Lía y Eríck una coincidencia deliciosa

Lía y Eríck una coincidencia deliciosa capitulo 2

Lia y Érick Capítulo 2: El chico del pedido 57

Erik no pensaba volver tan pronto.

De verdad, no pensaba.
O al menos eso se repetía a sí mismo mientras caminaba nuevamente hacia Golden Bite al día siguiente, con la excusa más barata del mundo: “Tengo hambre otra vez.”

Pero la verdad era otra.
Quería verla.
Quería escuchar esa voz amable de nuevo, aunque fuera solo para decirle “tu total es…” o “que tengas una bonita tarde”.

Cuando abrió la puerta del local, casi se arrepiente.
Había mucha gente.
Había ruido.
Había fila.

Y, sobre todo…
había nervios.

“¿Y si no se acuerda de mí? ¿Y si piensa que soy raro por volver tan rápido? ¿Y si…?”

Sus pensamientos se detuvieron cuando la vio.

Lía estaba otra vez en el mostrador, acomodándose el cabello detrás de la oreja mientras atendía a una familia numerosa.
Se movía con rapidez, pero con esa delicadeza que él ya recordaba demasiado bien.

Cuando por fin llegó su turno, ella levantó la vista.

—Hola de nuevo —dijo Lía, reconociéndolo al instante.

Erik sintió que algo dentro de él hizo cortocircuito.

—¿Me recuerdas? —preguntó, intentando sonar casual.

—Claro —respondió ella con una sonrisa ligera—. No muchos clientes me invitan a salir mientras les entrego su orden.

Erik se atragantó con su propia saliva.
Maravilloso.
Literalmente lo había dicho en voz alta.

Lía soltó una risa suave.

—¿Te gustaría pedir lo mismo que ayer? —preguntó, intentando ayudarlo a disimular su vergüenza.

—Sí… digo, no… digo, lo que tú recomiendes —dijo él, repitiendo la escena del día anterior.

—Muy bien —dijo ella, tomando su pedido con una pequeña sonrisa divertida—. Entonces será mi recomendación secreta.

Mientras Lía registraba el pedido, Erik se quedó observándola de forma discreta. Había algo en ella… algo que no era obvio, pero que se sentía cálido.

Y Lía, aunque no lo demostraba del todo, también lo observaba de reojo.

“Regresó.”
“Se acordó.”
“Y sigue siendo igual de torpe.”

Cuando su comida estuvo lista, Lía se acercó al mostrador y, esta vez, no usó su sonrisa profesional. Era una más suave, más sincera.

—Aquí tienes, Erik.

Él la miró, sorprendido.

—Recordaste mi nombre…

—Lo dijiste ayer —respondió ella—. Y no se me olvidan las cosas importantes.

Erik sintió que el estómago se le apretaba.
Ya no sabía si era hambre… o algo más.

—Sobre lo de… salir —dijo él, con la voz algo temblorosa—. No quiero presionarte. Solo… si en algún momento quieres hablar conmigo, estaría feliz de intentarlo.

Lía bajó la mirada por un segundo, algo sonrojada.

—Vuelve mañana —dijo finalmente—. Quizá podamos conversar un poco más.

Él asintió como si acabara de recibir la mejor noticia del mundo.

Y mientras se alejaba con su bandeja, Lía lo siguió con la mirada, sorprendida de sí misma.

“¿Por qué… espero que regrese?”

La tarde continuó como siempre.
Los pedidos, el ruido, las bandejas, la rutina.

Pero para ambos, algo había cambiado.




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