Left and Right

Capítulo 23

El aula de Cultura Digital se siente lúgubre cuando pongo mi pie izquierdo adentro, sosteniendo las correas de mi mochila con fuerza. La tensión es palpable en el aire y no sé por qué razón las miradas de mis compañeros recaen al instante sobre mí.

Todas. Sin excepción.

Me detengo de golpe al notarlo y les doy los buenos días sin recibir respuesta. Es un poco extraño, pero no le doy importancia y camino con pasos lentos hacia mi asiento, que para mi sorpresa ya se encuentra ocupado por alguien.

Tardo en darme cuenta de que August está sentado al lado de Nicole, revisando un par de cosas en la tablet de mi amiga. Ambos parecen bastante concentrados en lo que aparenta ser un videojuego. Ladeo la cabeza, confundida, esperando a que se percaten de mi presencia. No sucede, aunque pasan un par de segundos y no quiero decirles nada. Si tengo que buscar otro sitio vacío, lo voy a hacer.

Miro alrededor en búsqueda de una butaca vacía y la encuentro de inmediato, pero Noah está ocupando el asiento contiguo. Rasco disimuladamente mi nuca, pensando que eso me ayudará a resolver más rápido la situación. No quiero sentarme junto a Noah, no cuando todos mis compañeros están mirándome.

Así que no tengo otra opción más que pedirle a August que regrese a su asiento habitual.

—Hola, amigos —Mi voz sale un tanto inestable, pero intento disimularlo. Al instante, August y Nicole giran para verme. Las sonrisas que tenían dibujadas en el rostro se desvanecen por completo—. Mmm… Creo que estás ocupando mi asiento.

August observa a Nicole como esperando una aclaración; sin embargo, ella mantiene la mirada hacia el frente con el semblante serio. Me siento más perdida que antes.

—Le pedí a August que se sentara conmigo a partir de hoy.

—¿Qué? Pero… —Intento hallarle una explicación lógica a esta situación.

—Podemos hablarlo después —Atropella mis palabras sin permitirme entender lo que pasa.

Bueno, esto es muy humillante.

—¿Pero en dónde voy a sentarme?

—Puedes tomar mi asiento, no tengo ningún… —August tiene la intención de pararse de la butaca, pero Nicole lo impide jalándolo del brazo y obligándolo a sentarse otra vez.

—Al lado de Noah hay un lugar vacío —Mi amiga señala hacia el otro extremo del salón y yo solo deseo esconderme debajo de una roca.

—Nicole… ¿Todo bien? ¿Qué pasa? —inquiero en un susurro.

—Hablamos después.

Alzo la cabeza al cielo como si esperara ayuda divina y suelto un gruñido de frustración antes de atravesar el salón hasta llegar al otro lado. Las miradas siguen puestas sobre mí, pero aun así decido caminar a la única butaca que me puede recibir.

Noah me sigue con la mirada durante mi trayecto, lo cual me priva de la respiración por un instante. Siento que me ruborizo, así que intento desviar mi atención hacia otro lado mientras inspiro con fuerza para liberar la tensión que siento en mi pecho. El aire que entra por las ventanas se siente reconfortante. Cierro mis ojos para sentir la brisa contra mi piel y por un momento olvido que el clima se ha vuelto insoportable últimamente.

Cuando llego a la butaca, sin decir nada en absoluto, me tumbo en el asiento y pongo mi mochila sobre la mesa para hurgar en el interior y sacar los útiles que necesito para la clase de hoy.

Trato de ignorar todo lo que sucede a mi alrededor para que los latidos de mi corazón se estabilicen. El murmullo de mis compañeros, las miradas, Nicole y su extraña actitud… Noah observándome a una distancia considerablemente corta. O, al menos, más corta de lo habitual.

Finjo que no me doy cuenta y continúo sacando mi computadora de la mochila. Debo cuidarla con mi vida si no quiero meterme en problemas con mis padres, que invirtieron en ella para que pudiera estudiar mejor.

—Hola —Noah susurra el saludo y yo me sobresalto. Sonríe de manera que siento que me voy a derretir. Este es el momento menos indicado para que me dirija la palabra.

—Hola —susurro de vuelta y decido mantenerme ocupada con los útiles. En verdad no quiero dar pie a una conversación ahora mismo.

Cuando estoy encendiendo mi laptop, el círculo de carga en la pantalla me hipnotiza. Es muy bonito, empieza a dar vueltas con un color blanco, pero poco a poco se van sumando otros de la paleta básica.

De pronto, las voces de mis compañeras detrás de mí me sacan de mi ensoñación.

—Dicen que están saliendo —Una de ellas afirma casi de manera audible, como si pretendiera que yo la escuchara. Siento una punzada embestir mi pecho—. Escuché que los vieron regresar a casa juntos varias veces; creo que son vecinos o algo así.

Por todos los cielos.

Detengo el impulso de voltear y confrontarla porque podría meterme en un problema, por eso me limito a mirar a Noah de soslayo y me doy cuenta de que al parecer no ha escuchado nada. O, al menos, pretende que no lo hizo. Así que decido imitarlo. No voy a caer en este juego.

—Y también en una heladería —Su compañera le responde—. Con Kai y la otra chica que también está en el taller de teatro.

—Entonces no es ninguna sorpresa que se hayan sentado el uno al lado del otro.




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