—Llegamos a La Victoire el viernes.
Estoy al teléfono con Kai, sentado frente a la computadora mientras jugamos Mario Kart en simultáneo. No soy fanático de los videojuegos, pero este se ha vuelto mi más grande obsesión desde que él me lo recomendó. La primera vez que lo jugué, estábamos en su casa. La Señora Brahms nos había preparado un mix delicioso de nueces, acompañado de un zumo de mango porque estaban en una etapa de desintoxicación o algo así, y no se permitían beber nada que tuviera gas.
Por mí estaba perfecto, en realidad no me gustan mucho los refrescos.
—¿Y qué tal les fue de camino? —inquiere mientras su personaje toma la delantera. El primer lugar, en específico.
—Bien, un poco estresante porque la carretera estaba hecha un caos. Accidente tras accidente, ya sabes.
—¿Cuántos autos volcados contaste?
—Siete en total —Me estremezco al recordar las imágenes de los accidentes—. Muchísimo tráfico, pero al menos el sol no pegaba tan duro.
—Debió ser agotador.
—Sí, bastante.
Mi personaje es Mario sin ninguna razón en particular, pero lo estoy dejando en ridículo —siendo que es el protagonista de estos juegos— porque me falta mucha práctica y un control de Nintendo. El teclado no me favorece en absoluto para hacer ninguna maniobra.
—¿Y tú? ¿Qué tal van tus vacaciones? —Otro jugador suelta una trampa que hiere mi auto. Por el impacto me detengo durante un momento y el resto de participantes aprovechan para rebasarme. Ahora me encuentro en el lugar número nueve.
—Nada interesantes, a comparación de los años anteriores —Kai mantiene a Bowser en el primer puesto y comienza a reír de una manera tan desquiciada que me sorprendo. Miro el teléfono, confundido, como si él estuviera aquí—. Se supone que el pesudodirector universitario me llamaría para filmar una escena más de su estúpido cortometraje. Pero no lo ha hecho y no creo que lo haga.
Hace una maniobra con su auto antes de terminar su última vuelta. Llega a la meta sin problema y el juego culmina en ese momento. Suelto un bufido. ¿Cuánta decepción puede provocarte un videojuego?
—Desagradable —Recorro el teclado, que descansa sobre la tabla corrediza. Me gusta mucho este escritorio, es muy distinto al que tengo en casa—. Debiste firmar un contrato o algo.
—Tal vez —responde y escucho que camina. Se dirige a su cama, lo sé porque de pronto deja caer todo su peso sobre ella y el eco del golpe retumba en mi oído—. Como sea, me hubieras llevado contigo. Intuyo que permaneceré aburrido aquí. Y mientras tanto, tú conocerás chicas lindas.
—¿En serio no tienes otra cosa en qué pensar?
—Claro que sí —Hace una pausa y suelta un suspiro largo—. La sonrisa de Nicole, por ejemplo.
Cierro los ojos tratando de ahogar una risa. Sigue sin encantarme la idea de que Kai pretenda ir tras ella cada vez que se le presenta una oportunidad, pero supongo que debo de intentar vivir con ello. De todas formas, no se lo haré saber.
—Descuida, no saldré a conocer chicas lindas.
—Deberías —Escucho que se endereza sobre su colchón, completamente indignado por mi comentario—. ¿Imaginas tener un romance de invierno? ¿En la playa? ¿Tan efímero como solo un romance de invierno puede ser?
Ruedo los ojos, agradecido de que él no esté aquí para verme y mofarse de mi reacción. Realmente detesto que saque el tema otra vez. «Deberías aprovechar tu privilegio de niño bonito y buscar otras opciones». Como si las personas fuéramos un catálogo al alcance de los privilegiados.
—Es solo una sugerencia —De todas formas se echa a reír. El eco de su risa se escucha demasiado fuerte. Sabe que, a pesar de mi silencio, no me cae muy bien el comentario—. Isabella no se dará cuenta.
Sus palabras se atoran en mi pecho. Suelto un suspiro para aminorar la tensión. No quiero discutir ahora.
—En serio, ya es suficiente.
Kai continúa riendo
—Te llamo luego.
—Oye, no es para tanto. Hay mucho de dónde escoger en este mundo.
—¿O sea que Nicole es solo eso para ti? —La pregunta sale inesperadamente, pero necesito confirmarlo—. ¿Una de las tantas que hay por escoger?
—Ah… sí. Supongo. Aunque tal vez pueda convertirse en alguien especial más adelante. No estoy cerrado a la posibilidad.
Nicole me es indiferente, y tal vez suene insensible, pero mi miedo por las consecuencias que esto pueda ocasionar se hace palpable otra vez. Porque existe la probabilidad de que la culpa caiga en mí si no hago el mínimo intento por evitarlo.
Mamá me llama desde el lobby, así que me separo un momento el teléfono para responder. Al parecer, toda la familia quiere salir a dar un paseo a los alrededores. Me aclaro la garganta y vuelvo a pegarme el celular al oído.
—Solo piénsalo —aconseja antes de que yo pueda responder—. Eres un nuevo Noah, una versión mejorada. ¿Qué impide que te diviertas un rato?
—Debo irme. Mi familia quiere salir a dar un paseo.