Lecciones De Amor Para Mi Jefe

03

GEIORGINA

—Eso fue de película, mujer tu si que estas en todas

—No pude evitarlo, mi mirada se fue a parar en él, creo que fueron sus acciones, sus gestos; actué por instinto, pero bueno, parece que lo llevan en camisa de fuerza.

—Ya decía yo, a ese hombre no le faltaba un tornillo sin o la ferretería completa, a la próxima no hagas eso, te pusiste en riesgo también.

No creo que sea para tanto, pero bueno, no importa, lo importante es que ese hombre está sano físicamente porque si le falta más que un tornillo arriba en su cabecita, mira que hacerse eso, la vida es tan valiosa, eso siempre me enseño mi madre, la vida es un milagro, siempre me lo decía, su niña del cielo, porque antes de mi había perdido a mi hermano casi a término, aun me duele saber que sufrió tanto, porque me entere después que mientras mi madre sufría la perdida de mi hermano, mi padre estaba en una isla desierta con esa desgraciada, debo calmarme.

—Es una pena que a las de servicio no nos dejen asistir como invitadas a la fiesta de la empresa.

—No seas exagerada que además no tenemos ni un mes, no hay que ser abusivas, no nos hemos ganado aun ese tipo de beneficios. — Le digo, mientras devoro lo que resta de la pizza que esta más que deliciosa, no importa la cola que tuvimos que hacer todo para comerla en un minuto.

—Cuando mamá está viva, juntábamos lo suficiente de vender dulces en los semáforos, apartábamos lo que necesitamos para la renta y nos compraba una tajada cada uno, siempre decía que no le gustaba la piza, pero yo nunca le creí.

Su mirada triste, perdida, como si su mente fuera hasta aquel momento; la entiendo perfectamente, creo que por eso nos entendemos tan bien. Compartimos más que años de amistad, compartimos un dolor que no cualquier soportaría, perder a un ser amado, pero ella tiene a su hermano, a Leo, tiene quien la ate a este mundo; en cambio yo, a veces pienso que solo me mantiene esta sed de justicia, de que por fin la verdad salga a la luz y esos malnacidos paguen todo.

—Tenemos una suerte; creo que tu madre y la mía se están poniendo de acuerdo.

—Teo, no seas exagerada, solo estamos reemplazando por unas horas a María y Petra, que están llegando un poco tarde; seamos prácticas, lo hacemos por el dinero extra. —Me encojo de hombros para restarle importancia a las locuras que le pasan por la cabecita; sin embargo, me ignoro y no sé de dónde me saca dos vestiditos supermonos; ahora que los recuerdo, son de mi época de niña de bien, como diría el demonio ese.

—Nunca está de más, tal vez podamos quedarnos un ratito en la fiesta; amiga, es de antifaces, nadie nos reconocería, además te traje los pupilentes de un color que vas a parecer una loba, como de las novelas

—Te voy a quitar los libros de Mary Rojas, en serio, deja de fantasear, amiga, pero está bien, solo un ratito.

Finalmente, su locura se me pegó. Llegamos temprano al evento, nos movemos superrápido, trato de dejar todo métricamente exacto; dicen que el CEO es un obsesivo con estas cosas. Hablando de él, nunca lo he visto de frente con esas reglas sacadas de alguna novela medieval.

—Ya casi acabamos y solo han venido uno cuantos, creo que tenemos tiempo de sobra, amiga, aunque sea un rato para sentir que estoy en esas fiestas de alta sociedad.

Al rato me arrastra al baño el de servicio; sin embargo, lo hace por la parte de atrás para que no se den cuenta, dice.

—Con este vestido blanco vas a parecer un ángel bajado del cielo; tal vez encuentres un papacito que quede prendado de tus encantos.

Yo rio a carcajadas, de verdad que mucho librito con ella, esas cosas no pasan en la vida real, no les pasan a personas como nosotras, aquellas que a veces pareciera que la mala fortuna se encariño con nosotras y no nos quiere dejar ir.

RAYMOND

—Estoy aquí solo porque tú me estás forzando, porque no me dejarías en paz nunca.

—Eres el CEO de una empresa multinacional que se niega a socializar, pareces un ermitaño. Se trata de dar una buena imagen, de que los empleados le den una cara a ese CEO gruñón; ni te imaginas qué clases de teorías se tejen a tu alrededor. Te ven como si fueras como era ese personaje, algo con Brus, Bruno... ya recordé: Hulk.

—Yo pensé que era Drácula. —Mientras me tomo de un solo golpe el vaso de whisky, pedí lo más fuerte que tenían, pero eso sí, no perdí de vista al mesero cuando fue por mi pedido.

—No puedes bromear con estas cosas, hijo, por favor, da una vuelta, mira a su alrededor.

—No te preocupes, madre, claro que miraré alrededor. —Más que una sonrisa, yo mismo sentí que era una mueca. Mi madre suspira de manera trágica; cada día que pasa me harta más esta situación. Se ha tomado como un pelele; quisiera que aquella cláusula misteriosa del testamento de mi abuelo se cumpliera y por fin tener esas acciones que están en manos de mi madre.

Necesito aflojarme un poco el nudo de la corbata y no lo haré con público presente; me causa urticaria, hasta siento que me falta el aire ver tanta cosa horrible ahí dentro: trago cayendo de la barra, migajas de masa por las bandejas; siento que estaba sofocando.

De pronto, como si el mundo se congelara y dejara de girar sobre su eje, una imagen tan luminosa aparece ante mis ojos; siento un nudo formándose en mi garganta: esa sonrisa, esos labios pintados de un rojo intenso, como la sangre que corre por mis venas, ese lunar al lado de su boca, todo en ella grita: "Cielo, ¿es real o producto del alcohol?". Debería acercarme, ¿cierto? Porque creo que, de lo contrario, pensaré que estoy soñando. ¿Qué me está pasando? Me hormiguean las manos; yo nunca me pongo nervioso, no entiendo por qué mis pies no quieren moverse. ¿Qué me está sucediendo?



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En el texto hay: amor, venganza, dinero

Editado: 06.08.2026

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