(Torre de Lyfor)
Hay cuatro pilares que sostienen toda historia.
Cuatro secretos que solo un escritor lleva en la piel:
la creatividad que arde sin permiso,
la pasión que no sabe callar,
los sentimientos que duelen al ser nombrados,
y es al instante, en ese momento breve donde todo cobra sentido.
Un escritor no cae del cielo ni escribe a lo prefecto.
Nace de lo más bajo, en el suspiro que todos hemos tenido
y fingimos olvidar.
No busca el tiempo; lo arrebata.
Escribe entre un latido y otro, inspirado por lo que ve,
por lo que siente, incluso por lo que se atreve a decir en voz baja.
Y cuando su mano se mueve, no copia el mundo: lo cuenta o expresa.
Habrá errores, habrá palabras que duelan, habrá noches donde la tinta pese.
Pero de cada falla nace algo más significativo.
“Me llamo Leiyas”.
Soy el protagonista de una historia mal contada, con tinta y cicatrices.
Basta con que leas mi pasado para pensar que estoy maldito.
Pero si te quedas, conocerás cómo todo pasó…
de la luz a la sombra, de lo bien a lo que no tiene reparo.