración.

Joshua caminaba y pensaba. Caminaba siguiendo el extraño patrón de la loseta marrón y pensaba en Ibea. A pesar de haber olvidado sus clases con ella, recordaba cierto cariño y estima que le tenía: era una gran mujer. Como deseaba regresar el tiempo, evitar su muerte o tan siquiera pedirle perdón por un crimen del que ni siquiera recordaba. Irónico.

Sería la presión, el sofocante calor que inundaba la sala o la soledad a la que se aferraba en aquel momento, pero por primera vez en semanas se daba el permiso de recordar a Ibea, incluso dejó que sus recuerdos fueran más allá. Cuando los interrogatorios Joshua se forzaba a recordar más de lo que quería, pero nunca funcionó del todo, pequeños momentos habían llegado algunas veces, pero jamás algo digno, hasta hoy…

—¿Dónde están tus guantes? —Escuchó el recuerdo de la voz estruendosa de Ibea y creyó ver su rostro en una de las columnas.

—No lo sé, se han de haber caído mientras escapábamos de ellos… —dijo Joshua, alterado, en la misma memoria que ahora pasaba por su cabeza.

Estaban en las afueras de un bosque, posiblemente el de los clamores. La luna alumbraba la noche y Joshua aventó seis pequeños triángulos de plata al suelo y se dejó caer de rodillas al lado de ellos.

—Escúchame —jadeó Ibea y Joshua levantó su mirada para verla directamente a los ojos—, debes prometerme que cuidarás las llaves, ellos harán lo que sea para que se las entregues —dijo mientras recogía los seis triángulos rectángulos del suelo con unos guantes puestos —. Prométeme, Joshua, que no te dejarás llevar por lo que te digan, te dirán lo que sea para que confíes en ellos, pero no lo hagas. JOSHUA, PROMÉTEMELO —dijo mientras lo agitaba… Misma agitación que lo hizo volver a la realidad. Pero no era Ibea quien lo hacía, sino Sinan.

—¡Joshua! ¿Estás bien? —enunció Sinan—. Te he llamado un par de veces y no me escuchabas.

Joshua estaba pasmado. No entendía el contexto de la memoria, ni siquiera sabía cómo había logrado recordar tan siquiera un poco, pero su abogado ahí presente no dejaba acomodar sus ideas.

—Estoy bien. Solo un poco nervioso —dijo sin ver a los ojos a Firatez.

—Es normal estarlo, pero debes tranquilizarte. Sé que quisieras tener a tu padre a tu lado, pero así como en nuestras juntas privadas, por ser miembro del Concejo Superior él no puede tener acceso a nada de lo que hablemos nosotros, aunque él es quien me paga —dijo esto a manera de broma, una muy mal broma, mientras daba un pequeño golpecito al brazo de Joshua quien no hizo ningún gesto—. Será como en nuestros ensayos, los seis miembros del Concejo Superior serán los encargados de interrogarte y con ello veremos cuál será tu sentencia para ser perdonado. Las preguntas serán crueles, pero recuerda que lamentablemente mi participación será mínima, a diferencia de los juicios humanos, los abogados solo podemos objetar en algunos casos, tu deberás defenderte por tu cuenta.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

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