Limit Breaker volumen 7: La cacería final

Capítulo 4: Steindra, el dragón dorado

Bautista se queda tendido en el suelo estupefacto pues la criatura frente a él detuvo el ataque de Doromak sin problemas, salvándolo de una muerte segura.

La criatura es de aspecto dragonoide con ciertas características tanto monstruosas como humanas. Su físico es musculoso y tonificado cubierto por escamas de color amarillo, una larga cola con púas y cabeza de dragón con una expresión solemne. A diferencia de Doromak, no tiene alas y presenta una actitud menos tosca.

Sin embargo, es evidente que su poder mágico es masivo y al mismo nivel que Doromak y se nota que no se llevan bien porque al momento en que cruzan miradas, el dragón carmesí lanza un poderoso puñetazo al rostro de la criatura que lo envía violentamente varias decenas de metros hacia unas casas precarias. En el camino, evita golpear a Bautista arqueando la cola y golpear el suelo y pasando sobre la cabeza del cazador y así impactar varias casas causando grandes destrozos:

—Que estúpido eres…Steindra. —exclama Doromak tras haberlo golpeado.

—Debiste prestar más atención, sabes. —dice Steindra por detrás del dragón carmesí.

Doromak se da media vuelta, pero en cuanto lo mira es golpeado salvajemente en el rostro y luego al estómago. Lo toma de la cabeza y salta con la rodilla en dirección al rostro para darle otro golpazo brutal. Todo ante la vista de Bautista. Steindra dirige su atención hacia Bautista mientras sigue con el castigo físico:

—Vete al refugio. Esta pelea no te incumbe ni siquiera como espectador. Anda, vete. —dice con calma.

—C-Claro. —responde Bautista sin hacer ninguna preguntar. Se pone de pie y corre de regreso.

—¡Ah no, no lo harás! —exclama Doromak y aletea sus alas y extiende sus garras para alcanzar al chico. Sin embargo, es obligado a retroceder cuando Steindra se pone en el camino. —¿Qué crees que hacer?

—¿Tu qué crees?

—Pensé que estabas de nuestro lado. —dice decepcionado y furioso.

—¿Sí? ¿Cuándo?

—¡No juegues conmigo basura!

Al decir eso, Doromak agita sus alas para impulsarse con violencia. Toma a Steindra a la altura de la cadera con ambos brazos y lo lleva hacia las alturas llegando a ascender a más de 5km. Se eleva tanto que es casi imposible que pueda vencerlo sin un par de alas. Detrás de ese manojo de violencia, ira y odio, Doromak es un guerrero con gran destreza y análisis de batalla. Sabe que hasta el momento los ataques físicos de Steindra son muy fuertes, pero hay algo más que ha olvidado.

Steindra no se deja intimidar así que sonríe y retrocede su cabeza y luego le golpea en medio de la cara a Doromak. Esto ocurre varias veces hasta que pierde fuerza y ambos caen al suelo:

—Eres un desgraciado infeliz. —exclama Doromak cuando Steindra se aferra al dragón carmesí. —¡¿Qué crees que haces?!

—Simplemente evito morir solo. —responde.

—¡¿Es una maldita broma?! ¡¿acaso eres idiota?!

—Puede que sí.

—¡Agh, maldita sea!

No le queda de otra más que extender sus alas y hacer que los dos terminen cayendo sobre el techo de un edificio todos sus pisos hasta impactar contra el suelo y generando una pequeña lluvia de escombros y polvo.

Ambos salen despedidos con la fuerza de sus piernas. Una vez logran estabilizarse en el suelo chocan sus puños con una fuerza monstruosa. Es tan grande el impacto que se forma una onda expansiva. Escombros, polvo, tierra y vidrio, así como distintos objetos salen volando.

Doromak usa un combo para atacarlo que consiste en dos puñetazos seguidos dirigidos hacia el rostro, luego uno desde abajo y finalmente usa la cola con la que finalmente asesta de lleno en el rostro.

Cuando desequilibra a Steindra lo toma por detrás de la cabeza y avienta contra el suelo hundiéndole el rostro sobre el pavimento y agrieta la zona del impacto:

—No debiste regresar maldito demente. —reniega Doromak.

—Haber regresado o no ¿tiene importancia ahora? —pregunta Steindra. Acomoda su cabeza al moverla a un lado y mira a Doromak. No se ve temor, ni culpa, ni ningún otro sentimiento. Le da asco pensar que ese dragonoide fue capaz de igualarlo y hasta superarlo en algún punto.

—¿Qué?

—Tal parece que dejarme ir no fue algo al azar. Seguramente lo sabes.

—No entiendo lo que dices.

—A lo que me refiero es que todo tiene un porque, y tengo que saberlo.

—¡Jajaja! ¡¿acaso perdiste la cabeza?! ¡eres un traidor! ¡¿ahora pretendes saber el porqué de una decisión que tomó el emperador?!

—Si, eso quiero saberlo.

—Maldito infeliz demente.

—No tengo porque ocultarlo. —responde Steindra.

Mientras tanto, la cola del dragón amarillo enrolla sutilmente la pierna de Doromak sin entrar en contacto. La conversación se torna cada vez más agresiva por parte del dragón carmesí con cada pregunta, cada palabra que sale de la boca de Steindra.

Doromak presiona la cabeza contra el suelo con mayor fuerza. Sin embargo, el dragón ni se inmuta. Sigue mirando desafiante al poderoso destructivo.




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