Legado de Luz y Sombra

Capitulo 0: El nacimiento del universo

Hace muchos eones, antes de que el mundo tuviera nombre, no existía nada. Ni estrellas que brillaran en la oscuridad eterna. Ni luz que rompieran el velo del vacío. Ni tiempo que marcara el paso de los segundos. Solo un silencio absoluto, profundo e infinito. Entonces... Algo se movió. No fue un dios con forma conocida, ni un titán surgido de la nada, fue un solo gesto. Un impulso. Un susurro que nadie escuchó y que, sin embargo, lo cambió todo. De ese movimiento nació el universo enteró: estrellas ardientes, galaxias girando como espirales de fuego, nebulosas que pintaban el negro con colores imposibles. Entre todos esos cuerpos celestes, uno en particular llamó la atención del cosmos. Un planeta azul y verde, joven y furioso. Sus océanos aún hervían, sus montañas apenas se alzaban de la corteza ardiente, y sus cielos se rasgaban de las tormentas eternas. Pero en su interior latía algo especial: la semilla de la vida. Y la vida llegó.... De la forma más salvaje posible. Las primeras criaturas no fueron delicadas ni hermosas. Eran monstruos titánicos, bestias nacidas de la ira de la tierra primigenia. Colosos de escamas negras como la obsidiana, bestias con colmillos del tamaño de árboles, leviatanes que surcaban los mares de lava. Luchando sin descanso. Cazaban y eran cazados. Devoraban y eran devorados. Si rugido hacía temblar las cordilleras y su sangre teñia los ríos de un rojo ancestral. Durante milenios, la tierra siguió cambiando. Los continentes se movían como piezas de un rompecabezas gigante. Los volcanes escupían fuego al cielo y los glaciares avanzaban como ejércitos silenciosos. Con cada cataclismo nacían nuevas criaturas. Algunas eran más rápidas, otras más astutas. Unas desarrollaron caparazones impenetrables, otras alas que cortaban el viento, pero las más temibles... Fueron aquellas que despertaron la magia. De sus cuerpos brotaban llamas que no quemaban solo carne, sino el alma misma. Otros controlaban las sombras, fundiéndose con la noche para acechar a sus presas. Algunos hablaban con las tormentas o hacían brotar la vida de la tierra yerma. Eran seres de poder abrumador, casi divinos. Sin embargo, no todos pudieron adaptarse. Los primeros colosos, aquellos que reinaron al principio, fueron demasiado grandes, demasiado furiosos, demasiado aferrados a su forma original. Cuando el mundo se volvió más frío, más ordenado, más complejo... Muchos desaparecieron. Sus huesos se convirtieron en montañas. Sus rugidos se perdieron en el viento. Solo quedaron ecos en las leyendas que aún no habían sido contadas. Pero algunos sobrevivieron. Y entré esos supervivientes, los que dominaban la magia se volvieron legendarios. Criaturas que caminaban entre luz y sombra, entre creación y destrucción. Guardianes y destructores. Ancestros de de todo lo que vendría después. Nadie sabe aún si ese primer movimiento fue casual... O si alguien, o algo, lo planeó. Lo único cierto es que el mundo nació de la lucha. Y que esa lucha nunca ha terminado.



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En el texto hay: magia accion aventura fantasia

Editado: 23.09.2026

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