Nicole
Gracie se queda.
No siempre, no todo el turno, pero lo suficiente como para que su presencia deje de ser circunstancial. A veces es solo un par de minutos extra en la habitación de Lucas; otras, una conversación breve en el pasillo mientras el mundo sigue avanzando sin nosotros. Con el tiempo, empiezo a reconocer el sonido de sus pasos incluso antes de verla entrar.
Lucas la adora.
—Si no fueras enfermera, podrías ser mi hermana mayor —le dice una tarde, mientras ella ajusta el monitor.
—No gracias —responde ella—. Con uno como tú me basta.
Yo sonrío desde la silla, agradecida. Verlo reír sigue siendo un regalo.
Cuando Lucas se queda dormido, Gracie y yo compartimos el silencio. Ya no es incómodo. Es de esos silencios que se sostienen solos.
—No te has ido a casa —dice finalmente—. ¿Cuánto llevas aquí hoy?
—Desde temprano.
—Eso no es una respuesta.
—Desde que salió el sol —admito.
Me observa con esa mirada que no juzga, pero tampoco se distrae.
—Tienes que comer —dice—. O al menos fingir que lo haces.
Me levanto y la sigo hasta la cafetería. Pedimos lo de siempre. Nos sentamos juntas, frente a frente. Por primera vez, noto las ojeras bajo sus ojos.
—¿También duermes poco? —pregunto.
—Aquí nadie duerme bien —responde—. Solo aprendemos a funcionar cansados.
Jugueteo con el vaso entre mis manos.
—El doctor me dio un plazo —digo, sin rodeos.
Gracie no se sobresalta.
—Lo imaginé.
—Meses —continúo—. Tal vez menos.
Aprieta los labios, pero no dice nada.
—Estoy cerca —añado—. Del dinero. Pero no lo suficiente.
Asiente despacio, como si estuviera acomodando algo en su mente.
—Nicole —dice al fin—, ¿confías en mí?
La pregunta me toma por sorpresa y más porque me llamó por mi nombre y no por mi apodo, lo cual me pone un poco nerviosa.
—Sí —respondo—. Mucho.
Suspira, como si hubiera estado conteniendo el aire.
—Mi tía trabaja como ama de llaves —empieza—. Desde hace años. En una mansión.
Levanto la mirada, intrigada.
—¿Y?
—Para un CEO —continúa—. Uno importante. Muy reservado.
No digo nada. La dejo seguir.
—Hace unos días le comenté lo de Lucas —dice—. No detalles. Solo… que estabas pasando por algo difícil.
—Gracie…
—Escucha —me interrumpe con suavidad—. No hice nada sin pensar antes.
Asiento, aunque el corazón me late más rápido.
—Resulta que ese hombre busca a alguien que cuide a sus hijos —explica—. No quería niñeras desconocidas, pero él no tiene opción.
—¿Y…? —pregunto, con cautela.
—Están buscando a alguien temporal —dice—. Un par de semanas. Tiempo completo y fines de semana libres.
Empiezo a entender.
—Mi tía habló de ti —continúa—. De cómo cuidas a Lucas. De cómo te quedas incluso cuando no deberías. De cómo… no te rindes.
Trago saliva.
—¿Y qué tiene que ver eso con…?
—La paga es muy alta, Nikkie —dice, mirándome directo a los ojos—. Ridículamente alta. Porque no es solo cuidar niños. Es discreción. Confianza.
Mi mente empieza a calcular incluso antes de que termine la frase.
—¿Cuánto tiempo? —pregunto.
—Dos meses. Tal vez tres.
—¿Y el dinero?
Gracie menciona la cifra en voz baja.
Siento que el aire se me va de los pulmones.
—Eso… —empiezo— eso cubriría lo que me falta.
—Lo sé —dice—. Por eso te lo digo.
—¿Quién es él? —pregunto.
Gracie duda un segundo.
—Es reservado —repite—. No es alguien fácil. Pero no es cruel. Solo… distante.
Me recuesto en la silla.
—Nunca he sido niñera —digo.
—Has sido hermana —responde—. Eso cuenta más de lo que crees.
Guardamos silencio.
—No quiere entrevistas largas —añade—. Solo una reunión. Si no le convences, no pasa nada.
Miro mis manos. Pienso en Lucas. En el quirófano. En los meses que no tenemos.
—¿Cuándo sería? —pregunto.
—Pasado mañana.
Asiento despacio.
—Dile a tu tía que aceptaré la reunión.
Gracie sonríe apenas. No con alegría. Con alivio.
—Gracias por confiar en mí.
—Gracias por no rendirte conmigo —respondo.
Cuando vuelvo a la habitación, Lucas duerme. Me siento a su lado y le acomodo la manta.
Esta vez, cuando aprieto su mano, no siento solo miedo.
Por primera vez desde que el reloj empezó a correr en nuestra contra, hay una salida clara.
Y aunque no sé quién es ese hombre ni qué tipo de mundo habita, sé algo con certeza:
Si cuidar a dos niños durante unas semanas puede darle a mi hermano una vida entera, entonces no hay duda posible.
#5938 en Novela romántica
#1402 en Novela contemporánea
romance, traicion amor, traicion embarazo venganza redencion
Editado: 11.02.2026