Láveth. Desprestigio

Capítulo 7

Durante los siguientes días a la valorización, Itzel había comenzado a juntarse más con Joshua. Por alguna extraña razón se sentía en la obligación de hacerlo sentir querido, tal vez porque en algún momento le habían hecho sentir así a ella.

Si hubiera sido por la joven, lo hubiera acoplado a su grupo de amigos, pero parecía que estos no aceptaban del todo a Joshua, a excepción de Sibila que de vez en cuando se juntaba con ellos. Biel se limitaba a hacerle malas caras, Armida no lo odiaba, pero tampoco hablaba con él, los más negados en aceptar al chico nuevo eran el trío conformado por Fabián, Raúl y Alberto que aprovechaban cualquier oportunidad para molestarlo y hacerlo sentir mal. Joshua no había encontrado la forma de defenderse, pues le daba miedo no controlar alguno de sus poderes, por lo que optaba por esconderse del trío o estar siempre cerca de algún profesor o Itzel, pues cerca de ellos no se animaban a molestarlo, aunque en varias ocasiones Fabián sí cuestionaba a Itzel por juntarse con Joshua.

Alguien a quien parecía que tampoco le agradaba que Itzel se juntara con Joshua era a la profesora Rita. El lavithio sentía que su profesora de Lengua buscaba cualquier excusa para evitar que su sobrina se sentara cerca de él. En ocasiones la había descubierto viéndole con una mezcla de curiosidad y odio, aunque no entendía los motivos. Incluso en una ocasión creyó verla regañar a Itzel por juntarse con él, pero cuando le preguntó a su amiga que sí que le había dicho se había limitado a decirle que problemas familiares, aunque Joshua sospechaba de la mentira, pues al decirle eso no se había atrevido a verlo a los ojos.

Itzel había decidido darle un recorrido a Dolid por todo el pueblo. Habían quedado en salir un sábado, pues así tendrían más tiempo. Eran de aquellos días en que el viento acariciaba el cuerpo, un presagio de un frío venidero de los próximos meses. Para suerte de Joshua, amaba el viento más que ninguna otra persona que él conociera, sentir su tacto lo rodeaba de paz y tranquilidad, su caricia, aunque fresca, le ofrecía un tacto cálido, aunque parecía que Itzel no lo apreciaba tanto, incluso se le podía notar un tanto irritada.

—Desearía que fuera un mejor día, pero parece que la suerte siempre juega en mi contra.

—¿Bromeas? Debo admitir que amo el viento —expresó con entusiasmo y luego añadió—, en ocasiones me imagino siendo un ave que vuela y siente la brisa. Lo sé, lo sé —añadió al ver la expresión de Itzel—, se escucha extraño, pero el viento me da libertad.

Itzel rio.

—No te sientas mal por mi risa, es solo que me da felicidad verte feliz —dijo entre carcajadas—. Sabes, yo también tengo un poco de melancolía dentro de mí. Nunca te sientas raro por sentir lo que sientes, eso te hace especial y realmente me agrada quién eres.

Joshua se limitó a responder con una pequeña sonrisa tímida.

Comenzaron por la zona sur, pues ambos vivían ahí. El lugar parecía más una zona rural, incluso era común encontrar sembradíos en ciertos espacios o incluso ganado. Las carreteras eran pequeñas y la mayoría seguían siendo de piedra en vez de concreto. Las lámparas que alumbraban las calles seguían teniendo un color amarillo opaco lo que daba un aspecto cálido en la noche. Las casas se veían viejas, al igual que sus habitantes, que en su mayoría parecían haber añejado con sus hogares. Joshua hubiera podido jurar que algunas construcciones tendrían más de 200 años. Había muchas viviendas en ruinas, el tiempo y la soledad había hecho estragos en ellas.

Aquello le hacía pensar en su abuelo, era parecido a su padre, solo que con canas y arrugas, su cuerpo era delgado y la gravedad parecía hacerle estragos en su postura. Pocas veces lo había visto, pero podía imaginarlo caminando en aquellas calles, observando lo mismo que él veía en aquel momento.

Cerca de la zona sur se lograban ver unas montañas, donde según contaban había una cascada y un lago. La joven prometió a Joshua que un día lo llevaría, pero que aquello requería de un día completo, pues escalar las montañas llenas de pinos no era tan sencillo como parecía.

—Te prometo que algún día iremos ahí, es de mis lugares favoritos del mundo entero… Bueno no es que conozca el mundo, pero al menos de todo aquello que he visto —dijo mientras cogía a Joshua por el brazo para caminar a la par—. En verdad, es maravilloso y misterioso, pero como te digo, caminando necesitamos todo un día para hacer aquel recorrido y en auto se pierde la magia del paseo.

Joshua esperaría con impaciencia aquella salida, pues desde su casa podía ver las montañas tan cerca que en ocasiones pensaba que solo debía salir de su hogar y comenzar a correr para llegar a la cima. Sin embargo, quería esperar, no tanto porque fuera un sujeto paciente, sino porque el ir con Itzel lo motivaba más de lo que creía.

Estando aún en el sur, pasaron por una zona llena de terrenos baldíos, en unos de ellos se veían ruinas, pero la mayoría solo tenían pasto alto y seco. Joshua creyó reconocer el lugar…

—¿Qué es aquí?

—Lo llaman la zona inhabitable —dijo la joven y a Joshua le dio gracia, pues en Levithe había una zona llamada de la misma forma—, son espacios donde nadie vive, los dueños de estos lugares murieron y sus hijos se fueron a ciudades más grandes, pero nunca quisieron vender los terrenos tal vez por valor sentimental, la verdad no estoy segura, posiblemente Sibila que sí es originaria de aquí sepa más sobre esto.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

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