Left and Right

Capítulo 15

Soy una tonta.

¿O parezco una?

No, definitivamente lo soy.

Camino hacia la cafetería con una maraña de pensamientos en el cerebro; creo que he perdido la noción de mi entorno. Sé que estoy pasando al lado de un parque por el olor a plantas que se filtra por mi nariz. Reconozco perfecto el romero a la distancia. Tenemos un poco en el patio trasero de mi casa y mamá lo sigue cultivando todavía. Aunque aquel aroma bien podría desviar mis pensamientos, no puedo dejar de repetir la escena de la biblioteca en mi cabeza, sintiéndome cada vez más molesta.

Si tan solo mis labios hubieran pronunciado las palabras adecuadas, no estaría lamentándome de esta manera.

¿Tan difícil era aceptar que me acompañara durante el camino?

No lo sé, pero no podía ponernos en riesgo. A pesar de que ya era la hora de salida, todavía cabía la posibilidad de que las admiradoras de Noah anduvieran rondando por ahí.

Esta situación sumerge mi cabeza en un terrible caos cada día más. Vuelve complicados todos los escenarios en este plano de la realidad.

No dejo de pensar en lo que dijo Nicole aquella tarde en la cafetería. Cuando terminó el verano, el Noah Yoon del pasado quedó enterrado con todas las posibilidades que yo tenía de acercarme a él. Intenté ignorarlo desde el primer día, decidí cerrar mis ojos y mis oídos a lo que sucedía a mi alrededor porque no quería que me sobreviniera un golpe de realidad. Pero cada día que pasa, su número de admiradoras aumenta. Es evidente por la cantidad de regalos y cartas que recibe a diario, por el murmullo de las conversaciones que son sobre él y por la petición para que lo convirtieran en co-líder del equipo de básquetbol. Yo misma la firmé, para variar. No quería hacerlo al principio, pues temía delatar mis sentimientos. Pero me terminaron convenciendo las chicas de su clase de Historia.

Fue presión colectiva.

Una gran hazaña.

Al atravesar las puertas cristalinas de Félicité, oigo la campana de bienvenida sonar y veo a mi madre sentada en una de las mesas del fondo. Un mesero ya la está atendiendo, así que apresuro mis pasos para tomar la orden junto con ella.

—¿Por qué demoraste tanto? —Me pregunta después de darme un beso en la mejilla; estoy rodeando sus hombros con mis brazos.

—Me entretuve conversando con un amigo.

Amigo. Ni siquiera sé si somos amigos.

—Ese chico… ¿August?

—No, no. Otro amigo.

—Ya veo —Me da una palmadita en el brazo y luego comienza a buscar algo en el interior de su bolso—. August me parece bastante especial.

Abro los ojos con exageración por la sorpresa. Quiero tomar un poco de agua porque siento que la garganta se me seca de repente.

La escena del beso vuelve a mi cabeza sin previo aviso, enviando escalofríos a todo mi cuerpo y haciéndome recordar las mismas sensaciones de ese momento. Estaba confundida, frustrada y hasta tuve ligeras taquicardias. ¿O se me detuvo el corazón por un microsegundo, sin poder darme cuenta de ello?

Tengo vergüenza retrospectiva cada vez que lo recuerdo.

¿O es, más bien, culpa?

Mis mejillas se calientan de repente y maldigo internamente porque el mesero no aparece por ningún lado con mi bebida, y el resto del pedido, en una charola de aluminio.

✧━━━✧━━━✧

Es mediodía. Me encuentro en los comedores del colegio, esperando a que Nicole termine de servirse su ración de alimento antes de venir a sentarse conmigo.

Fiona pasa delante de mi mesa, sosteniendo su charola de comida a la altura de su pecho. Ni siquiera me da tiempo de hablarle para pedirle que se acerque, pues se aleja enseguida y dirige sus pasos a las mesas del fondo. Siento mi corazón encogerse.

Ha pasado un tiempo desde que dejó de hablarme en público, pero no la culpo. Como sigo pasando la mayoría del tiempo al lado de Nicole, y erigieron una barrera alta entre ambas, es comprensible que prefiera permanecer lejos de nosotras.

Aunque nuestra amistad comenzó el ciclo escolar pasado, no puedo evitar sentir que una parte importante de mí se va con ella. Es parte del duelo, quiero pensar, pero no es agradable. Su ausencia me pesa más de lo que imaginaba. Aunque hemos llegado a hablar fuera del colegio, y todavía responde algunos de mis mensajes, no deja de entristecerme todo esto. Ni siquiera hemos tocado el tema de nuestra discusión.

Nicole y yo tampoco. Supongo que quisimos pasarlo por alto para estar en paz y no tener que incomodarnos al traer tan delicado asunto a colación.

Suspiro mientras muevo constantemente la comida con un tenedor. Entre esta situación y los deberes de la escuela, mi cabeza quiere explotar.

Esta semana debo presentar mis últimos dos exámenes importantes por final de semestre; creo que estoy perdiendo la cordura. Y el taller de fotografía se ha vuelto más una carga que una salida a todo el estrés al que estoy sometida. Ni siquiera he tenido oportunidad de ponerme de acuerdo con Noah para hacer las pruebas de las que tanto le hablé aquel día. Pero estoy entre la espada y la pared de todas formas. Cada día menguan mi emoción y las ganas de ponerme en contacto con él.




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