Láveth. Desprestigio

Capítulo 15

Joshua regresó a su casa cuando el sol ya se había ocultado. Le dolían las piernas y sabía que le dolerían más cuando por fin se recostara en su cama. Cuando entró, todas las luces estaban apagadas y se estremeció al ver a su padre sentado en el sofá observando la foto de su madre, tenía una mirada melancólica, de esas que estaba acostumbrado a ver en el que sería el cumpleaños de su madre o el aniversario de su boda, sin embargo, hoy no se celebraba nada de eso.

—¿Qué pasa, papá? —dijo al tiempo que prendía la luz.

—¿Dónde estuviste, Joshua? —preguntó más preocupado que molesto.

—Estuve todo el día con Itzel, fuimos a caminar por la montaña.

Dolid se levantó, dejó la foto y se incorporó al frente de su hijo. Seguía usando la misma ropa que había usado desde la mañana, el cabello seguía igual de revoltoso, pero su semblante era el de un hombre aturdido.

—No quiero que te juntes con ella —mencionó lo más calmado que pudo.

—Pero ¿por qué? ¿Qué te pasa, papá? —preguntó y en verdad esperaba respuestas, había tenido un día con muchas sorpresas y el saber que su padre tenía algún tipo de contacto con su profesora era evidente, por lo que anhelaba entender qué estaba sucediendo.

—Creo que tal vez no me entendiste, no te vas a juntar con Itzel —pronunció Dolid más severo.

—Papá, no te pongas en ese plan. Vas a estar igual que la profesora Ebi. —pronunció adrede.

—Hijo, estoy hablando enserio, no quiero que salgas perjudicado —gritó como Joshua nunca lo había visto hacer.

—PERJUDICADO DE QUÉ, PAPÁ, NO QUIERAS JUGAR AL BUEN PADRE EN ESTE MOMENTO —gritó el hijo al mismo tono que su padre—. No sé si te has dado cuenta, pero le dieron una misión suicida a tu hijo, algo que debería hacer un adulto experto lo está haciendo un joven de 16 años, pero claro, estás más interesado en demostrar que eres de fiar para el Concejo que en preocuparte por mí —explotó Joshua y no pudo dejar de pensar en que posiblemente Itzel se había sentido justo como él cuando descubrió que su tía le ocultaba cosas.

El semblante de Dolid semejó al de un perro dolorido. Las palabras de Joshua lo tomaron por sorpresa y sería mentira si dijera que no le dolieron.

—Hijo, tú eres lo más importante para mí, no entiendo… —quiso sujetar el brazo de Joshua, pero él se retiró.

—Por favor, papá, yo estoy en un segundo lugar. Desde que soy niño tengo recuerdos de ti agachando la cabeza ante el mundo lavithio, ahora comprendo que era solo para demostrar que ya no eres un reacio, siempre buscando ser disculpado por una sociedad que te odia. Que nos odia.

—¿Piensas que no te quiero?

El frío aire de la noche entró por las ventanas e hizo que las cortinas danzaran como fantasmas. La piel de Joshua se erizó al contacto helado y sintió un escalofrío al escuchar aullar al viento.

—No, papá, no te confundas. No es lo que quise decir…

—Tú eres el que estás confundido, hijo. TODO lo que he hecho fue por ti, por verte bien, por evitar que estuvieras justo donde estas ahorita, pero ahora veo que todo fue en vano, por más que luché porque no cometieras mis mismos errores… —no pudo terminar la frase.

Joshua guardó silencio, no supo qué decir.

—¿Encontraste la primera llave? —preguntó su padre después de un tiempo, aunque Joshua intuyó que más que pregunta era una afirmación. Su voz sonó más calmada.

—Imagino que el Concejo te avisó al momento.

—Debemos entregarla ahora mismo. No puedo permitir que estés más tiempo con ella. Puede ser peligroso.

El joven lavithio sacó de su pantalón corto la trígulus. No podía creer que tuviera la primera, solo faltaban tres más para terminar aquella locura. La dejó sobre la chimenea tan deprisa que no notó que faltaba una foto.

—Puedes entregárselas tú mismo.

—No me respondas con ese tono, Joshua. Nunca lo habías hecho.

—Sabías que la primera de las llaves la tenía la profesora Ebi —dijo al fin Joshua. Necesitaba que su padre soltara algo, que se le escapara algún comentario que le permitiera atar cabos.

—¿Qué? —exclamó el padre, no por sorpresa, pues era algo que ya sabía, sino porque no pensaba que su hijo se lo diría de sopetón.

—Sí, estaba en la casa de la maestra. No entiendo cómo algo de nuestro mundo pudo caer en manos de una humana.

La cara de Dolid expresó por un pequeño momento nerviosismo, pero fue tan rápido que Joshua no podía estar seguro de si había sido su imaginación.

—Ni yo puedo entender algo así, pero la buena noticia es que la recuperaste.

Joshua se sentía tenso. Sus ojos que siempre brillaban se notaban irritados así como su carácter, ni él mismo creía que le estuviera hablando a su padre de aquella forma, pero había tenido un día largo y lo que menos necesitaba era sentirse desamparado por su papá, pero también sabía que por la tensión de aquella plática no le diría nada con respecto a la profesora Rita, por lo que esperando que su amiga pudiera sacarle información a su tía decidió cambiar la jugada.

—¿Qué son, padre? —preguntó tratando de sonar más calmado.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 04.03.2026

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