Láveth. Desprestigio

Capítulo 10

¿Qué le pasaba a Fabián? Se preguntaba Joshua tumbado en su cama. Era sábado por lo que no tenía que ir a la escuela lo cual agradecía, justo había terminado una semana llena de proyectos que habían acabado con él y sus compañeros. Su padre le había pedido limpiar la casa, pero aún, siendo las 11 de la mañana, no había salido de la cama, aprovechaba que Dolid había salido a hacer quién sabe qué con Lorenzo para descansar, además se aferraba a sobre pensar lo vivido los últimos días.

Desde su regreso, Riquetti había cambiado por completo. Su agresividad se convirtió en tranquilidad, de ser el chico más popular del CONANOR, pasó a ser el más solitario. La gente hablaba, la mayoría creía que había visto algo perturbador o sido torturado y que su comportamiento solo eran secuelas o una manera de procesarlo. Lo cierto era que ya no le caía mal a Joshua, al contrario, comenzaba a agradarle, aunque claro, seguía en modo de alerta, por si aquello resultara ser una trampa del que consideraba como su enemigo.

Sus padres que se mostraban inicialmente preocupados, se habían acostumbrado rápidamente a este nuevo Fabián, incluso se veían más felices ahora. Eran sus amigos los que más lo resentían, en especial Alberto. Una vez cortada la cabeza, el trío se fue derrumbando. Alberto y Raúl comenzaron a pelear cada vez más y se estaba haciendo común ya no verlos juntos, ambos eran muy buenos amigos antes de Fabián, pero se habían acostumbrado tanto a ese tercer elemento, que ninguno de los dos se sentía cómodo sin el líder.

Por el contrario, Joshua y Fabián habían comenzado a hablar más. Aunque el joven moreno tendía a apartarse de todos, de vez en cuando se acercaba a Joshua y tenían conversaciones triviales, algo que confundía al lavithio, pero que tampoco le desagradaba. Itzel y Sibila lograban unirse de vez en cuando a estas pláticas, pero era esta última quien también se había acercado más al nuevo Fabián, pues en ocasiones eran vistos juntos platicando.

Sibila no sabía qué pensar. Fabián le atraía, pero era su personalidad lo que le hizo interesarse en él principalmente, sin embargo, había algo en su nueva forma de ser que también le llamaba la atención. Si lo analizaba el cambio podía ser una ventaja, pues últimamente Fabián hablaba más con ella que antes de su desaparición, pero no lograba saber si le agradaba más este joven o el que era antes, para Sibila era como hablar con dos tipos diferentes.

La joven de piel trigueña le había platicado a Joshua acerca del día que conoció a Fabián. Su compañero había llegado a la mitad de una clase. Carpenteri le había contado que uno de los jóvenes de más alta gama de Sinedeo llegaría a la escuela debido a que había reprobado todas las materias en la Preparatoria del Norte y unas peleas que había tenido con profesores de aquella escuela. Sibila imaginó que sería un joven feo, debido a las malas reseñas que había escuchado de él, sin embargo, cuando entró al salón fue inevitable quedar asombrada, pues el joven era más guapo de lo que podía imaginar, pero fue su personalidad difícil y explosiva lo que le había hecho fijarse en él realmente.

Desde ese entonces, Sibila y Fabián habían comenzado más una relación de amistad que otra cosa, con bromas y peleas como cualquiera otros amigos. Sin embargo, Sibila siempre había soñado con más, empero Fabián era quien no le había permitido dar otro paso, por eso ahora que había cambiado de personalidad tan drásticamente lo veía como una oportunidad.

Itzel por su parte también se extrañaba de Fabián. Le daba mucho gusto que Sibila se hiciera más allegada a él, pero no entendía cómo una persona podía cambiar de personalidad tan bruscamente, más alguien como Riquetti que nunca había sido un joven tranquilo y pacífico.

Ding, ding. Joshua se inquietó y se levantó de golpe de su cama. Nunca lo había escuchado, pero sabía de donde provenía aquel sonido. Miró su muñeca y efectivamente, el reloj que le avisaría cuando debía recuperar una llave emitía una luz rojiza, era lo que sonaba. Hoy realmente comenzaba su sentencia y la verdad es que no se sentía preparado.

—Hola, Joshua. —Se escuchó la voz de Néstor Vicari, uno de los miembros del CS, cuando Joshua aprensó la pantalla del dispositivo—. Perdón por molestare en un fin de semana, pero después de una ardua búsqueda, localizamos la primera trígulus, es de suma importancia que vayas lo antes posible, pues de ser llevada a otro lugar ya no nos daríamos cuenta. Por esta ocasión no será necesario el transporte, parece ser que la primera llave está más cerca de ti de lo que parece. Éxito y recuerda, es tu deber como hijo de Maukho.

Similar a como si viera un celular, del reloj se proyectó un mapa, en él se indicaba la posición de Joshua, luego tras prensar la pantalla del dispositivo lo dirigió al punto donde le mostraba donde se encontraba la llave. Reconoció inmediatamente la localidad, por su forma ovalada y alargada y la posición de las calles que parecían dibujar el rostro de un caballo al revés, no dudó que era Sinedeo y era sorprendente que la primera llave estuviera ahí. Con un punto rojo que parpadeaba, se marcaba el lugar a donde debía ir. Joshua abrió los ojos a la par y se acercó al reloj lo más que pudo para ver si era donde pensaba, simplemente no lo podía creer.

—Mierda —maldijo Joshua—, es la casa de Itzel.

***

Itzel subía y bajaba las escaleras, estaba un poco nerviosa, pero era más el sentimiento de cólera. Estaba esperando a su tía, tenía que hablar con ella inmediatamente. Rita, su tía, había estado ausente durante las últimas tardes, no sabía a dónde iba, pero al menos tenía la casa para ella sola, aunque eso fue lo que desató el problema. Durante todo el tiempo que había vivido en aquella casa se le había prohibido entrar a la oficina de Rita. En ocasiones, sobre todo en las noches que no podía dormir, imaginaba los oscuros secretos que guardaba su tía en aquel lugar. A veces pensaba en objetos mágicos, aunque luego desechaba la idea, pensaba en algún pasadizo secreto, incluso, en las noches más largas, llegaba a fantasear que su madre podía estar ahí escondida, salvaguardada de algo o alguien. Tanto tiempo sin la autoridad de su tía le dio el impulso de husmear en aquella oficina, el lugar que tenía prohibido. Sabía que no debía de hacerlo, pero odiaba que su tía le escondiera cosas, y fue como la encontró.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 09.02.2026

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