SEMANAS ANTES
—Eso es demasiado; pensé que, con cinco mil, era suficiente, eso me dijo el de la morgue la vez pasada.
—Lo siento, señorita, pero es que ese es otro tipo de procedimiento; el costo que cobramos por eso es diferente. Además, usted nos debe un pendiente de la orden de alejamiento por la que tuvimos que defenderla y de eso ya pasaron dos meses.
No puedo creer que me esté quedando sin opciones. Si pudiera dividirme en varias y hacerlas trabajar como yo trabajo, juro que lo haría; me iría por la vía fácil, pero mi madre desde su tumba estaría decepcionada de mí; ella no me crio para eso.
—Denme unas semanas, por favor, pero no deje mi caso. Se lo suplico. —Es un abuso de mi parte, una falta de respeto, pero estoy desesperada. Junto mis manos a las suyas, mis ojos demuestran mi dolor y tristeza por cada día verme más alejada de la verdad, que el hombre asiente ligeramente y siento una pequeña corriente de aire atravesando mi nuca.
Minutos después de que indicara por qué le costó elevado, el maldito gobierno elevó gastos como esos, solo por más impuestos. Veo a todos caminar de un lado a otro, riendo, conversando, hablando por teléfono, como si sus vidas fueran perfectas; en cambio, yo siento que me ahogo, que necesito una maldita salida sin doblegar mis principios, pero no tengo tiempo para lamentos; la alarma de mi segundo trabajo me hace recordar que mamá lo que parió fue una guerrera.
—Esta vez necesito que apoyes atendiendo a los clientes; Donald y Tristán se enfermaron justamente los dos, que vi en sus redes fotos muy parecidas, pero bueno, es un pago extra, te pagaré el doble de lo que ganas en la cocina, pero solo por esta noche y puede que hasta te den propina, solo trátalos bonito y hazlos creer que son los reyes del mundo, pero tú tranquila, que sabemos con qué pie patean.
Antuant es un amor de persona; no me da tiempo completo porque no le da el presupuesto, pero a veces me da oportunidades como esta, como si mi madre lo hubiera mandado. Si saco algo hoy, me faltaría solo cuatro mil ochocientos dólares para la exhumación y otros cinco mil para los gastos del abogado; quiero ser positiva, juro que quiero hacerlo.
—Precios, dime que con cirujano fuiste; esa nariz tuya yo la quiero.
—Nada de cirujano, solo unas banditas para dormir —y sonrió como tonta. Este club de caballeros dista mucho de serlo; solo son hombres que sueltan sus bajos instintos, tríos, cuartetos y lo que se les ocurra; otros solo vienen a mirar, a aplaudir, a ser parte del espectáculo. Estar en la cocina no me quitaba el enterarme de los chismes, como del abogado de esa firma famosa. Una vez mi amiga me dijo que cualquiera en mi situación tomaría eso como ventaja y aprovecharía, pero no puedo, mi conciencia no me deja.
Así pasaron las horas hasta que un estruendo hace que tenga que girar sobre mis pies; alguien lanzó una botella al piso.
—Que no me toquen, imbéciles. Mira, Lorena, te estás confundiendo conmigo, estás trastornada.
—¿Quién te manda a rechazarme? Pensé que un hombre en sus cuatro sentidos no podría rechazar a una diosa como yo; solo mírame. Pensé que tenías otros gustos, por eso te traje aquí para que estés en tu ambiente.
La tipa se reía de él, mientras que este hombre, que no le veo bien la cara porque los chismosos igual que yo no dejan ver bien, solo logró escuchar algo como una silla cayendo al piso y más risas. Bueno, después de todo no es mi asunto; me pagan por trabajar, no por andar en el chisme.
…
—Doña Estela, no tiene por qué hacerlo, es un abuso de mi parte recibirlo.
—Nada de abuso, niña bonita, lo que te puedo dar es poco; no solo me ayudas con las compras, también me regalas tu cariño, tú eres un sol para esa vieja solitaria, esta vieja de la que todos se olvidaron.
Aquel brillo en sus ojos no es de emoción, de alegría; es de añoranza, de pesar, como si por un segundo su mente fuera a algún dolor que la entristece. Quiero llorar, tengo el corazón de pollito; yo solo la abrazo y le digo que no está sola, que, si quiere verme como a una nieta, o haga. Muchos vecinos la ven como la vieja amargada del edificio, pero para mí es solo doña Estelita, la mujer que me ayudó en la fila del supermercado cuando me faltaba una moneda para un poco de pan, cuando no había comido en días, la misma que me consiguió este departamento con la renta congelada.
Luego de tomarte una tasita de café con la doñita y dejarla acostada, por fin puedo decir que voy a descansar, sin embargo, cuando llego veo mi mejor amiga llorando.
—Que tienes chatita, me asustas, cálmate por favor—está casi hiperventilando.
—Mi hermano, los médicos, dinero.
—Chata cálmate, no te entiendo nada, respira bonita, así muy bien, ya ahora si explícame.
—Me están pidiendo tres mil dólares para poder operarlo, se está filtrando agua en sus pulmones, ya no puedo más no soporto esta angustia, no quiero dejar morir a mi hermano.
La abrazo y trato de calmarla, a mí también me duele verla así, me angustio también, yo lo conocí, era un niño sano, fuerte y tierno, tan solo tiene quince años, estaba en el lugar y momento equivocado, un daño colateral de la delincuencia e ignorancia de este país.
—No puedo vivir sin mi hermanito, es lo único que tengo de mi familia.