Llegaron a su destino. Itzel se sentía cansada de los asientos incómodos y del molesto ruido que los acompañó en todo el viaje, la chica pensaba que el helicóptero sería algo más lujoso por dentro, pero no, era más austero de lo que podía imaginar y agradecía que por fin fueran a bajarse. El viaje había sido corto como el joven moreno había afirmado, sorprendentemente la velocidad no se sentía al estar dentro de aquella máquina y si no fuera por una que otra turbulencia, hubieran podido jurar que seguían fijos en el suelo. Fabián y Joshua no habían pronunciado palabra alguna en todo el viaje, ambos se veían pensativos e Itzel decidió que no tenía por qué interrumpirlos, hasta que llegaron.
—Bueno, chicos, no hemos hecho ningún plan, ¿qué vamos a hacer? —pronunció la chica rompiendo el silencio.
—He estado todo el camino pensando en ello, no podemos interrumpir en habitación por habitación. Así que tendremos que hacer un filtro y esperar que la suerte esté de nuestro lado —exclamó Fabián.
—Me sorprende lo inteligente y dedicado que puedes ser para lo que en verdad te importa —pronunció Itzel. —¿Y cuál es ese filtro que propones?
—Imaginemos. Hay dos opciones muy claras para la persona que tiene la trígulus. Si es un reacio que no quiere levantar sospechas escogería habitaciones sencillas que no llamaran la atención, pero seamos sensatos, este hotel llama completamente la atención, por lo que intuyo que debe ser un lavithio poderoso, al menos rico, por lo que al contrario de lo que dije al inicio, debe estar en una de las habitaciones más lujosas del lugar.
—Aun así debe haber una decena de habitaciones con estas características —contestó Joshua de mala manera.
—Sí, pero no son tantos los lavithios poderosos o millonarios como para instalarse en este hotel. Puedo ir a la recepción, ver quienes están hospedados y reconocer algún nombre.
—Hay dos fallas, Fabián —expresó Joshua—. No es mal plan. Pero se sensato, ningún trabajador de un hotel daría el nombre de sus huéspedes por las buenas.
—¿Y quién dijo que sería por las buenas? —espetó Fabián.
—Déjame terminar. Moutten lo dijo, el hotel es de un lavithio, por lo que si es un reacio proclamado al que buscamos, no diría su nombre real y no podemos echar a la suerte que sea un reacio escondido.
—Entonces, debemos confiar que sean pocos los millonarios que estén hospedados en los mejores cuartos y solo revisar las habitaciones ocupadas. Si tenemos suerte serán pocas.
—Deben ser pocas —agregó la chica—, si su mundo se maneja económicamente como el de los humanos, hay pocas probabilidades de que los pocos ricos lavithios hayan querido hospedarse en el mismo hotel al mismo tiempo.
—¿Entonces, qué hacemos? —Preguntó Joshua.
—Yo bajaré a recepción, veré qué habitaciones de las más lujosas están ocupadas y enviaré un mensaje en nuestro chat grupal para que las vayan revisando. Mientras ustedes ven cuál es la más sospechosa yo subiré de nuevo, cuando sepan cuál puede ser me avisan y llego a la habitación para ayudar.
—¿Tendremos que pelear? —preguntó Itzel.
—En el mejor de los casos no —contestó Fabián.
—Pero dudo que este sea el mejor de los casos —terció Joshua.
Los tres bajaron por fin del helicóptero, un cielo que parecía no tener estrellas los cubría y Joshua dedujo que se debía a la cantidad de luces que adornaban la ciudad. Los jóvenes vieron una puerta que dirigía a unas escaleras de caracol, por las que bajaron, pero solo Joshua e Itzel se mantuvieron en el piso superior.
—Seguiré bajando, con ayuda de mis habilidades podré avanzar más rápido que si estuviera en el ascensor —dijo y luego con sus manos creó dos plataformas moradas que se posicionaron debajo de cada pie—. Me lanzaré por el hueco que se forma en medio de estas escaleras y las controlaré como si fueran dos zapatos que pudieran caminar en el aire. Cuando llegue a la planta baja las frenaré —comentó cuando vio las caras de asombro de sus dos amigos.
Y así lo hizo, Fabián se lanzó en el hueco que las escaleras de caracol formaban e Itzel tuvo que ahogar un gritito. Luego el silencio reinó. Joshua comenzó a jugar con las marcas de su brazo izquierdo, hasta que la joven lo interrumpió.
—¿Estás preocupado?
—No, solo hay algo que no me cuadra —se atrevió a pronunciar en voz alta por primera vez.
—¿De esta situación? Confiemos en que irá bien, Joshua.
—No, de eso no —suspiró—. ¿No se te hace extraño lo mucho que sabe Fabián?
—Ya nos lo ha explicado, se crio en este mundo.
—Es que es lo que no entiendo. Hay lavithios que se crían completamente en el mundo lavithio, pero estos tienen muy poco contacto con los humanos, incluso viven en Levithe, el continente exclusivo de lavithios del que ya te hemos platicado, pero, y aunque fuera como nos dice —dijo mientras comenzó a caminar por todo el pasillo—, qué probabilidad hay que además de criarse entre lavithios tenga los contactos para conocer los secretos de los gobernantes de nuestra raza. Yo no sabía que los pilotos que trabajan para los miembros del Concejo no pueden contradecir indicaciones y eso que mi papá forma parte del Concejo Superior. Por lo que sabemos su papá es dueño de muchos comercios de Sinedeo y no he visto ningún contacto de Fabián con el mundo reacio como él asegura.