Lía y Eríck una coincidencia deliciosa

Lía y Eríck una coincidencia deliciosa capitulo 8

Lía y Eríck una coincidencia deliciosa Capítulo 8: Qué Ponerse
Lía despertó con el sonido suave de su alarma.

Por un segundo no recordó por qué estaba tan nerviosa… hasta que abrió los ojos por completo.

Hoy.

Suspiró y se sentó en la cama, dejando que el sueño se le fuera poco a poco. Se levantó, acomodó su cama como cada mañana y fue directo a la cocina.

Preparó algo sencillo para desayunar: pan tostado y café. Comió despacio, intentando convencerse de que era un día normal.

Pero no lo era.

Después de desayunar, se dio una ducha más larga de lo habitual. Dejó que el agua caliente cayera sobre su cabello mientras pensaba demasiado en todo: en Erik, en la cita, en si estaba lista o no.

Al salir, se miró al espejo.

—Tranquila —se dijo—. Es solo salir… nada más.

Fue entonces cuando llegó el verdadero problema.

El clóset.

Sacó una blusa.
La volvió a guardar.
Sacó un vestido.
“Demasiado”.
Un pantalón.
“Muy simple”.

Se sentó en la cama rodeada de ropa, frustrada.

—¿Por qué es tan difícil vestirse cuando importa? —murmuró.

Justo en ese momento, su celular vibró.

Marta llamando.

—Gracias —susurró Lía, como si fuera una señal divina.

—¡Dime que ya estás lista! —dijo Marta apenas contestó.

—No —respondió Lía—. No sé qué ponerme. Nada me convence.
Marta soltó una risa.

—A ver, respira. ¿Quieres verte bonita o tú misma?

—Las dos… —admitió.

—Entonces ponte algo sencillo. Nada exagerado.

A él le gusta Lía, no una versión producida de revista.

Lía miró la ropa otra vez y, siguiendo el consejo, eligió algo simple pero bonito. Cuando se lo puso, volvió al espejo.

Esta vez… sonrió.

—Gracias —dijo—. De verdad.

—Luego me cuentas TODO —respondió Marta—. Y suerte.

Colgó justo cuando escuchó un sonido afuera.

Un coche deteniéndose.

Lía caminó hasta la ventana y miró hacia abajo.
Era Erik, apoyado en la puerta de su auto, mirando hacia el edificio con una mezcla de nervios y emoción.

El corazón le dio un salto.

Tomó su bolso, respiró hondo una última vez y salió de casa.

Cuando Erík la vio, sonrió como si el mundo se hubiera acomodado en su lugar.

—Hola —dijo él.
—Hola —respondió ella.

Y así, con un simple saludo…
comenzó algo que ninguno de los dos esperaba.




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