Limonada y Galletas

Primer Cuento: Limonada y Galletas

 

Ese día, Cami tenía muchas ganas de tomar limonada.

Sabía que había limones, pero no tenía muy claro si quedaba azúcar, así que primero debía revisar. Dirigiéndose a la cocina habló con voz fuerte para preguntar a su hermano mayor.

 —Luis ¿Hay azúcar?

Ya había llegado a la cocina y estaba rebuscando en los cajones, cuando una voz masculina le contesto desde algún otro lugar de la casa.

 —¿Para qué quieres azúcar? Mamá dijo que no te la terminaras.

A Cami le pareció que la voz de Luís venia de la sala, así que se asomó desde la cocina para poder hablar con él.

 —Quiero hacer limonada, y sí, ya lo sé- Ella notó que él se estaba poniendo los zapatos de goma y había sacado su pelota de futbol, entonces le preguntó- ¿Vas a salir?

 —Sí, voy a jugar con mis amigos. Si haces la limonada limpia todo después, no quiero que mamá se moleste cuando llegue.

Mientras él hablaba, Cami se dio la vuelta y se dirigió al cuarto de almacenamiento al fondo de la casa. No quedaba mucha azúcar en la cocina, pero debía haber un poco más guardada. Al llegar a su destino Cami todavía se dio la vuelta para gritar. — ¡Si quieres limonada ven y ayúdame a encontrar el azúcar!

Desde el otro lado de la casa una voz algo malhumorada le contesto. — ¿Y si no hay azúcar? ¿Para qué te voy a ayudar?

Cami ya se había metido entre las cajas dentro de la habitación, rebuscando entre los paquetes de arroz y lentejas. Sin levantar la cabeza ella contesto. —La abuela me dio galletas, si me ayudas compartiré aunque no haga limonada ¡Si no, me las como todas yo sola!

Entre el polvo y el cartón escuchó claramente a su hermano rebuscando del otro lado, detrás de ella. Ella estaba revisando la parte de abajo del armario; a veces su mamá escondía el azúcar, otras veces simplemente no se fijaba donde lo ponía y era difícil encontrarlo.

Pero no hizo falta que buscaran demasiado, pronto escuchó una exclamación detrás de ella. — ¡Aquí esta!

Luís no debía tener ganas de ayudar más con la limonada, porque antes de que Cami saliera del armario, vio por el rabillo del ojo que el contrario se ponía de pie y se iba.

No obstante, allí estaba el azúcar; todavía en una bolsa de compras junto con algo de pasta y un paquete de harina de trigo.

Cami recogió su objetivo y de nuevo volvió a recorrer toda la casa en dirección a la cocina, mientras caminaba llamó de nuevo. — ¿Hay alguien ahí o te fuiste a jugar futbol? ¿Quieres galletas de vainilla o de chocolate?

Cami había dicho que la abuela le dio las galletas, solo no menciono que desde el principio se suponía que debía darle un paquete a su hermano.

 —Quiero de vainilla.

La voz sonó justo cuando Cami estaba pasando por el cuarto de su hermano, y le pareció verlo sentado en la computadora. ¡Seguramente no se iría hasta que tuviera la merienda!

Ella siguió con lo suyo muy contenta; había conseguido quedarse con las galletas de chocolates, sus preferidas. Eso la puso de tan buen humor que comenzó a tararear una canción que últimamente ponían mucho en la radio, que casi la oía en cada autobús y cada tienda cuando iba por la calle.

En una parte de la canción ella se calló porque no se acordaba del resto, pero en eso la voz de Luis llegó con la pieza faltante. Cami se rio porque lo había cantado con una voz extraña, haciendo que casi se manchara la ropa mientras exprimía los limones.

Terminó de hacer suficiente limonada para dos personas y sirvió los dos vasos, dejando el de su hermano junto con las galletas sobre la mesa de la cocina.

Tomando su parte, esta vez Cami se dirigió a la sala para ver la televisión. — ¡Ahí está el tuyo! — avisó mientras tomaba asiento en el sillón.

Ella podía escuchar a su hermano en la cocina mientras cambiaba los canales en la televisión.

 —Ella se enfadará si ve esto.

 —¿“Esto” qué?

 —¡Los limones!

Ante la advertencia de su hermano, Cami simplemente agitó la mano en el aire, ella limpiaría antes de su mamá llegara ¡Pero luego de terminar su merienda!



Ginette M.

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En el texto hay: fantasmas, cuentos, fantasmas ilusiones

Editado: 30.06.2019

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