Láveth. Desprestigio

Capítulo 17

Nadie lo hubiera imaginado, ni siquiera el mismo Joshua, pero Fabián se estaba convirtiendo en uno de sus mejores amigos. Lo que comenzó como un encuentro inesperado, se convirtió en una pequeña tradición, pues al menos una vez por semana los tres jóvenes se ponían de acuerdo por un chat grupal que habían creado y escapaban de sus casas a altas horas de la noche para pasar tiempo juntos en la plaza de Sinedeo. Platicaban de todo, del mundo lavithio, de la escuela, del clima frío que se aproximaba, de lo que habían hecho durante la última semana. En ocasiones, bajo la techumbre de las estrellas y en medio de la plática y las risas, Joshua olvidaba sus problemas, incluso sentía que las cosas podían mejorar.

—¿Alguna vez les he platicado del tipo que me sigue? —preguntó Joshua en una de sus sesiones nocturnas.

—Creo que sí —respondió Itzel.

—¿Será acaso el joven del callejón? —preguntó Fabián.

—Sí, tú lo conoces, Fabián. Este joven se me ha aparecido dos veces, en ambas ocasiones ayudándome, pero no sé quién es, ni porque le interesa que yo esté bien.

—Una especie de ángel —dijo Itzel.

—No lo sé, pero es raro. Cómo una persona que no conoces tiene tanto empeño en ayudarte.

—¿Y no es posible que lo hayas conocido en tu Presentación y por eso no sepas quién es? —preguntó la joven mientras jugaba con su cabello.

—Pudiera ser, pero se ve de veintitantos años, por lo que no lo he considerado del todo.

—Bueno, pero mala persona no debe de ser, fue quien te ayudó a escapar de nosotros aquella vez del callejón —terció Fabián.

—De hecho sigo sorprendida de aquella historia, la primera vez que pregunté a Joshua tuvo que mentirme porque no sabía que era un lavithio, pero cuando me pudo contar la versión real no pude creer que hayan tenido una batalla en pleno pueblo.

En la escuela, Fabián poco a poco se reintegraba con el resto de sus compañeros, y aunque Raúl y Alberto ya no se juntaran entre sí, su exlíder había vuelto a hablarles, aunque claro, su relación ya no tenía la misma complicidad de antes. Los profesores se acostumbraron a este nuevo Fabián y aunque al resto de los alumnos se les seguía haciendo extraño, la mayoría también apreciaban más a este nuevo joven.

En los pasillos también era común ver a Fabián y Sibila caminar juntos, parecía que habían comenzado a tener mayor afinidad uno por el otro. Sibila no podía creer del todo aquella situación, pero realmente no estaba para cuestionarse y prefería disfrutar el momento. Raúl había comenzado a juntarse con otros deportistas y a Alberto se le veía más pegado a Biel y Armida. Para Joshua sus compañeros habían tomado un papel importante en su vida, aunque no fuera amigo de todos, le era imposible imaginarse ahora sin ellos, aunque sospechaba que se debía a que ellos lo hacían sentirse en un mundo imperfecto, pero real.

—Veo que te sigues juntando con tu secuestrador —pronunció Alberto a Fabián un día que lo vio caminando con Itzel y Joshua.

—Vamos, cállate, que tú no conoces mi historia… —dijo el joven de piel trigueña.

—No, déjalo —dijo Joshua a Fabián cuando quiso decir más.

—Veo que tu nueva noviecita es la que manda en la relación —dijo Alberto.

—Ya lárgate, Alberto —gritó Itzel.

—Y claro Itzel siempre siendo la defensora de los desdichados —pronunció Alberto.

Fabián tensó los puños para darle unos golpes, Alberto se estremeció, pero Joshua una vez más detuvo a su nuevo amigo.

—No tiene caso que te metas en problema por idioteces de Alberto.

—Exacto, idioteces —dijo Alberto, aunque ya no con prepotencia, sino con alivio al ver que no sería golpeado, por lo que pronto huyó antes de que Fabián cambiara de parecer.

—Es que me enoja que siempre te esté molestando, ni Raúl que es un toro lo hace ya.

—A mí también me enoja, pero hasta cierto punto tiene razón, me vio utilizar mis habilidades aquella noche, era inevitable que pensara que yo era el culpable de tu desaparición.

—Pero hay una versión oficial.

—Que es mentira —contradijo Joshua—, y Alberto no es un tipo tonto, sabe que hay algo más. Además aunque creyera esa versión yo no le agrado. Posiblemente Raúl, Alberto, Biel, la profesora Rita y tu padre se reúnen a hablar pestes de mí por las tardes.

Fabián no pudo evitar reír al pensar en ese escenario.

—Mi tía no te odia, Joshua —terció Itzel.

—Lo sé, lo sé, pero tampoco le agrado. Noto como en clases siempre que hablo me hace caras. Veo cómo se molesta cuando me siento junto a ti, he visto su coraje cuando nos ve juntos en los recesos o cuando te acompaño a casa después de pasar la tarde juntos. No le caigo bien a los tutores de mis amigos, tal vez porque yo soy la mala influencia.

—Vamos, Joshua, no te pongas en esa posición. Sabes más que todos que los dos te queremos, si fueras una mala persona como aseguras no nos juntaríamos contigo y aquí nos tienes a tu lado tratando de calmar tus pensamientos negativos —dijo Itzel.

—Además, aunque no les caigas bien, tendrán que acostumbrarse, porque ahora que comencemos a ensayar tus habilidades comenzaremos a pasar más tiempo juntos —agregó Fabián.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 24.03.2026

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