En África no abunda el maná y las naciones más desarrolladas en materia de cazadores y mazmorras suelen utilizar naciones débiles en el continente para extraer importantes cantidades de cristales con mucha energía mágica.
Niamey es la capital de Níger, un país africano muy pobre y gobernado por un gobierno militar que decidió hacer que los cazadores del país trabajasen para ellos. Aquellos cazadores que se niegan a trabajar para el gobierno, son cazados y asesinados sin piedad, así como también las personas relacionadas con ellos como amigos, familiares, gremios y conexiones.
En un centro de migraciones terrestres, un grupo de soldados y cazadores corren por un pasillo. A medida que avanzan se van uniendo cada vez más personal militar como si algo realmente grande estuviera ocurriendo.
El aglomeramiento de las personas, en un espacio tan pequeño que se da afuera de una habitación con ventana que permite ver desde afuera pero adentro solo parece un espejo, deja algo en claro y es que alguien está retenido y sin duda que es muy famoso en todo el mundo.
Un hombre de imponente presencia y cabello blanco está sentado frente al agente de migraciones y coronel del ejército, Issa Boyon. El inquietante visitante está esposado y mantenido sobre la silla con grilletes en los pies.
—Exiliado de su país, rechazado por su gente. Te quedaste sin gremio, sin fama, poder y sin dinero. Ahora vienes aquí mendigando trabajo, sabiendo que nuestros cazadores son apenas entre rango E y D. Cielos, inclusive te negaron la visa para ir a países de primer mundo y ahora vagas tu y los tuyos en países muy pobres. Vaya que no tienes vergüenza. Dime, ¿escuchas por las noches millones de voces que callaste en un segundo? ¿Cómo te sientes respecto a eso? —indaga Issa mientras anota sobre una libreta gestos, movimientos corporales y cualquier respuesta que dé.
—No importa cuán arrepentido esté. Ahora solo soy alguien que busca redimirse — responde cabizbajo el hombre.
—Entonces, William Scott, palabras interesantes de alguien que durante años ha estado mofándose de los menos poderosos y ricos. ¿Sabes? Me tienta a rechazar tu petición, pero deseo ver cómo te humillas a ti mismo al trabajar en mazmorras débiles por un puñado de monedas que ni valor tienen fuera de este país. El orgullo de cazador lo es todo y ciertamente debes estar muerto en vida. ¡Ja, pero que mierda! — se levanta y con un violento golpea contra la mesa, sella la petición y se lo arroja en la cara — petición aceptada. Bienvenido a Níger, el segundo país más pobre de África, después de Somalia — dice, burlándose en la cara de William.
—Te lo agradezco mucho. —exclama William.
Dos soldados entran y le quitan las esposas y los grilletes, aunque saben que no sirve de nada frente a un ex cazador que en su momento era le punta de la lanza para la humanidad y el cazador más poderoso de la historia, antes de ser vencido brutalmente por un argentino hace ya un mes atrás. Se burlan de él entre pequeñas risas. Él no toma importancia, así que sale del edificio donde se reúne con tres de sus más cercanos aliados, subordinados y amigos, Morgan, Jerry y Jeff:
—¿Estás bien? —se acerca Morgan con gran preocupación.
—Si, tranquila. Solo me hicieron unas preguntas de seguridad. Me otorgaron el permiso. —responde William. Su tranquilidad calma a los demás.
—Esas son buenas noticias. —dice Jeff.
William asienta con la cabeza en silencio.
Jerry es, quizás, el miembro más reciente del grupo o de lo que queda del gremio y usualmente se muestra con una impronta de rudeza propia de los maoríes. Al haber nacido en Hawaii, su cultura lo hace propenso a ser muy agresivo contra los que supone, merecen padecer su ira y profundo amor a los suyos, sean familia, amigos, conocidos o aliados.
El hombre de ligera estatura menor a Jeff, pero muy corpulento, se encuentra sentado sobre una de las escaleras del edificio con brazos cruzados y mirada fija hacia los escasos autos que pasan, de marcas irreconocibles y también viejos.
William se acerca a él y golpea con el dedo su hombro para llamar su atención:
—¿Todo bien, Jerry? —pregunta William.
—¿Huh? Ah, sí. Solo veo al tráfico. —responde Jerry con cierta ironía.
—Jajaja, claro. —sonríe William.
—¿A dónde vamos ahora? —pregunta Jeff.
—Busquemos un hotel hasta mañana. —dice William. —Luego buscaremos esa aldea.
—A las afueras de Diffa. —exclama Morgan.
—Según me informaron camino hacia Niger, ese lugar viene sufriendo muchos ataques de parte de grupos paramilitares. —dice William. Nota que hay movimientos sospechosos de personas a su alrededor.
Los demás también lo notan, así que se quedan callados y miran de reojo a cada persona pasando cerca.
—Lo mejor es que sigamos esto en un lugar seguro. —dice Jeff.
—Busquemos un hotel. —sentencia William.
Por la noche, en un hotel llamado “Penicau Hotel”, los cuatro se quedan en la misma habitación. No importa en lo absoluto que Morgan, siendo la única mujer, se cambie frente a los demás, la confianza sobra.
Jeff recoge de un costado el mapa de Diffa que robó del departamento administrativo de inmigración. Lo extiende y los cuatro observan el contorno que está marcado con color rojo.
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Editado: 01.06.2026