Empezaba de la misma manera casi todas las noches desde que cumplí 19, la misma pesadilla se repetía como un bucle interminable del que nunca podía salir. Siempre aparecía en el mismo sitio, con la misma ropa manchada de sangre, tierra y ceniza con todo a mi alrededor destruido, mis hermanos y hermanas casi sin vida en el suelo y varias personas más en la misma condición.
Enfrente de mí, varios dioses me observaban sin hacer caso a mis suplicas de ayuda y luego estaba aquella voz; la que me recordaba la historia de aquellos que debían protegernos, de cómo todo este mundo había sido creado donde. Se dice que los dioses al igual que el destino son tan caprichosos como las orquídeas de sangre, que florecen solo cuando el invierno es más cruel.
Al inicio de los tiempos todo seguía un orden y un ciclo estricto, sin retrasos ni equivocaciones, pero al destino le encanta que las cosas tengan cambios de un momento a otro; por ello en un descuido de todos aquellos que reprimían su poder y lo mantenían controlado creo a un ser que cambiaría la historia para siempre.
En donde algunos la llamaban monstruo, otros la llamaban Dios, pero nosotros…aquellos que conocíamos de antemano lo que era y lo que representaba para este frágil mundo lo llamábamos Caos, un caos tan fuerte que de no ser por un sacrificio hecho por las primeras generaciones de reyes de todo el continente estaría reducido a polvo. Era todo lo que me repetía una y otra vez siempre la misma voz, a veces en un susurro otras como un grito desesperado y algunas mas como una conversación casual, como si yo no estuviera a punto de morir.
Y luego…la nada misma se me presentaba como una corriente de aire tan fuerte que me asfixiaba.
En ese momento como ahora, despertaba agitada con la boca seca y sintiendo que todo a mi alrededor se desvanecía—¡AYUDA! —logre gritar con el último vestigio de voz que conservaba y no tardó mucho en que escuchara pasos apresurados acercarse a mi puerta.
—Violett ya estoy aquí, necesito que empieces a respirar despacio por favor—logre ver a mi hermana Naisha entrar por la puerta casi tumbándola en el proceso y pesar de que la escuchaba no lograba calmar mi respiración, había vivido tantas veces el mismo momento, pero aun así no me acostumbraba. No fue hasta que sentí el cálido abrazo de mi hermana que puede empezar a respirar con normalidad poco a poco.
—Respira pequeña, ya estoy aquí, nada te pasara mientras estes aquí con nosotros— su voz sonaba más preocupada que las otras noches. Cada que esto pasaba solía llamar a alguno de mis hermanos, casi siempre solían venir Cassian o Roswen ellos siempre solían estar despiertos hasta altas horas de la noche.
—T-te-tengo mucho miedo, siempre es l-la misma pesadilla y solo no puedo cambiar nada haga lo que haga— trataba de no llorar, pero me era imposible, estaba harta de no poder dormir por culpa de esa estúpida pesadilla.
—Lo sé cariño, lo sé, a nosotros nos pasaba lo mismo a tu edad, pero luego de algunos meses las pesadillas empiezan a parar de a poco—
—Pues ya paso casi medio año desde mi cumpleaños y nunca puedo dormir bien, solo quiero que esto se acabe Isha, ya no lo soporto—
—Tranquila, voy a quedarme a dormir aquí contigo y estaré despierta hasta que te quedes dormida de nuevo. ¿Eso te parece bien?— eso me aliviaba demasiado, no quería quedarme sola otra vez.
—Si, eso sería lindo… Por favor no te vayas cuando me duerma—
—No te preocupes cariño, voy a estar aquí toda la noche–
No estoy segura de cuantos minutos pasaron o si fueron horas, lo único que tengo claro fue que cuando Isha empezó a acariciar mi cabello y empezar a tararear aquella melodía suabe que mama siempre nos cantaba cuando éramos niños al fin logre quedarme dormida.
NAISHA
Pasaron unos cuantos minutos hasta que pude hacer que Vivi se durmiera con un poco de ayuda de mi magia para asegurarme que pudiera dormir al menos lo que restaba de la noche, necesitaba hablar con mis hermanos de esto.
Los llamé a través de los anillos que compartíamos estos eran de mucha ayuda y eran una de las cuantas reliquias que se nos habían dado como regalo de cumpleaños a cada uno de nosotros no sin antes asegurarme que el mensaje no llegara al anillo de Violett para reunirnos en el estudio que compartíamos los cinco. Tras verificar que estuviera profundamente dormida y arroparla bien salí sigilosamente de la habitación no sin antes tropezar con uno de los zapatos de Vivi–(Acaso esta niña no sabe lo que es el orden o que)– pensé para mi misma antes de taparme la boca para evitar gritar por golpearme el pie en uno de los muebles del pasillo.
Camine por un par de minutos antes de llegar al estudio donde estaban ya todos reunidos y como siempre Aron con cara de pocos amigos por interrumpir sus ocho horas de sueño.
—Se puede saber que es tan importante para hacerme salir de mi cama a estas horas de la noche—
—Oye tranquilo que si Isha nos llamó debió ser por algo importante… Pero si no es el caso juro que voy a entrar a tu habitación y quemar toda tu ropa, Isha— la amenaza de Ros sonaba muy real y tenía cierta razón, últimamente ella no tenía mucho tiempo para dormir.
—Es por Violett— hable mientras cerraba la puerta detrás de mí y de inmediato sentí como todos se ponían tensos— Despertó de nuevo gritando, pero esta vez fue diferente—
—¿Qué quieres decir con “diferente”, acaso paso algo más?— la voz de Cassian sonaba mucho mas preocupada que las otras veces que hablamos sobre esto.
—Pues ella siempre despierta así, pero esta vez estaba mas desesperada y mas asustada que lo normal por decirlo de alguna forma, no lo sé, mis hechizos ya no están surtiendo el mismo efecto en ella como lo hacían antes.—
—Eso es imposible— Aron se notaba demasiado descolocado ante mi afirmación y casi parecía que estaba a punto de reír. —Tus hechizos de sueño nunca fallar y creo que todos en esta habitación estamos de acuerdo en eso— todos a excepción de mi empezaron a asentir.