Left and Right

Capítulo 25

Mi corazón quiere explotar.

Y la verdad no es para menos.

Estoy sentada en los escalones del kiosco que se encuentra en el patio trasero del colegio sosteniendo mi mentón. La escena en el pasillo del karaoke se repite en mi cabeza una y otra vez, provocando que mis latidos se aceleren y mi rostro se caliente un poco. De seguro me habré ruborizado. Recuerdo que anoche soñé algo respecto a nuestra conversación y eso solo incrementó el peso de la realidad en mi cerebro.

Hundo mi cabeza entre mis manos, la sonrisa que tengo dibujada en el rostro no puede borrarse de ninguna manera y solo espero que nadie lo note para no tener que dar explicaciones.

Es decir, gracias al cielo no hay personas a mi alrededor, así que no me preocupo demasiado.

Se supone que vine para jugar un rato con la cámara, pero en realidad quería permitirme sentir la emoción que todo lo que ha sucedido me provoca sin pensar que alguien puede juzgarme. Además, es un lugar muy romántico para ser un área del colegio: al kiosco lo adornan focos pequeños de luz ámbar y flores blancas de distintos géneros rodean los barrotes de metal. Me gusta mucho porque la composición natural del espacio funciona a la perfección para retratar algunos de sus rincones.

Mi celular vibra dentro de un pequeño morral tejido que cargo conmigo; al sacarlo, veo una llamada entrante en la pantalla. Es Fiona, así que atiendo de inmediato.

—¿Lista para tu siguiente sesión de prácticas?

Sonrío al escuchar lo que me dice y niego con la cabeza. No es que lo hubiera olvidado, pero mi cerebro estuvo más concentrado en la salida de ayer que en mis responsabilidades extracurriculares. Sin embargo, esto me recuerda que debo enviarle un mensaje a Noah para confirmar nuestra reunión. Esta vez quedamos de vernos en las canchas de fútbol públicas que se encuentran frente a una casa de la cultura en el centro del pueblo.

Fiona no se ha aburrido de hacerme compañía ni de asistirme con el equipo, incluso creo que encontró un nuevo hobby con el cuál ocuparse durante sus tiempos libres. Me dijo que empezó a interesarse por el tema de la fotografía, que siguió mis consejos y se puso a practicar los pasados días con los parámetros de la cámara de su celular.

Ahora quiere clases personalizadas, así que intento enseñarle todo lo que sé mientras practico para mi proyecto final.

—Supongo que sí —Me quedo en silencio por un momento mientras observo al vacío. El recuerdo de la cercanía de Noah envía un escalofrío a través de mi espalda—. Tengo que confirmar si nos veremos hoy.

—Adelante. ¡Ya tienes una excusa extra para hablarle!

Niego con la cabeza y bajo la mirada, avergonzada. La verdad es que todo lo que ha pasado últimamente me ha dejado pensando en una serie de posibilidades que antes me parecían inalcanzables.

—¿Vendrás conmigo a la práctica? —Aunque sé de su disposición, prefiero preguntarle por si tiene algo más importante que hacer en un rato.

—No me lo perdería por nada. Es supertierno ver nacer este romance primaveral de primera mano. Además, me he vuelto cada día más hábil con la cámara.

Sonrío ante su primer comentario, pero decido ignorarlo solo porque hablar de ello me pone muy nerviosa.

—¿Lo disfrutas, uh?

—¿Tu romance primaveral o la fotografía?

—La fotografía —vocifero, como si fuera lo más obvio del mundo.

Fiona ríe por lo bajo al otro lado de la línea y hace un extraño ruido de incredulidad que pretende molestarme.

—Como sea ¿en dónde nos vemos?

—Sí quieres en mi casa. Mamá nos hará el favor de trasladarnos —Me quedo pensando un momento y no reacciono hasta que siento que alguien me quita el celular de las manos—. ¡Oye! ¡¿Cuál es tu problema?!

August me mira desde las alturas con una sonrisa reluciente. Es difícil distinguirle el rostro debido a que su cabeza cubre la luz del sol. Un par de destellos brillan a su alrededor, resaltando el color dorado de su cabello.

Tiene mi celular pegado a su oreja derecha, pero de todas formas logro escuchar a la distancia que Fiona pregunta una y otra vez si sigo en la línea.

—Temo que, en este momento, la señorita Benoit no puede atender —August menciona socarronamente mientras me observa.

—Devuélveme mi celular —Le pido de la forma más seria que puedo. No quiero que piense que le estoy siguiendo el juego—. August, por favor.

—¿August? ¿Eres tú? —Fiona inquiere, confundida. Y puedo entenderlo—. ¡Óyeme, pedazo de escoria, estaba hablando con Isabella de un tema importante!

—¿Más importante que una conversación con su mejor amigo?

—¡Por supuesto!

Ahogo una risa, pero intento recomponerme antes de que él se dé cuenta. En este momento no estoy de humor para sus bromas. Además, debería saber cuánto detesto que me quiten mis cosas de las manos.

—Está bien, está bien —El chico rubio me extiende el celular cuando nota una expresión de enfado en mi rostro, lo suficientemente convincente para terminar con su número cómico—. Esperaré mi turno, su majestad.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.