Láveth. Desprestigio

Capítulo 21

Abrió los ojos cuando recuperó el conocimiento. Estaba sentado en una banca larga. Trató de moverse, pero no le fue posible, trató de gritar para pedir ayuda, pero tampoco lo logró. Mover los ojos fue su única alternativa para saber dónde se encontraba. Estaba casi oscuro, sabía que en uno de sus costados debía haber alguna ventana bastante amplia porque era aquella luz exterior lo que iluminaba un poco la sala. Frente a él había dos escalones que indicaban un desnivel superior en la habitación, una mesa alargada y unas velas apagadas adornaban aquel espacio del cual podía asegurar que estaba diseñado para que alguien hablara a un público. En la pared de frente encontró una figura colgada bastante familiar que fue la última pista que necesitaba para saber qué lugar era aquel. La capilla del hotel. Sin embargo, esto no fue lo que llamó su atención, frente a él, había un hombre, de 30 años y con algunas cicatrices en su rostro, que lo vigilaba. Estaba sentado lo más encorvado que podía y Joshua imaginaba que debía ser una posición incómoda.

—Ha abierto los ojos —indicó el hombre de piel bronceada, toqueteaba su cabello largo y rizado del mismo tono que su piel mientras se levantaba de su asiento.

—Gracias, Emanuel —dijo una joven de cabello corto y con una oreja rajada que se posicionó al frente de Joshua, pero sin sentarse.

—Lamento tener que haberte puesto unos torques para evitar que huyas o quisieras atacarnos, también lamento tenerte secuestrado —agregó con unos movimientos en sus manos que denotaron sarcasmo—, en un lugar sagrado como este. Realmente odio estar en esta posición, Joshua.

Joshua solo la vio, no podía hablar, moverse, quejarse o negarse a nada. Estaba a su merced. Si ella quisiera podría acabar con él en aquel momento. Pese a esta posibilidad, ya no estaba pensando en huir, no podía dejar de ver aquella cara, de alguna parte conocía aquellas facciones tan delicadas y rudas a la vez, había visto aquellos ojos y aquella boca, pero no recordaba de dónde.

—Estoy segura que hace unos meses, ninguno de los dos hubiéramos pensado estar justo como estamos ahora, pero las cosas se salieron de control. —dijo acercándose a él y tocando su mejilla de una forma que Joshua no lograba identificar si era cariño o ironía.

—¿Te vas a poner romántica en este momento? —preguntó Emanuel al ver la escena.

—Quitaré los torques —dijo la chica ignorando el comentario del hombre—. No te preocupes, no caerás desmayado como la última vez, en aquella ocasión estabas muy débil, pero…, sí dolerá mucho.

—No pretendas huir o atacar, porque dos de nosotros estamos aquí, dos más de nosotros vigilan desde fuera y en alguna otra parte del hotel tenemos a un quinto refuerzo buscando a tu amiguito el problemático —dijo Emanuel en forma de amenaza.

Jeanette retiró los torques lentamente. Joshua sintió un tremendo dolor. Su piel se movía como gelatina mientras los torques iban saliendo de él y endureciéndose al instante, tomando una vez más su forma original de dos agujas gigantes para tejer. Cuando su cuerpo se liberó, se sentía tan cansado que cayó al suelo. Pensó en la posibilidad de huir, sería difícil tener que luchar con cuatro lavithios, pero tal vez, en un remoto escenario, pudiera lograrlo. Solo había un problema, tras pasar el dolor, no podía dejar de sentirse agotado. Su cuerpo había resentido los torques.

—¿Dónde está Itzel? —preguntó Joshua casi sin aliento, se sentía como cuando acababa de terminar una clase con el profesor Meléndez.

—Así que se llama Itzel —cruzó los brazos y volteó los ojos sin poder controlarlo—, la dejamos en ese bonito almacén donde se encontraban, tampoco somos unos monstruos para matar a una humana.

Joshua lo comprendió al instante. Los reacios pensaron que Itzel era una humana, justo como él pensaba todavía aquella mañana. Era lógico creerlo, pues nunca la vieron utilizar o defenderse con ninguna habilidad. Un humano normal tardaría horas para despertar del impacto de una esfera de plasma, pero lo que ellos no contaban es que Itzel era una lavithia. Y Joshua rogó que Itzel despertara pronto y encontrara a Fabián para que pudieran ayudarlo.

—¿Quieren la llave? —preguntó Joshua tratando de hacer tiempo para aumentar la posibilidad de un rescate.

—En parte sí —dijo la chica—, pero realmente te queremos a ti.

—¿A mí? —preguntó extrañado Joshua que por primera vez le interesaba aquella plática.

—No te confundas, claro que las llaves son importantes, pero tú lo eres más. Además —agregó al ver que Joshua no decía nada—, eres tú el que se las está llevando por lo que veo. Tiene sentido, tú se las arrebataste, por lo tanto pidieron que tú se las llevaras. Dime, Joshua, así te perdonarán por haber matado a Ibea.

—No te atrevas a nombrarla.

—Oh vaya. El pobre Joshua se molesta si nombro a Ibea, pero ¿tú si tenías permiso de asesinarla?

Joshua tensó las manos de golpe, se incorporó tan rápido como pudo y tomó la posición de ataque, pero al tratar de hacer una bola de plasma este se esfumó al instante dejando solo una pequeña nube de humo de color morado que fue desapareciendo a los segundos.

—Crees tener fuerzas para utilizar tus habilidades después de que te retiré los torques, hasta parece que eres primerizo, Joshua, es necesario que pasen algunos minutos, pero para entonces será tarde.



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En el texto hay: fantasia, literaturajuvenil, romance

Editado: 11.06.2026

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