«¿Tienes algo que hacer por la tarde?»
Boto el celular encima de mi cama y me cubro el rostro con mi almohada para ahogar un grito de frustración. No he abierto el mensaje desde ayer, aunque las ganas de responderle a August me carcomen por dentro. No quiero que piense que soy una mala persona, pero me cuesta entender por qué no puede aceptar que las cosas entre nosotros no van a suceder jamás.
Me quedo considerando un par de minutos la idea de decirle la verdad, que Noah y yo tendremos una cita; sin embargo, mi cerebro no logra enviar las señales suficientes a mi cuerpo para que reaccione. Tengo miedo de que esto se vuelva incontrolable y tampoco me entusiasma el hecho de enfrentarlo otra vez.
Si no lo comprendió antes ¿qué me asegura que ahora sea diferente?
«Me lo habrías dicho si fuera verdad. ¿O me equivoco?» La voz de August resuena en mis oídos mientras dirijo mis pasos hacia el baño del pasillo. Es mi mejor amigo, pero no sé qué tanta confianza puedo tenerle cuando sé que sus intenciones conmigo van más allá de la amistad. Si le digo que me gusta Noah, rompería el corazón del chico que me ha acompañado durante una gran parte de mi vida.
Mi reflejo aparece en el espejo cuando levanto la cabeza después de echarme agua en el rostro. Pensar en August también me lleva a recordar las palabras de Nicole a través del teléfono.
«Y sobre tu cita… Espero que no tengas problemas con eso cuando volvamos a clases».
¿Por qué salir con el chico de tus sueños podría significar algún problema?
Bueno, a veces olvido que Noah dejó de ser el ente invisible al que solo ubicaban por ser la sombra de Kai. Ahora es el chico de los sueños de otras tantas chicas más. Y, la verdad, no quiero tener ningún problema con ellas.
—Pero él te eligió a ti —Fiona menciona al otro lado de la línea. Decidí llamarle porque mis pensamientos ya me comenzaban a ocasionar náuseas—. Solo piensa en eso cuando estés en tu cita. Fuiste tú quien le despertó el interés suficiente para dar el siguiente paso. Y tienes que recordar que sus sentimientos no son recientes.
—Además, no es la clase de chico que prueba suerte con quien sea que se le cruce enfrente.
—¡Exacto! Tú misma lo viste rechazar a una de nuestras compañeras aquella vez —Mi mente viaja al día en que quise abordarlo en el estacionamiento, cuando tenía intenciones de tomar la iniciativa y hablarle formalmente por primera vez—. Olvídate de todas esas falsas consecuencias, al menos por hoy, y solo disfrútalo. Esos escenarios catastróficos que te formas en tu cabeza no existen. No aún. Y quizá nunca sucedan.
Suelto un suspiro largo que en realidad sirve para liberar la tensión acumulada en cada parte de mi cuerpo. Sé que hice esta llamada en primer lugar para tranquilizar mi mente, dejar ir la maraña de pensamientos que solo intentan sabotearme, pero no dejo de suplicar que ningún conocido se cruce en nuestro camino durante la cita. Porque, aunque sé que Fiona tiene razón, un extraño presentimiento en mi pecho no me deja tranquila, mi intuición me pide que me aleje de esta situación para que las consecuencias inexistentes no me alcancen.
Fiona parece notar que estoy atrapada otra vez en mis pensamientos, así que decide sacarme de ahí.
—¿Por qué no encendemos la cámara y te ayudo a elegir tu outfit?
—¿En serio?
—¡Claro! —exclama con entusiasmo—. No soy tan buena como Kai en esto de la moda, pero trataré de que te veas decente.
Llevo el celular a mi cuarto y lo pongo sobre el tocador ubicado frente al armario de madera color chocolate. Cuando nos cercioramos de que estoy a cuadro, le enseño algunas prendas de ropa que considero podrían funcionar para el día de hoy. Primero descuelgo un vestido verde de tirantes con estampado de flores rosas, pero Fiona me dice que se ve demasiado veraniego.
Luego le muestro algo más formal, el vestido que utilicé para la boda de uno de mis primos que vive en la ciudad de las estrellas. Mamá me lo compró en una boutique del centro. Es guinda con decoración de piedras preciosas en el pecho y en los olanes inferiores. Sin embargo, Fiona dice que le parece demasiado para una primera cita. La verdad es que no sé a dónde vamos a ir y me estoy arrepintiendo de no haber averiguado antes el plan de Noah.
Al final nos decidimos por unos jeans de mezclilla de largo hasta las pantorrillas. No se ve tan formal, pero cumple perfectamente con el cometido de darme una imagen decente. Arriba me pongo una blusa negra de tejido acanalado bastante cómoda y fresca. Es de manga larga, con un escote barco que descansa en el borde de mis hombros, dejando ver parcialmente mis clavículas.
Estoy indecisa con el calzado, pero Fiona dice que es preferible la comodidad a la elegancia, lo cual tiene todo el sentido del mundo y ha sido mi lema toda la vida. De todas formas, no tengo zapatos formales, los últimos que tuve los eché a perder en la boda de mi primo por competir en una carrera con algunos de sus amigos. Así que optamos por unos botines negros estilo militar.
—No sé qué hacer con mi cabello —confieso cuando me siento frente al tocador.
Fiona ahora se encuentra recostada sobre su sillón y tiene un control remoto en la mano; lo está manipulando, intentando elegir algo para ver en la pantalla de su sala.