Dolid evitaba cualquier plática que tuviera relación con el CS o las investigaciones del caso de su hijo y era algo que comenzaba a molestar a Joshua. Entendía que eran asuntos clasificados, pero es que su papá había aprendido a que no se le escapara nada importante y eso frustraba sus planes de descubrir la verdad. Cuando preguntaba cualquier cosa, su padre le daba la vuelta con una respuesta ingeniosa, cuando le pedía alguna explicación se limitaba a decir que no sabía, cuando pasaba algo urgente y su padre tenía que irse de inmediato, solo se limitaba a mencionar que tenía asuntos importantes que atender. Sin embargo, una tarde, Dolid cometió un pequeño descuido.
En el mundo lavithio existían revistas y periódicos importantes para conocer las noticias más relevantes de su mundo, los lavithios seguían prefiriendo estos medios impresos a los digitales por miedo a ser descubiertos por los humanos. Dolid, sentado en el más chico de los sillones, se encontraba leyendo uno de estos periódicos que no dejaba por nada del mundo leer a Joshua, pues en sus propias palabras, los medios lavithios no tenían ningún tipo de piedad a la hora de juzgar a su hijo y no dejaría que se entristeciera todavía más. Sin previo aviso, Lorenzo llegó acompañado de algunos agentes para tener una plática de carácter urgente con Dolid, por lo que el mayor de los Romero dio el pase a los invitados a la cocina de la casa y elaboraron un muro de fuerza para que Joshua no fuera a escuchar, por error, nada de lo que hablaran ahí.
Aunque ya conocía el resultado, Joshua se acercó lo más que la transparencia del muro de fuerza le permitía acercarse sin ser visto del otro lado, pero justo como imaginó no se escuchaba ni un solo murmullo de lo que pasaba ahí dentro, por lo que hizo un zapateo involuntario en forma de queja. Desilusionado se dirigió a la sala, y fue justo donde vio abandonado el periódico que minutos antes leía su padre. Sintió un pequeño vuelco al corazón, ¿sería oportuno leerlo? Pero, ¿y si lo atrapaban ahí de fisgón? Aunque los nervios lo mataban no pudo evitarlo y se dirigió a él.
Con el corazón palpitando aceleradamente y con miedo de que su padre lo descubriera se dispuso a leerlo, pues desconocía cuando tendría otra oportunidad como aquella, solo esperaba que hubiera algo que le fuera útil. Comenzó a hojear el diario y «Vicente Okoro, miembro del Concejo inferior de Atalania reconoce poseer siete casas en diferentes regiones de su país» fue el primer encabezado que leyó y pensó en lo poco que le interesaban los escándalos de la política de su mundo; «Un Lavithio de Luquesia ataca a dos humanos» llamó un poco más su atención, pues imaginó el arduo trabajo que los agentes tenían que hacer para evitar que descubrieran que el implicado tenía habilidades casi mágicas para los humanos, sin embargo, no se detuvo en él, pues este no le aportaba nada a su propia investigación sobre sí mismo; fue el tercer encabezado el que llamó más su atención: «Detienen a supuesto implicado en el escape de Joshua Romero Ferrer del Lugar Blanco».
«El pasado viernes 02 de octubre del presente año, los agentes internacionales del Concejo Superior, lograron la detención del lavithio identificado como Edu Jouvet de 54 años de edad y con el puesto de comandante del Lugar Blanco, quien parece haber planeado y dirigido el escape del presunto criminal Joshua Dolid Romero Ferrer del mismo centro de trabajo al que dedicó 32 años de su vida. En investigaciones recientes se ha descubierto que el presunto culpable pidió trabajos extras, que nuestros contactos no han querido especificarnos, a los vigilantes de los radares justo en el momento que otros "simpatizantes" del joven Joshua entraron a la penitenciaría "más segura" de nuestro mundo lo que evitó su detección. El almirante Augusto Moutten mantiene firme la opinión de que no se trata de un movimiento reacio, sin embargo, es difícil imaginar a civiles rescatando al asesino de la miembro del Concejo Ibea Kitell solo por diversión. Por mientras, Jouvet sigue resguardado en una sala del centro ya mencionado esperando una valorización que le permita explicar sus actos el día del escape más impactante de nuestra historia.
Peter Medina»
Con un ojo en la nota y otro observando que no fuera a entrar Dolid, Joshua leyó tan rápido como pudo, visualizó la foto de Edu Jouvet y trató de aprendérsela de memoria, luego dejó el diario en el mismo lugar que su padre lo había dejado y corrió a su habitación.
¿Jouvet? Se cuestionó ¿por qué le sonaba tanto aquel apellido, pero no el rostro de aquel hombre? ¿Realmente sería un implicado en su escape del Lugar Blanco o eran patadas de ahogado de los agentes al no poder dar otra explicación? Se recostó en su cama, mientras imaginaba una y otra vez la cara de aquel hombre bigotón y canoso. En caso de que fuera uno de los implicados en su escape, no era uno de los tres lavithios que lo salvaron, estaba muy seguro de eso, lo que le hizo cuestionarse, cuántas personas más estuvieron interesados en liberarlo del Lugar Blanco, y peor, por qué razón lo querían fuera de aquel pálido lugar.
***
Así como sucede en cualquier pueblo, el rumor se corrió como la pólvora. De persona en persona se pasaba la noticia; se contaba como una señal de buena suerte o un buen presagio ante las oscuras últimas semanas. La curiosidad invadía a todos los que aún no conocían la buena noticia, por lo que sin saberlo exigían conocerla. Fue Itzel quien le habló a Joshua en cuanto se dio cuenta, el lavithio se encontraba tratando de dormir, pero no podía, se preguntaba por qué no había señal de ninguna llave y no sabía si preocuparse o sentirse tranquilo ante aquello, no era que no quisiera terminar la misión en cuanto antes, pero realmente temía fracasar. No podía dejar de pensar y solo fue el sonido de su celular que le anunciaba una llamada cuando por fin pudo escapar de la prisión de pensamientos que a veces se formaba en su cabeza. Vio la pantalla de su móvil, Itzel le estaba hablando, una pizca de emoción recorrió su cuerpo como si fuera un escalofrío y se preguntó a qué se debía la llamada a aquellas horas de la noche. Contestó sin dudarlo, no hubo un saludo de su amiga, ni nada más, solo dos palabras: Fabián regresó.