Daniel
Observar siempre ha sido más fácil que participar.
Desde la terraza, con los brazos apoyados en la baranda de madera aún tibia por el sol de la mañana, puedo ver toda la escena: la playa extendiéndose frente a la casa, el brillo del mar, y a Nicole con los niños.
Liam corre alrededor de algo que han construido en la arena. Ethan intenta corregirlo. Nicole está arrodillada entre los dos, las manos llenas de arena, riéndose de algo que Liam acaba de decir.
No debería quedarme mirando tanto, pero lo hago.
Hay algo en la forma en que se mueve con ellos que no encaja con lo que sé de la gente. No intenta impresionar, no busca aprobación, no exagera gestos, simplemente está ahí como si ese momento fuera lo único importante y eso, maldita sea, es raro.
—Estás mirando demasiado.
La voz de Cassie aparece a mi lado como si siempre hubiera estado ahí.
No me giro de inmediato.
—Estoy vigilando a mis hijos.
—Claro —dice, apoyándose en la baranda—. Y yo soy la reina de Inglaterra.
La ignoro, pero sé que no se irá.
Cassie siempre ha tenido esa habilidad de entrar en mis silencios sin pedir permiso.
—¿Qué pasó en la cocina esta mañana? —pregunta finalmente.
Ahora sí la miro.
—Nada.
Levanta una ceja.
—Daniel.
Hay pocas personas en el mundo capaces de decir mi nombre así, con ese tono que mezcla paciencia y desafío.
Ella es la única.
Sigo mirando hacia la playa.
Nicole acaba de mojarse los pies y Liam está gritando como si el océano fuera el mayor descubrimiento de la humanidad.
—Noté algo —continúa Cassie—. Tú no dejabas de mirarla. Y ella… salió disparada con los niños como si acabara de encontrar la salida de emergencia.
No respondo.
—Y conozco esa mirada —añade, más suave—. No es la que usas cuando analizas a alguien.
Hago un gesto seco.
—Estás imaginando cosas.
Cassie suspira.
—Llevo toda mi vida aprendiendo a leerte, Daniel. No me insultes.
El viento mueve su cabello. Durante un segundo se queda en silencio mirando también hacia la playa.
—Me agrada —dice de repente—. Aparte es muy bonita.
Frunzo el ceño.
—¿Qué?
—A Nicole, los niños la adoran y tú… —me lanza una mirada de lado— no puedes dejar de observarla.
Aprieto la mandíbula.
—No empieces —tiene razón, Nicole es una mujer preciosa. Tiene una belleza con un toque de misterio que te seduce y tienta a seguirla. La miro y puedo notar como el viento menea sus cabellos castaños. Si, es hermosa.
—No estoy empezando nada. Solo digo que…
Se detiene y su tono cambia apenas.
—Yo te quiero, Daniel.
La frase me toma desprevenido, aunque no debería.
Cassie siempre ha sido así: directa cuando se trata de sentimientos.
—Aunque hayamos estado separados años —continúa—. Aunque nuestros padres fueran un desastre. Aunque los abuelos me mandaran al otro lado del mundo como si yo fuera equipaje.
Su voz no suena amarga. Eso siempre me ha sorprendido.
—Nunca te guardé rencor.
Miro el horizonte.
—Pues deberías.
—Tal vez —dice con una pequeña sonrisa—. Pero no lo hice —se encoge de hombros—. Porque al menos uno de nosotros merece un final feliz.
Su mirada se desvía hacia la playa, luego vuelve a mí.
—Y claramente no voy a ser yo.
Hay un segundo de silencio.
No sé qué responder a eso.
Cassie se ríe apenas, sin humor.
—Mi matrimonio es un desastre y lo sabes. Sigo con un hombre que me engaña cada vez que tiene oportunidad y aun así no lo dejo —la miro—. Patético ¿no?
—No eres patética.
Ella asiente, como si agradeciera que no la juzgue luego vuelve al tema que realmente le interesa.
—Ahora dime qué pasó.
Exhalo lentamente.
Durante años he construido una versión de mí que no explica nada a nadie, que no se justifica, que no confiesa, pero Cassie es la excepción.
Siempre lo ha sido.
Miro otra vez hacia la playa.
Nicole está ayudando a Liam a saltar una ola. Él se aferra a su mano con total confianza y algo en mi pecho se tensa.
—Anoche durante la tormenta —empiezo.
Cassie no dice nada.
—El generador tardó en arrancar.
Siento la mirada de mi hermana fija en mí.
—Estábamos en la cocina.
Me paso la mano por la nuca, molesto conmigo mismo por lo que estoy a punto de decir.
—Demasiado cerca.
Cassie sonríe apenas.
—Sigue.
—Casi la beso.
El silencio que sigue es corto pero denso.
—Vaya —dice finalmente.
No hay burla en su voz, solo interés.
—La tuve cerca, tan cerca —añado—. Si no fuera por el grito de Liam buscándome...
Cassie me observa como si estuviera mirando algo raro.
—Nunca te había visto así.
—Así cómo.
—Confundido.
No respondo porque tiene razón.
Apoyo las manos en la baranda.
—Desde el día de la entrevista —digo— supe que había algo extraño en ella.
Cassie inclina la cabeza.
—¿Extraño?
—Peligroso.
Mis ojos vuelven a Nicole sin que lo decida.
—Esa mirada. Como si siempre estuviera calculando algo, como si escondiera una historia que no quiere contar.
Cassie sonríe.
—Y eso te gustó.
Aprieto la mandíbula.
—Me atrajo.
—Es lo mismo.
—No.
Pero incluso mientras lo niego, sé que no es verdad.
—Todo en ella gritaba que debía mantener distancia —continúo—. Pero cada vez que entraba en una habitación mi atención iba directo a ella.
Cassie se cruza de brazos, claramente fascinada.
—Daniel Cooper, atraído por el peligro.
—No es gracioso.
—Un poco sí.
La ignoro.
—Y anoche… —miro hacia el mar— cuando estuvo tan cerca…
Me detengo un segundo ya que no suelo decir estas cosas.
—Sentí algo que no sentía desde hace años.
Cassie no interrumpe.
—No era solo deseo —añado—. Era peor.
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Editado: 07.03.2026