Left and Right

Capítulo 26

—Eres un campeón.

Kai toma un sorbo de su smoothie de moras a través de una pajilla. Estamos en la fiesta de inauguración del restaurante de su mamá, degustando algunos alimentos especiales para diabéticos, en una de las mesas situadas al lado del ventanal que da hacia la calle.

Me gusta mucho este lugar.

Lo había visitado varias veces, cuando todavía se encontraba en obra negra, pero definitivamente la espera y el arduo trabajo trajeron consigo una enorme recompensa.

Decidieron inspirar su estilo en los años sesenta. Es como si el tiempo se hubiera detenido en su versión más bonita.

Pintaron las paredes de un amarillo mostaza y eso permite que los objetos colocados en ellas resalten, como el letrero con el nombre del restaurante, los cuadros con fotografías retro y los discos de vinilo encima de la repisa que está detrás del recibidor. Decidieron llamarlo Sunset Club porque es un lugar que abre las veinticuatro horas del día y artistas como Elvys Presley siempre suenan en la máquina de discos.

Me encuentro tan absorto en los alrededores del establecimiento, que Kai se ve en la necesidad de repetirme lo que dijo.

—¿Eh? —inquiero cuando los pensamientos en mi mente aterrizan.

—Lograste invitarla a salir —Me señala el rostro con su pajilla—. Y ni siquiera tuve que ayudarte.

Niego con la cabeza, sonriendo.

—Eres como ese pajarito al que solo tuve que empujar para que aprendiera a volar —Hace un movimiento con las manos para ilustrar su comentario—. ¿Qué fue lo que le dijiste? «¿Deberíamos salir…?»

—«A una cita de verdad» —decimos al unísono.

—«Solo tú y yo» —Completo, sintiéndome un poco avergonzando. Estoy tallándome el ojo izquierdo para esconder la sonrisa que se me dibuja en los labios.

—¡Ugh, maestro! Leer tanto te ha servido de algo. ¿Quién diría que eres todo un romántico? —Kai me revuelve el cabello con su mano derecha y yo solo entrecierro los ojos para soportar el movimiento—. Me siento desplazado… en el mejor de los sentidos.

—Bueno, me has ayudado más de lo que deberías —Me encojo de hombros—. A veces siento que te metes de más, pero...

—Pero aun así me quieres —Las cejas le bailan, traviesas.

Yo respondo que sí y le doy unas palmadas en su hombro.

—Gracias.

Kai abre los ojos de manera gradual y sus labios se curvan, tomando forma ovalada.

—Dilo otra vez.

—¿Qué?

—O sea, esto no pasa todos los días —Saca el celular de su bolsillo y me apunta con la cámara trasera mientras hace un par de movimientos en la pantalla—. Repítelo para la posteridad.

—Oye, qué fastidioso eres. ¡Baja eso!

Intento forcejear con él para quitarle el dispositivo de las manos, cuando una voz ligera y femenina irrumpe en nuestra pelea. Ambos volteamos de golpe y encontramos a Nicole frente a nuestra mesa. La verdad es que no logré escuchar lo que dijo. Creo que Kai tampoco y Nicole se da cuenta porque lo repite.

—Lo siento —Se alisa el vestido con estampado de flores que lleva puesto mientras aclara su garganta—. Los vi a lo lejos y quise acercarme porque no conozco a nadie aquí. Me preguntaba si podría sentarme con ustedes.

Nos quedamos en silencio durante un momento, mirándola fijamente. Yo estoy frunciendo el ceño, pero Kai la observa como si fuera una especie de ángel bajado del cielo.

—Por supuesto que no nos molesta. Por favor, siéntate —Mi amigo se levanta rápido cuando reacciona y le ofrece el asiento cerca de la ventana, justo al lado de él. Ella lo acepta sin rechistar y le agradece con una amable sonrisa—. Qué… bueno verte por aquí.

—Hola, Nicole —La saludo agitando mi mano al aire, pero la mitad de mi rostro está escondida detrás de mi smoothie. Lo pedí de manzana porque el sabor no es tan fuerte.

—Hola —Imita mi movimiento antes de buscar algo en su bolso. Es liso, pero con la textura de una cartera.

—Mmm ¿ya pediste? ¿Quieres ordenar algo? —Kai le pregunta y Nicole afirma con la cabeza, sonriente. Al instante, mi amigo hace una seña al mesero más cercano para que traiga una carta extra—. Por cierto, corre por cuenta de la casa.

Es irónico lo que sucede ahora. Ambos podrían jubilarse ahora mismo sin siquiera haber conseguido su primer empleo.

—Oh, no —Nicole niega con ayuda de sus manos—. No pienso aprovecharme.

—No te estarías aprovechando.

—Claro que sí.

—No si soy yo quien te invita.

Nicole lo mira por un momento, confundida, y parpadea un par de veces antes de aclarase la garganta. Después, noto que su mirada se torna escéptica, como si creyera que Kai representa alguna especie de peligro.

—Gracias… pero me encanta apoyar negocios nuevos. Creo que tu madre hizo un excelente trabajo aquí y es bueno reconocerlo.

Mi amigo permanece en silencio por un momento, observándola. Supongo que trata de descifrar si habla en serio. Yo aparto la mirada porque me parece una escena muy incómoda de presenciar, como cuando eres el mal tercio o algo similar.




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