Láveth. Desprestigio

Capítulo 8

La semana posterior a la pelea había sido larga para Joshua.

Al día siguiente el joven lavithio se despertó en su habitación con un dolor de cabeza horrible. No recordaba haber llegado hasta allí, pero sí tenía presente el por qué. El día anterior había tenido una batalla contra sus tres acosadores, en el momento en que pensó que sería ferozmente golpeado por Fabián, fue salvado por un joven misterioso. No había luz en aquel callejón, por lo que no había forma de distinguirlo del todo, pero una pequeña cicatriz que adornaba su ojo derecho lo delató, pues Joshua supo que esa herida la había hecho él mismo. Incluso lo había defendido con la misma hazaña con la que le había hecho aquella cicatriz.

No era la primera vez que veía a aquel misterioso joven, lo recordaba del día de su valorización, alto y delgado, su cabello era negro y contrastaba con su piel blanca, sus cejas pobladas e igual de negras que su cabello, resaltaban en su cara, imaginaba que a cualquier chica le gustaría un hombre con aquel rostro, imponente, varonil, pero al mismo tiempo tierno. Era la segunda vez que lo veía, y en ambas ocasiones había tratado de ayudarlo. «Un amigo», pronunció el desconocido cuando le preguntó quién era, su amigo lo había salvado de Fabián, Raúl y Alberto, pero se preguntaba quién era y por qué lo estaba siguiendo. ¿Realmente era alguien en quién confiar si ni siquiera sabía su identidad? ¿El sueño de la voz femenina que había tenido semanas atrás había sido un presagio de aquel sujeto? Joshua se sentía desorientado al pensar en aquello.

Un día después del enfrentamiento los chismes no tardaron en aparecer, aunque Raúl y Alberto prometieron nunca nombrar algo, entre las calles del pueblo se pasaba el rumor de tres jóvenes persiguiendo a un cuarto, o eso se le había informado al departamento de policía. El grupo de la preparatoria de Joshua no tardó en atar cabos, y aunque no sospechaban todo lo que había pasado, sabían que una pelea se había suscitado entre sus compañeros que casualmente tenían rastros de una batalla en sus caras.

Tan solo un día después de la batalla, Fabián había desaparecido. Nadie sabía nada de él, ni su familia, ni sus amigos, tampoco sus enemigos. Aarón Riquetti, padre de Fabián, estaba preocupado, incluso se sentía un tanto culpable. La tarde en que su hijo había llegado con un ojo morado y rastros de una pelea, le había dado una reprimenda terrible.

—¡Qué no piensas cambiar! ¡Siempre me vas a estar dando problemas! —le gritó Aarón aquella noche.

Según el propio señor Riquetti, su hijo solo se enojó y huyó de casa, para ya no volver en toda la noche.

Aunque los protocolos indicaran que una persona estaba desaparecida hasta después de 72 horas, la familia Riquetti tenía el poder suficiente para no esperar aquel tiempo. La policía del lugar había comenzado con sus investigaciones a solo unas horas de que el joven no regresara a casa y los primeros en ser interrogados fueron Raúl y Alberto, y aunque inicialmente no quisieron decir con quién había sido su pelea, no les quedó más remedio que confesarlo, aunque omitieron ciertos detalles, como el desconocido y las extrañas luces moradas que Joshua había podido conjurar con sus manos pues nadie les creería. Por lo que la versión oficial quedó en que Joshua había logrado vencer a sus tres enemigos.

La escuela quedó sorprendida al saber que Joshua había logrado vencer al trío más problemático del CONANOR. Y aunque no era del todo cierto, ni Joshua, Raúl o Alberto dijeron la verdad. Dolid estaba orgulloso de que su hijo se defendiera, pero aun así no tuvo más remedio que regañarlo.

—Hijo, en verdad me alegro que no te dejes de los brabucones, pero espero que no hayas usado ninguna habilidad en ellos. No solo porque delates que no eres un simple humano, sino que debes recordar que hace poco utilizaste tus habilidades hasta caer rendido en un coma de semanas, usar hasta una pequeña cantidad de tus habilidades y sobre todo, en un momento de tensión o estrés como una pelea pueden hacerte caer de nuevo —comentó Dolid cuando su hijo salió de la escuela y los rumores se habían esparcido por todo el pueblo.

Aunque Joshua había caído desmayado la noche anterior, sabía que su padre mentía un poco, no le daba miedo que cayera en otro coma, porque la verdad es que era poco probable que pasara de nuevo, lo que en verdad le daba pánico a su padre es que pasara un incidente similar al de Ibea, y Joshua lo entendía, porque tenía el mismo temor.

—Descuida, padre, no lo hice —mintió Joshua.

El lavithio fue el siguiente interrogado por la policía, contó que aquella tarde quiso visitar la zona norte y que sus tres compañeros comenzaron a molestarlo. Por obvias razones también omitió parte de la historia. Aunque inicialmente las autoridades cuestionaron el por qué Joshua se encontraba tan lejos de su casa, el joven se defendió diciendo que solo quería conocer el pueblo e Itzel comprobó esto en sus declaraciones.

—Cuando comenzó la pelea, defenderme fue mi única alternativa, se lo juro, oficial —dijo al policía que lo entrevistó—, pero después del pleito no supe que fue de los tres, solo hui a casa antes de que me siguieran para una segunda ronda.

Los padres, compañeros y vecinos de Fabián fueron interrogados de la misma forma. Toda la información recabada llevaba a que Fabián había regresado a casa después de la pelea, tras pelear con Aarón había vuelto a salir de su casa a eso de las 11:00 de la noche, pero jamás regresó. A pesar de los grupos de búsqueda que se formaron en el pueblo y de la publicación de fotos en redes sociales, nada parecía ayudar, el mayor de los Riquetti se sentía impotente y por alguna razón, comenzó a sospechar del joven nuevo en el pueblo que había golpeado a su hijo.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 20.01.2026

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