—Mira quién está en las gradas.
Kai me insta a voltear hacia el área del público, donde los alumnos ya se encuentran ocupando los asientos. Me sorprende ver que el lugar de repente comienza a llenarse.
Hoy es mi primer partido de práctica abierta como co-líder.
Acepté el puesto solo porque Kai me obligó. Me dijo que más adelante me ayudaría si deseaba entrar a una buena universidad. Pero no comprendo el beneficio de esto si no tendré una carrera deportiva.
Supongo que será parte del recuerdo.
Generalmente, solemos practicar a cancha cerrada, pero esta vez Edward tuvo la idea de salir a la explanada del colegio y permitir que el resto de nuestros compañeros presencien el entrenamiento. A decir verdad, me siento nervioso. De hecho, las cosas no mejoran cuando mi vista enfoca mejor, y veo a Isabella sentada con Nicole en los asientos de las últimas filas. Me sorprendo más de lo que me gustaría admitir. En lugar de emocionarme, la inquietud me invade y siento mi responsabilidad multiplicarse. No creo que ella sepa de mi reciente ascenso, pero pensar que me observará durante la práctica me estresa porque siento que debo impresionarla.
Quiero impresionarla.
—Hey —Kai llama mi atención, agitando su mano frente a mis ojos—. No la mires tanto, la asustarás.
Pero, por más extraño que parezca, lo que en realidad llama mi atención no es Isabella per se. Es August.
Camina, despreocupado, a través de las escaleras de las gradas, buscando un espacio libre cerca de Isabella. En realidad intenta hacerse el espacio por sí mismo. Lo deduzco al momento en que lo veo dirigirle un par de palabras a Nicole y ella, en respuesta, se levanta de su asiento para cambiarse al lugar vacío de la derecha.
De pronto, Fiona baja por las escaleras. Cuando se topa a la altura de los asientos de sus amigas, permanece de pie sobre uno de los escalones, las mira durante unos segundos y decide cambiar de dirección. Se sienta en las gradas del otro extremo. La escena me desconcierta por completo.
Ambos ríen de algún comentario ocurrente que hace ese chico mientras señalan a diversas áreas del colegio, mofándose de los jugadores, del espacio, de la atmósfera, no lo sé. ¿Qué puede resultarles tan divertido?
Sacudo mis manos para liberar la tensión que me provoca todo esto y veo que el resto de mis compañeros ya empieza a calentar. Se supone que debería hacer lo mismo, así que me alejo de Kai por un instante para unirme al resto del equipo. El entrenador da un par de indicaciones, las personas siguen ocupando las gradas, y yo no termino de procesarlo todo.
—¿No se supone que deben estar en clases? —Le pregunto a Edward, desconcertado.
—Al parecer la actividad de espectadores es oficial por hoy —Señala hacia los laterales de las canchas—. Mira, hasta los profesores están aquí.
Trago saliva con dificultad. No entiendo por qué me siento de esta forma, si he jugado frente a muchas personas en el pasado. Tal vez se debe a mi nuevo puesto, que mi cerebro considera como un asunto extraordinario. Digo, ni siquiera sé lo que hace un co-líder. ¿Seré el mensajero de Edward? ¿Una especie de traductor para comunicar sus ideas? Eso es imposible, el tipo sabe expresarse en público mejor que yo.
Tendré que averiguarlo sobre la marcha.
Kai me hace una seña desde su lugar y levanta una botella de agua simple a la altura de su cabeza. Suspiro, dejo de hacer mi ejercicio de calentamiento y corro en pos de él.
—Estaré en gradas, por si me necesitas.
—¿De qué hablas? —Mi pregunta sale más brusca de lo que esperaba. Me tomó desprevenido.
—Tengo que aprovechar el tiempo —Supongo que nota cuan confundido estoy, así que decide explicarse—. Nicole está prácticamente sola ahí arriba, quiero hacerle compañía.
Eso no coincide con lo que vi hace un momento. Niego y, sin pensarlo demasiado, le arrebato la botella de las manos. Necesito que me mire y atienda a lo que digo.
—No está sola. Isabella se sentó justo al lado suyo —Hago una pausa para tomar un poco de agua y organizar mis ideas—. No hagas algo estúpido… por favor.
Kai se encoge de hombros, una sonrisa socarrona se dibuja en sus labios.
—Isabella está muy ocupada con su amigo, así que tengo el camino libre. Puede que consiga algo interesante.
No comprendo qué quiere decir con eso, pero me guardo mis preguntas. Solo sé que me provoca mucha ansiedad lo que esté planeando.
—Kai, me estoy esforzando —Lo veo directo a los ojos para que se dé cuenta de que hablo en serio—. Tal vez no signifique nada para ti, pero solo te pido que no eches a perder las cosas. No provoques que Isabella me odie.
Guarda silencio sin borrar la sonrisa. Al cabo de unos segundos, me toma del hombro como a un niño pequeño al que está a punto de explicarle algo importante.
—Me duele pensar que no me conoces lo suficiente para saber que jamás te traicionaría.
Resoplo y ruedo los ojos, irritado. No por desprecio, sino porque me cuesta entender lo que espera que diga ahora. Siempre ha sido así.