Mi invitado especial.
Sonrío frente al estante de Historia en la biblioteca, intentando encontrar entre los títulos el libro que el profesor nos encargó buscar esta mañana.
Isabella y yo nos reunimos ya tres veces para sus prácticas. Aunque no nos vemos tan seguido como a mí me gustaría, los momentos que pasamos juntos me alegran la vida, a pesar de que lo intento negar frente a otras personas. Como mi madre y Lihn, por ejemplo.
Desde que le conté a mi hermana sobre la sesión de fotos y mamá se enteró, ninguna deja de parlotear sobre el asunto. Es vergonzoso porque no suelo hablar de las chicas que me gustan con ellas. Además, saben que no me gustan las fotografías. Detesto salir a cuadro y el destello blanco sobre mis ojos es muy incómodo.
Por esa razón, debieron intuir que mis sentimientos por Isabella son serios. Que no se trata de un gusto pasajero, si puedo explicarlo de ese modo.
Así que ahora me molestan seguido con eso. Quieren conocerla. No me lo han dicho directamente, pero mamá insinuó una vez que la casa se encuentra disponible si queremos usarla como locación.
Cuando por fin encuentro el libro, salgo de la biblioteca y me dirijo a mi casillero para dejar ahí unas cosas antes de ir al gimnasio.
—Hola, Noah —Una chica que no conozco me saluda al subir las escaleras. Como me toma desprevenido, lo único que hago es responder con una leve reverencia. Ella ríe bajito y aumenta la velocidad de sus pasos al alejarse.
Al abrir la pequeña puerta de mi locker, uno de mis compañeros del equipo de basquetbol me intercepta y le da un apretón a mi hombro para hacer notar su presencia.
—Hola, Paul —Le sonrío amablemente y vuelvo la mirada al locker—. ¿Resolviste lo de tu gato?
—Sí, por fortuna solo era un piquete de abeja. Ya se logró desinflamar su hocico, mira —Me enseña una fotografía del pequeño animalito durmiendo en un cojín. Se ve indefenso, cansado, como si todo el alboroto le hubiera drenado la energía. Hago un mohín al verlo—. Creímos que había sido un alacrán o algo parecido.
Asiento con la cabeza y comienzo a guardar los libros que no voy a utilizar en estos días.
—Es muy pequeño.
—Solo tiene dos meses —Paul por fin se descuelga la mochila y comienza a hurgar en el interior. Como se agacha para buscar, nota algo de lo que yo todavía no me percato—. ¿Te enviaron cartas otra vez?
—¿Perdón? —Lo miro de reojo y volteo a verlo mejor cuando noto los sobres decorados que sostiene en las manos. Me mira, sonriente, esperando una explicación—. No… no las había visto.
Digo la verdad, aunque suene extraño. Seguramente las dejaron entremetidas en la puerta y debieron de caerse cuando la abrí.
—¿Cuántas te llegaron esta semana? —Paul se levanta del suelo, después me entrega las cartas.
—La verdad no he estado al tanto.
—Viejo ¿cómo puedes decir eso? Ya quisiera yo traer a tantas chicas lindas detrás de mí.
Suspiro. La misma cantaleta de todos los días está cansándome. Creo que necesito volver a mi antiguo estilo.
Con urgencia.
—Yo solo quiero a una sola chica —susurro para mí mismo, sin contemplar el hecho de que Paul pudiera escucharme. Al parecer no lo hace, porque me pide que repita lo que acabo de decir—. Nada, no es algo que me tenga al pendiente, para ser sincero.
—Pero… ¿por qué? ¿No te das cuenta de que gracias a ti el equipo de básquetbol tiene más reconocimiento femenino? Eres toda una sensación.
—Supongo que sí —respondo con todo el afán de sonar sarcástico. Paul rueda los ojos y guarda algunos libros en su casillero.
—Puedes tener a la chica que quieras y actúas como si no te importara.
—Es que no me importa —afirmo volteándolo a ver. Su reacción me confirma que está indignado—. Es en serio.
—Eres muy raro, Yoon —Lo dice con tanta convicción que quiero sonreír. Pero no lo hago, ya he provocado suficientes malentendidos como para buscar uno más.
Raro. Sí. Lo he sabido toda mi vida.
De pronto, veo a Nicole acercándose a lo lejos. Viene sola, lo cual me resulta extraño y hasta cierto punto decepcionante, pues siempre está pegada a Isabella. Me parece curioso que deambule a través de los pasillos por su cuenta.
Como si creyera que necesito ser rescatado, Nicole interviene de repente en la conversación. La verdad, me produce un gran alivio, aunque no se lo pedí.
—Hola —Agita su mano en el aire, sonriente—. ¿Cómo te fue en la sesión de fotos con Isabella?
Su pregunta me toma por sorpresa, pues se trata de algo que no le he contado a nadie todavía. No es que me importe, solo que me habría gustado informarlo yo mismo.
—¿Te reuniste con Isabella para una sesión de fotos? —Paul me pregunta, los ojos abiertos de par en par y una o gesticulada en sus labios. Yo asiento con la cabeza lentamente para responder—. ¿Isabella Benoit?
—Sí, Isabella…
—Viejo, eres mi héroe —El chico atropella mis palabras, extasiado. Frunzo el ceño, confundido. Parece haberlo notado, así que decide explicarse—. Isabella Benoit. ¿Sabes cuántos chicos quieren con ella? Es una preciosidad.