Lo Que El Dinero No Compro

CAPÍTULO 14

Nicole

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!

No recuerdo cómo llegué a mi habitación, solo sé que cerré la puerta y me quedé apoyada contra ella.

Me llevo la mano al brazo y todavía puedo sentir dónde me tocó.

No fue un gesto casual.
No fue un roce accidental.

Fue firme. Decidido.

Como si hubiera olvidado por un segundo quién soy yo… y quién es él.

Camino hasta el espejo.

Mi reflejo me devuelve la imagen de una mujer con las mejillas encendidas y la respiración todavía irregular. Me veo distinta, como si algo se hubiera corrido apenas de su eje.

Siempre supe que Daniel era atractivo.

Eso no era ningún secreto.

Alto y seguro. Esa forma contenida de moverse como si midiera cada gesto. La mandíbula marcada. La mirada oscura que rara vez deja ver algo más que control.

Un crush. Nada más.

Una fantasía inofensiva que una se permite cuando sabe que jamás ocurrirá nada porque yo no estoy aquí para eso.

No vine a esta casa a perder la cabeza por un hombre que ni siquiera me pertenece.

Vine por el dinero.

Por la operación de Lucas.

Por cada examen médico, cada medicamento, cada consulta que se acumula como una cuenta imposible de pagar.

Eso es lo real.

Eso es lo importante.

Cassie me lo advirtió.

“Daniel te mira distinto.” Y yo me reí.

Dije que él no estaba interesado en mí. Que él no mezcla trabajo con nada. Que yo no soy su tipo. Que mi cabeza no está disponible para romances improvisados.

Y ahora…

Ahora recuerdo su mirada en la cocina.

No fue fría.

No fue distante.

Fue cruda.

Directa.

Su respiración contra la mía no fue un error.

La forma en que su cuerpo se acercó no fue casual.

Y lo peor de todo…

Yo no me aparté.

Eso es lo que más me descoloca.

No grité.
No lo empujé.
No huí.

Me quedé.

Porque por un segundo —solo uno— quise saber cómo sería.

Cierro los ojos.

Y la memoria me traiciona.

El calor.
La tensión.
La manera en que el aire parecía haberse vuelto espeso entre nosotros.

Nunca imaginé estar en una situación así con mi jefe.

Nunca imaginé que él perdería el control de esa manera.

Y nunca imaginé que yo también lo haría.

Me abrazo a mí misma, intentando ordenar mis pensamientos.

Esto lo complica todo porque si Daniel cruza esa línea, ya no soy solo la niñera que trabaja horas extras para pagar una cirugía.

Me convierto en algo más y eso pone en riesgo el equilibrio.

Si esto termina mal no solo pierdo un trabajo, pierdo la oportunidad de ayudar a Lucas.

Camino hasta el balcón.

La tormenta ya se está disipando. El mar sigue moviéndose como si nada hubiera pasado.

Pienso en su “gracias por venir” de esa tarde.

Pienso en su mano en mi brazo.

Pienso en lo cerca que estuvimos.

Y algo dentro de mí se desacomoda.

No estoy aquí para jugar a los enamorados.

No estoy aquí para convertirme en la distracción de un hombre herido.

Estoy aquí por una razón concreta.

Pero si Daniel vuelve a mirarme así…

No estoy tan segura de poder seguir hasta el final de este contrato.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.