Lia y Érick Capitulo 1: Una coincidencia deliciosa
La tarde seguía soleada, y el restaurante Golden Bite estaba lleno de ruido, niños, pedidos acumulados y olor a papas recién salidas de la freidora.
Lía, a pesar de todo, mantenía esa calma y amabilidad que la distinguía. Sonreía, atendía, entregaba pedidos... y seguía.
Cuando Erik llegó a la caja, aún no la había visto. Ni siquiera levantó la mirada.
-Buenas tardes -dijo ella, con su voz suave-. ¿Qué te gustaría pedir?
Él levantó la vista y por un segundo se quedó sorprendido. No por su apariencia, sino por su forma de hablar: tan educada, tan tranquila... tan diferente a lo que esperaba en un día que había sido un desastre.
Hizo su pedido como pudo, Lía tecleó todo con precisión y le entregó la bebida.
Mientras tanto, él solo pensaba:
"Qué raro... se siente bien que alguien sea amable conmigo."
Cuando finalmente el pedido quedó listo, Lía lo llamó:
-Orden 57. Aquí tienes -dijo, entregándole la bandeja con la misma sonrisa suave.
Erik tomó la bandeja.
Y ahí fue cuando pasó.
-Oye... -dijo él, antes de pensarlo demasiado-. ¿Podría... invitarte a salir algún día?
Lía parpadeó, sorprendida.
-¿A mí? -preguntó, sin perder la educación.
-Sí... o sea -tragó saliva-. No quiero molestarte. Solo... fuiste muy amable. Y pensé que... tal vez... podríamos, no sé, tomar un café. Si quieres.
Por un segundo, Lía pareció quedarse sin palabras.
No por incomodidad... sino porque no esperaba que un cliente la invitara a salir así, tan de repente.
Entonces sonrió.
No una sonrisa profesional, sino una natural, pequeña y sincera.
-Gracias por la invitación -respondió-. No puedo darte una respuesta mientras estoy trabajando... pero... si regresas otro día, podemos hablar.
Erik se quedó congelado.
¿Eso había sido un "tal vez sí"?
-Entonces regresaré -dijo él, con una determinación que lo sorprendió hasta a él mismo.
Y Lía, antes de volver a atender al siguiente cliente, añadió:
-Espero que lo hagas.
Erik salió de Golden Bite con la bandeja temblando un poco.
No sabía si era hambre... o nervios.
Pero sí sabía algo:
Volvería.
Una y otra vez.