Left and Right

Capítulo 17

Lo primero que hago cuando salgo de vacaciones, es marcarle a Fiona. En otras circunstancias solo habría mandado un mensaje, pero sé que llamar es lo correcto.

Necesito verla para arreglar las cosas. Aunque hemos conversado algunas veces después de nuestra pelea, definitivamente no es lo mismo. Sé que Fiona no puede pretender que nada pasó, como me es más fácil a mí en ocasiones. Siendo sincera, aplacé este momento porque no quería enfrentar la situación. Además, las actividades en la escuela me mantuvieron lo bastante ocupada como para prestarle atención a otro problema.

No quiero que sigamos distanciadas.

Tomo mi celular de la mesita de noche después de vacilar un momento, busco su número en mis contactos y aprieto el botón de llamada. El sonido del tono de espera me envía una ansiedad insoportable al pecho porque Fiona tarda en contestar. Pero finalmente lo hace.

—¿Hola? —Al otro lado de la línea su voz se oye cansada, como si acabara de despertar. Mi corazón da un vuelco y siento el impulso de colgar. Sin embargo, respiro hondo para tranquilizar mi pulso. Ella vuelve a hablar y yo me aclaro la garganta antes de responder.

—Hola, soy Isabella.

—Lo sé, te tengo registrada.

Aprieto los ojos, la vergüenza me invade. Claro que me tiene registrada. ¿En qué estaba pensando?

Por un momento me quedo en blanco, así que no digo nada. Fiona también permanece en silencio, aunque la escucho bostezar un par de veces.

—¿Qué necesitas? —inquiere luego de unos segundos.

—Quería… quería hablar contigo sobre lo que sucedió en la cafetería.

Silencio. Me intento convencer de que todavía está procesando lo que le digo, pues recién despierta. Era de esperarse, el tema sale a colación de la nada, no puedo esperar una reacción en concreto.

—Oh… —Fiona se aclara la garganta y escucho cómo se acomoda sobre su colchón.

—Siento haberte despertado —Le digo antes de obtener su respuesta porque me aterra lo que vaya a decir.

—No hay cuidado. La verdad es que también me gustaría platicar al respecto.

Una sensación de alivio me inunda el pecho y siento que puedo respirar mejor. Al menos se ha ido la presión que sentía cuando le marqué.

—¿Saldrás del pueblo por vacaciones?

—Este año no.

—Genial. Quisiera verte hoy mismo, si puedes.

—Claro —Me responde con la voz más estable, y hasta creo que una sonrisa se dibuja en sus labios. Su tono suena más amable—. ¿Quieres que vaya a tu casa?

—Pensaba invitarte un café.

—Por mí está bien —Fiona se separa un momento el teléfono para preguntarle a su mamá si puede reunirse conmigo hoy, ella contesta que sí—. ¿A qué hora nos vemos?

—Tú dime —Lo dejo en ella porque siento que toda la tensión acumulada todavía no desaparece por completo.

—¿Después de la comida?

—Me parece perfecto.

—Bien —Fiona suelta un suspiro y luego vuelve a retomar la conversación—. Siento no haber ido a tu fiesta de cumpleaños.

—Descuida, lo entiendo.

—No, en serio. Debí estar presente a pesar de todo, pero sabes que no soy buena fingiendo cuando las cosas no están bien.

Asiento con la cabeza, aunque sé que no puede verme. No quiero sacar el tema de Nicole, pero sigo pensando que fue uno de los factores que influyó en su ausencia. Tal vez comentemos algo al respecto más tarde.

—No, no tenías que estar presente a pesar de todo —Le aclaro—. Debí hablar contigo antes para que no te sintieras incómoda.

Fiona ríe por lo bajo.

—Debíamos hacer muchas cosas.

✧━━━✧━━━✧

Veo a Fiona desde el otro lado de la calle. Hay un jardín muy pequeño que nos separa, donde familias completas caminan y juegan con sus mascotas sobre el césped.

Los árboles logran cubrir parcialmente mi cuerpo, lo cual permite que el pulso se me termine de estabilizar con ayuda de respiraciones profundas. ¿Cómo le explico a mi sistema nervioso que solo estoy intentando reconciliarme con alguien y que no voy a morir?

Mi amiga espera sentada en una banca color verde, revisando su celular. Escribe algo, y comprendo que es para mí cuando llega una notificación a mi teléfono.

«Ya estoy aquí :).» Leo el mensaje y el emoji que utiliza me tranquiliza un poquito más. En la llamada sonaba amable, receptiva y hasta comprensiva. Sé que no tengo por qué temer que su actitud haya cambiado de repente, ella no suele ser así de voluble. Sus cambios de humor no son inesperados, aunque su carácter es algo complejo cuando está enojada. Pero siempre existe una razón que lo justifica, o eso creo.

Aun así, no puedo dejar de preocuparme. Es el hecho de enfrentar la situación lo que realmente me aterra, abrir la conversación e indagar aspectos delicados. Pero ¿de qué otra forma podremos resolverlo si no vamos directo a la raíz del problema?

«Estoy al otro lado de la calle, no tardo. :)» Escribo de vuelta después de unos segundos. No quiero aplazarlo más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.